La lucha de Patricia con su bebé de 10 meses: «No me puedo separar de mi hijo más de una hora y media»

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La intuición de estos padres salvó a su hijo. Sin diagnóstico y sin tener ni idea de qué podía tener, se movilizaron por su cuenta para llevarlo a terapia, y gracias a ello a día de hoy Martín está como cualquier niño de nueve meses

03 oct 2022 . Actualizado a las 18:55 h.

El embarazo de Martín fue perfecto. Incluso mejor que el de Valentina. Nada en los nueve meses de gestación hacía presagiar el revuelo que vivieron las primeras horas de vida del pequeño. Martín nació el 11 de noviembre del 2021 en un parto natural y rápido, de apenas seis horas. Pero unas lesiones en la piel del bebé llamaron la atención de los pediatras. «Eran como unos bultitos, los tenía en la mejilla, en la barbilla, en el costado, en el dedo... Estaban bastante hinchados y rojos. Y ahí empezó el caos», señala Patricia. Deciden trasladarlos — a la madre y al bebé— al hospital universitario de Tenerife, donde residen, para hacerle las pruebas pertinentes. Estuvieron ingresados una semana, el bebé en aislamiento porque no sabían si podía ser contagioso, y en ese tiempo escucharon de todo. Desde «que podía ser un tipo de enfermedad muy rara» hasta «que no tenían ni idea de lo que era...». Finalmente, una biopsia confirmó el diagnóstico: histiocitosis, una enfermedad que debuta de varias maneras, incluso puede llegar a afectar a los órganos vitales, pero que afortunadamente a Martín solo le ataca a nivel dermatológico. «Cuando nos dijeron: ‘Va a venir a hablar con vosotros la oncóloga', nos quedamos un poco asustados, en shock, porque el niño aparentemente estaba bien, había nacido incluso con buen peso (3,5 kilos)...», señala Patricia. Finalmente, les explicaron que esta especialidad es la encargada de controlar esta enfermedad; de vigilar, en el caso de Martín, que no se extienda a los órganos —ya que de ser así habría que tratar con quimioterapia— y para ello el pequeño debe someterse a revisiones periódicas hasta los 5 años.

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 Ya en casa las heridas evolucionaron favorablemente, se convirtieron en una costra, que fue cayendo, y la preocupación también fue disminuyendo. Sin embargo, en la revisión del primer mes, los médicos observaron que el bebé no subía de peso como debería, y desconocían el porqué. Les recetaron suplementos, leches hipercalóricas, y los derivaron a los especialistas: endocrinos, nutricionistas y oncólogos (que ya lo estaban siguiendo). «Pero Martín rechazaba todas estas leches, las vomitaba, se ponía muy mal, cada vez que teníamos que suplementarlo era un agobio tremendo porque no aceptaba nada, era darle dos milímetros y vomitaba...».

Cuando cumplió dos meses, la endocrina y la oncóloga vieron que algo no iba bien. «Nos dijeron que el niño podía tener algún tipo de síndrome, que para ello habría que hacerle una prueba genética, pero más adelante. Ahí nos vuelve a entrar el agobio, el no saber, porque realmente tú veías que estaba bien, más flaquito, más chiquitito de lo normal, pero activo y sin ningún otro síntoma», comenta Patricia. Desde el hospital, añade, trataban de restarle importancia y les decían que no se preocuparan. «Tuvimos algún problema, porque ellos solo se fijaban en el peso, no comprendían nuestra lucha por que le hicieran las pruebas para saber realmente qué le pasaba a Martín».