El efecto de la invasión de Ucrania pasa factura ya a la ciudadanía rusa

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Una tienda rusa de Ikea, que ha reducido de forma drástica su actividad en Rusia
Una tienda rusa de Ikea, que ha reducido de forma drástica su actividad en Rusia MAXIM SHIPENKOV | EFE

Nuevas medidas delatan una economía de guerra encubierta en Rusia

08 jul 2022 . Actualizado a las 09:59 h.

«Estuve toda la noche intentando aprovechar la liquidación final de Ikea antes de su cierre, pero la web estaba colapsada», describe Marina A. desde Moscú, una situación que se viene repitiendo ante la salida de más y más multinacionales. «Las calles y cafeterías siguen igual, pero en los supermercados todo cuesta el doble y la gente apenas compra tecnología o ropa, y apenas podemos viajar», explica esta doctora.

Hasta aquí se diría que, en mayor o menor medida, todos sufrimos la inflación. La cuestión es si en el caso de Rusia esto se debe a una deriva recesionista global, a la concentración de recursos hacia la guerra o a las sanciones impuestas por Occidente. Cada factor pone un poco de su parte. Mientras el Kremlin puede justificarse aludiendo a la crisis energética europea, el nivel de vida de sus ciudadanos no solo disminuye por la inflación y el éxodo de multinacionales, sino también por recortes presupuestarios, restricciones locales de divisas y, en última instancia, por las sanciones occidentales.

Estos efectos deben evaluarse a corto y largo plazo. Pero basta con echar un vistazo a las medidas de Moscú para entender la urgencia de reconfigurar su economía. Por ejemplo, esta semana la Duma estatal introdujo una ley que obliga a las industrias a fabricar equipamiento militar en caso de ser necesario y exige horas extra a sus empleados. Un ejemplo de economía de guerra encubierta que también se refleja en los presupuestos públicos: hasta el 2025, el Ministerio de Finanzas pretende recortar en 1,6 billones de rublos el gasto en programas estatales, lo que afectará a casi todas las partidas, pero sobre todo al desarrollo de transportes, de ciencia y de innovación. Su objetivo es compensar la balanza de pagos.

Divisas y microcréditos

El descenso del nivel de vida y la incapacidad de planificar a largo plazo se delatan en un notable aumento de solicitudes de microcréditos. Algunos expertos también atribuyen este endeudamiento rápido a las restricciones monetarias impuestas por el Banco Central, que impiden a los ciudadanos disponer de sus depósitos en divisas.

Fue precisamente la directora del Banco Central, Elvira Nabiullina, quien a finales de abril hizo la primera advertencia seria, al asegurar que las reservas rusas no durarían para siempre. Hacía referencia a los 640.000 millones de dólares bloqueados por Occidente, así como a la imposibilidad de adquirir importaciones esenciales para el funcionamiento del país, claves en muchos sectores. Algunos de estos efectos ya se perciben, pues el Ministerio de Transporte anuncia con optimismo que podría salvar hasta el 70 % de los aviones comerciales «canibalizando» el 30 % restante; es decir, utilizando sus piezas como los recambios que productores como Boeing o Airbus ya no envían. Algo similar ocurre en la industria automovilística, retratada con el lanzamiento del nuevo Lada Granta, sin airbag, sin ABS, sin control de estabilidad ni pretensores de los cinturones de seguridad. «Es ruso y así ya sobrevivíamos en la época soviética», se consuelan algunos.

Tanto en la industria automovilística como en la tecnológica, Moscú también se resiente de la falta del apoyo que esperaba obtener de China, cuyas compañías se retiran poco a poco ante el temor de sanciones colaterales. Por no hablar de servicios claves para los negocios rusos como Microsoft o Cisco.

El bienestar de los rusos está marcado por un fuerte aumento de precios y su aislamiento internacional, pero el sector productivo trasluce una situación macroeconómica mucho más grave a largo plazo. Así, ni siquiera las perspectivas oficiales son buenas: se espera que este año la economía caiga en un 10 %. En mayo, la inflación anual superó el 17 % y las ventas de coches se desplomaron un 83,5 %. Oficialmente, el Gobierno estima una caída del 7,8 % del PIB, pero el Instituto de Finanzas Internacionales eleva la previsión hasta el 30 %.

De hecho, el presidente de Sberbank, el principal banco ruso, advirtió que podrían hacer falta diez años para recuperar los niveles económicos previos a la invasión, si bien afirmó que sus expectativas de cara al verano eran mucho peores.

Esta situación ya se refleja en dos tercios de las regiones rusas, que incurren en recesión. Como resultado, el índice de actividad económica regional se desplomó casi 20 puntos porcentuales en un mes, un máximo desde el 2020.

La caída del nivel de vida, el aislamiento y la paulatina transformación en un régimen totalitario conducen a muchos rusos a la emigración, con el consiguiente impacto que una fuga de cerebros puede tener en el desempeño económico.

Diez mil sanciones desde el 2014

Rusia acumula hasta diez mil sanciones en los últimos años, más que cualquier otro país. De haber llegado de golpe, podrían causar un colapso económico inmediato, pero el Kremlin lleva lidiando con ellas desde la anexión de Crimea en el 2014. Aprovechando sus recursos, Rusia impulsó la producción local de productos hasta entonces importados, lo que reforzó la industria interna hacia un aislamiento que ahora se confirma. El Kremlin extrajo varias lecciones, cada vez más palpables.

Ante todo, comprendió la dependencia europea de su energía. Dado que la mayor parte de los ingresos rusos proceden de la exportación de hidrocarburos, esta dependencia es mutua, con lo que el Kremlin se ha visto obligado a reorientarse a mercados asiáticos después del embargo parcial europeo. Tras el primer shock, las exportaciones de mayo alcanzaron los 20.000 millones de dólares y recuperaron los niveles de enero.

Uno de los mejores clientes fue la India, que casi duplica sus compras de hidrocarburos rusos frente al año pasado y con hasta un 30 % de descuento. Entre marzo y mayo, Deli aumentó sus importaciones en un 64 % y Pekín, en más de un 10 %. Europa solo redujo su consumo en 18 puntos.

Cuestionada efectividad

Ahora bien, también aumentan las importaciones de combustible desde la India hacia la Unión Europea y EE.UU., lo que hace inevitable preguntarse si no se tratará de la misma mercancía refinada y encarecida. Oficialmente es imposible saberlo, según la agencia Rystad Energy, pero los datos ponen en duda la efectividad de unas sanciones sumamente dolorosas para Europa.

De ahí que el asesor económico jefe del presidente ucraniano sea más directo al asegurar que Europa debe sancionar no solo la importación de combustibles fósiles rusos, sino también gravar seriamente su compraventa.

Asimismo, la propia Rusia debe evaluar si es capaz de reorientar su infraestructura de distribución hacia Asia, cuyo coste actual es millonario, y si estos supuestos aliados no hacen más que aprovecharse de las necesidades de Moscú.

Sí queda claro que el modo más efectivo de penalizar al Kremlin pasa por las exportaciones de gas y petróleo. Hasta ahora, Rusia y Occidente están echando un pulso económico que se decidirá por la capacidad de aguante de sus ciudadanos.