Ousman Umar, el niño que llegó en patera y hoy da conferencias: «El que conseguía mear para beber su orina era el más afortunado»

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MARCOS MÍGUEZ

Salió de Ghana a los 9 años, atravesó el Sáhara a pie engañado por la mafia y llegó a los 16 a Fuerteventura. En Barcelona encontró una familia y hoy tiene dos carreras

12 may 2022 . Actualizado a las 15:48 h.

Hay historias que te remueven, otras que te arañan, que te abren los ojos y otras que sencillamente te cambian la vida. La de Ousman Umar (Fiaso, Ghana, 1988) es de estas últimas, porque la vida no es la misma (o no debería serlo) una vez que se conoce lo que él y personas como él sufren para llegar a Europa, la tierra prometida que para los migrantes es un sueño que se hace mil pedazos cuando ponen un pie en nuestro territorio. Por eso es imprescindible, como me cuenta Ousman, entender qué les pasa a «todos esos negritos» cuando llegan aquí. Él acaba de escribir Desde el país de los blancos, su segundo libro después de Viaje al país de los blancos, porque quiere resaltar precisamente ese problema. «Nosotros quedamos reducidos a titulares que dicen: ‘Ha llegado una patera', ‘Se han ahogado tantas personas', ‘Se han encontrado x cadáveres', pero nada más. Y yo lo que quiero es explicar que el mar es solo la punta del iceberg, porque la verdadera tragedia está debajo, en tierra. Por eso relato en el libro qué les sucede, una vez que pisan el país de los blancos, a todas esas personas: ¿dónde están?».

Ousman puede contarlo ahora, porque lo que él padeció es toda una epopeya, que resulta difícil resumir en una conversación. Pero él la inicia, con una sonrisa de oreja a oreja, vestido impecablemente con un traje azul marino y unas zapatillas de colores, justo antes de dar en la sede de Netex, en A Coruña, una charla sobre motivación.

«Ni en el desierto del Sáhara me sentí tan solo como en las calles de Barcelona»

Él, mejor que nadie, la ejemplifica: salió a los 9 años de su aldea, Fiaso, en Ghana, y llegó a Fuerteventura con 16 en una patera. Pero no fue hasta mucho después, en Barcelona, donde encontró su destino: una familia y la posibilidad de realizar sus estudios. «En seis años pasé de ser analfabeto a tener dos carreras», apunta, para expresar que hasta ese momento todo lo que vivió fue un infierno. «Ni en el desierto del Sáhara me sentí tan solo como los primeros meses en las calles de Barcelona, sobrevivir en la selva de cemento es más difícil que en la selva tropical. En el Sáhara al menos tenía cinco compañeros, en Barcelona hablaba con la gente y nadie me miraba, nadie me respondía a mis saludos, la gente se asustaba». «Y yo decía: ‘¿Por qué se asustan si no llevo armas?'. Por eso no hablo de racismo, no me gusta, es solo miedo a lo desconocido, miedo al pobre y, sobre todo, una profunda ignorancia».