La NASA pretende lanzar, a partir de las 20.17 horas, una nave a la Luna medio siglo después
03 sep 2022 . Actualizado a las 10:03 h.Con la experiencia de lo que falló el lunes —un sensor de temperatura de un motor— y la ilusión de abrir una nueva era para la exploración espacial, los miles de técnicos y científicos implicados en la misión Artemis I cruzan los dedos para, esta vez así, a partir de las 20.17 (hora española) poder lanzar el cohete SLS con la nave Orion en dirección a la Luna. Desde ese momento disponen de dos horas para llevar a cabo el lanzamiento. Si no lo consiguen, tendrán una última oportunidad el martes, y en caso de que el intento vuelva a resultar fallido, la espera empezará a contarse ya por semanas. Habrá que sacar el cohete y la nave de la plataforma de lanzamiento de Cabo Cañaveral (Florida) y devolverlo al hangar hasta que la posición de la Luna respecto a la Tierra permita otra tentativa.
Pero antes de la mítica cuenta atrás y de que lleguen esas fatídicas 20.17 horas queda trabajo, y mucho, por hacer. Lo primero, controlar el tiempo. Los meteorólogos del grupo Delta 45 de la Fuerza Espacial de Estados Unidos predijeron el jueves un 60 % de posibilidades de que las condiciones atmosféricas sean favorables, incluso con alguna tendencia a la mejoría en el Centro Espacial Kennedy a medida que avance la jornada del sábado.
Con esta variable en la cabeza, y después de solucionar los problemas que se vayan presentando —por ejemplo, reparar una fuga como tuvieron que hacer anteayer—, llega uno de los momentos cruciales. Hay que meter en los tanques de la etapa principal del cohete (las laterales son de combustible sólido) los millones de litros de hidrógeno líquido y oxígeno líquido necesarios para despegarse de la atracción que genera la Tierra y empezar el viaje de entre ocho y catorce días para llegar a la Luna. Y no son precisamente pocos. Los cuatro motores R-25, que ya estuvieron en el espacio y han sido reciclados, consumen 409.150 litros por cada uno de los ocho minutos que están en funcionamiento. Además, el combustible exige unas condiciones de presión altísima y de temperatura muy concretas. El oxígeno tiene que estar a -183 grados y el hidrógeno a -253. De hecho, el despegue del lunes se abortó fundamentalmente porque un sensor del motor 3 marcaba 230 grados bajo cero en lugar de los 250 necesarios. Ni siquiera está claro que hubiese un fallo real. Más bien al contrario, como explicó el director del programa de cohetes SLS, John Honeycutt. Lo más probable es que el error estuviese solo en el termómetro, porque el resto de las condiciones físicas indicaban que el motor funcionaba bien. Pero «a Nasa é moi conservadora», como señala el astrofísico Borja Tosar, y quiere asegurar cada mínimo detalle, porque se juega la reputación de la que depende que los políticos le sigan aprobando misiones y, en este caso concreto, los 4.000 millones de dólares que se irían al traste si el cohete llega a explotar. Como eso es lo último en lo que piensan ahora mismo en Florida, a lo que se abonan es a que esta vez todo salga bien y a que a la hora de la cena en España la nave Orion esté a 161 kilómetros de altura y pueda desprenderse del cohete. Desde allí le quedarán por recorrer otros 450.600 kilómetros para situarse mucho más allá de la Luna y orbitarla antes de regresar a la Tierra y posarse sobre el Pacífico gracias a 11 paracaídas.