Lina Álvarez: «Tener a mi hija a los 62 años es lo mejor que me ha pasado en la vida»

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Óscar Cela

Tiene 68 años y su hija pequeña, Linita, aún no ha cumplido los 6. Antes, esta lucense tuvo a los 52 años a Samuel, y a su primer hijo, Exiquito, a los 34: «Me pincharon la bolsa y nació con parálisis cerebral, eso me truncó, marcó mi maternidad»

11 may 2022 . Actualizado a las 14:17 h.

Lina Álvarez sí que rompe moldes. Esta gallega ha cumplido los 68 años y tiene una hija, Linita, de casi 6, que es el motor de su vida. «Es una niña dulce, cariñosa, que siempre está bailando y cantando, es la luz de mi familia, lo mejor que me ha podido pasar», me cuenta orgullosa después de haber enfrentado muchos años de lucha hasta conseguir su embarazo. Lina decidió tener a su hija a esa edad, los 62, después de que un revés la golpeara con dureza a los 34. «Estaba en la flor de la vida, me quedé embarazada de mi primer hijo; yo era médica, mi pareja era arquitecto, y todo nos sonreía, sin embargo, en la amniocentesis me pincharon la bolsa y mi hijo Exiquito nació con un 85% de parálisis cerebral». Este hecho trastocó todo el futuro de Lina, que ejercía como médica en distintas zonas de Lugo, y tuvo que ver cómo su mundo se derrumbaba. «Me quedé sin pareja, sola, y entré en una espiral de abogados, porque inicié una lucha —en la que todavía estoy— para hacer justicia y desenmascarar a la clase médica, a todos los que me ocultaron que habían hecho una mala praxis en la amniocentesis», relata con la angustia de quien no ha superado esa situación. «Esa maternidad me cambió de arriba abajo, modificó mi existencia, y a partir de ese momento me convertí en otra persona», dice Lina, que asegura que solo las madres con hijos paralíticos cerebrales pueden entender a lo que se refiere.

Lina se quedó sola, su pareja y padre de Exiquito no aguantó la situación —según sus palabras— y, durante 16 años, ella se dedicó a su cuidado sin ayuda. Puso distintas denuncias a los médicos, se endeudó, y esto la abocó a que le embargaran el sueldo. «Fue terrible, yo no tenía con quién dejar a mi hijo y me ponían guardias nocturnas en la montaña de Lugo, tenía que meter a mi hijo en el coche, a un niño con parálisis cerebral... —se emociona al recordarlo—. No tenía ayuda de nadie, sé que mucha gente no me va a entender, pero fue una maternidad muy traumática que, sin embargo, con el paso del tiempo me empoderó».

NUEVE AÑOS MENOPÁUSICA

Con 52 años, y después de llevar 9 menopáusica, Lina vio una posibilidad de embarazo a través de una fecundación. Se había quedado con la espinita de tener otro hijo y decidió que era el momento de intentarlo. «No tenía pareja y no me importaba en absoluto ser madre sola, pero me había quedado dentro esa cosa de tener otro hijo, así que me fui a una doctora a Santiago, inicié todo el proceso, y con 52 años me transfirieron un embrión de donante. Llevé un embarazo buenísimo y así tuve a Samuel, mi segundo hijo, que ahora tiene 16 años. «Fue un bebé sanísimo, un niño inteligentísimo, que me dio un subidón de energía y mucho fuelle para sobrellevar la atención de mi hijo mayor». «Samuel me ayudó muchísimo —continúa—, me sentí mucho más tranquila y, aunque seguía con el sueldo embargado y estaba sola, porque en cuanto conocía a un hombre y sabía cuál era mi situación, todos escapaban como cobayas, me sentía realizada».