Calviño pasa de «la inflación no llegará al 10 %» a «vienen meses complejos»
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El Gobierno rebaja su optimismo y advierte sobre un otoño complicado
06 jul 2022 . Actualizado a las 11:37 h.El Gobierno ha comenzado a rebajar su optimismo sobre la marcha de la economía a partir de este otoño. Los indicadores llevan unas semanas apuntando a unos meses muy complicados. Y el lunes fue el propio Ejecutivo el que comenzó a dar la voz de alarma. La encargada de hacerlo fue la vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, quien puso sobre la mesa un aviso a navegantes: vienen tiempos duros. Explicaba Calviño que los próximos trimestres «van a ser complejos». ¿La razón? Básicamente la escalada de los precios. Porque el Gobierno es consciente de que España no va a poder escapar a un escenario de inflación «más persistente y elevada» de lo previsto.
El análisis de los datos macroeconómicos ya empieza a poner negro sobre blanco las consecuencias que tendrá para la economía patria el conflicto bélico. Pero no solo de Ucrania vive el IPC. La inflación —que según el dato adelantado del INE se situó en junio en el 10,2 %— lleva sufriendo todo este 2022 las consecuencias de la crisis de suministros o del repunte de consumo tras dos años de parón a causa de la pandemia.
Lo que el Gobierno no se esperaba es que todo este terremoto económico se alargara en el calendario y acabara dando al traste con todas las previsiones que manejaba para este 2022. De hecho, la propia Calviño aseguraba en una entrevista en este diario el pasado 12 de junio (hace menos de un mes) que la inflación había tocado techo en marzo (cuando se situó en el 9,8 %) y que esperaba que a partir de ahí las cosas empezaran a mejorar. Eso sí, añadía que no se descartaban algunos repuntes en los próximos meses. El problema es que ese repunte ha sido más que un repunte, pulverizando el registro de marzo y sobrepasando el listón de los dos dígitos. Treinta y siete años hacía que no se veía un dato tan abultado.
Al arranque de junio, Calviño se mostraba confiada en que la inflación empezaría a remitir en el segundo semestre y un mes antes nada parecía hacerle presagiar las turbulencias que se avecinaban. Porque allá por abril, en una entrevista en la radio, la vicepresidenta decía estar segura de que el IPC no llegaría nunca a superar el 10 %, un pronóstico que basaba en el descenso que por entonces estaban experimentando los precios de la energía. Volvió a errar el tiro. No ha sido la única. En febrero, la presidenta del Banco Central Europeo (BCE) descartaba que el Viejo Continente pudiera entrar en una espiral inflacionista y aseguraba que, si bien el riesgo a corto plazo era muy marcado, «a medio plazo» el alza de los precios tenía muchos visos de estabilizarse. De hecho, ante este sentir en el regulador, la propia Calviño aseguraba por aquel entonces que le «sorprendería mucho» que el consejo de gobierno del BCE prefiriera una subida de los tipos de interés. A la vista está que también este escenario ha cambiado. Tras anunciar una primera subida de tipos en junio y una segunda en septiembre, la propia Lagarde sentenciaba hace unos días que el banco central llegará tan lejos como sea necesario para frenar la inflación.
España paga por la deuda a seis meses por primera vez desde el 2015
Con la inflación desbocada —superior al 10 % en España hasta junio y sobre el 8 % en la zona euro, según Eurostat— al Banco Central Europeo no le ha quedado otra que mover ficha y anunciar la primera subida de tipos en 11 años. Y los inversores, claro, han comenzado a exigir más intereses a países como España para prestarles dinero. Ayer mismo, el Tesoro tuvo que pagar un 0,13 % por colocar 1.149 millones en letras a seis meses. No lo hacía desde el 2015. Estaba financiándose a tipos negativos. Cobrando por ello.
Con todo, la vicepresidenta económica mantiene que España está preparada para hacer frente al nuevo ciclo de subidas de los tipos. Al menos en lo que se refiere a la búsqueda de financiación en el mercado. En este sentido, ayer recordó que solo el 15 % de la cartera de deuda del Estado está expuesto al giro de la política monetaria, al tener que refinanciarse este año. En una comparecencia tras el Consejo de Ministros, defendió la estrategia prudente que el Tesoro ha llevado a cabo en los últimos años de tipos ultralaxos para tener una buena base con la que enfrentarse al mayor coste de financiación esperado. Algo que podría perjudicar la senda de reducción de déficit prevista al tener que destinar mayores recursos al pago de intereses. No lo ve así Calviño, quien asegura que «pese a la incertidumbre actual, el impacto de la guerra y la inflación, las disrupciones en las cadenas de suministro, etcétera, lo cierto es que la economía española mantiene un fuerte crecimiento y lo estamos aprovechando para seguir progresando en la consolidación fiscal». El Gobierno prevé que la deuda caerá por debajo del 110 % del PIB en el 2025, y el déficit se situará por debajo del 3 %.