«Ya llegan los ataúdes de zinc a Rusia»

Brais Suárez
brais suárez OPORTO / E. LA VOZ

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Cartel en Moscú con la foto de un soldado ruso muerto durante la invasión de Ucrania
Cartel en Moscú con la foto de un soldado ruso muerto durante la invasión de Ucrania MAXIM SHIPENKOV | EFE

Tras la movilización, voces oficialistas rusas hablan de la mala organización, muertes y falta de resultados de la guerra

25 oct 2022 . Actualizado a las 16:41 h.

El 13 de octubre, la noticia más sonada en Rusia no fue la muerte de cinco jóvenes de Chelyabinsk movilizados en las últimas semanas, sino que las autoridades de la región lo hubieran anunciado de forma abierta. Hasta entonces, apenas se conocían los datos oficiales del Ministerio de Defensa, que el 21 de septiembre, cuando se anunció la movilización parcial, había hecho pública la cifra de 5.937 soldados profesionales muertos desde el inicio del conflicto. A 21 de octubre, un estudio conjunto de distintos medios independientes elevó la cifra hasta 7.822, que a muchos sigue pareciéndoles insuficiente para justificar la movilización de hasta 300.000 hombres.

El mensaje desde Chelyabinsk fue como desajustar un tapón. Esa misma tarde, la redactora jefa adjunta del canal oficialista RT, Natalya Loseva, informaba que el jefe de un departamento del Ayuntamiento de Moscú, Alexéi Martínov, había muerto el 10 de octubre en Ucrania a los 28 años, tras haber sido movilizado el 23 de septiembre y enviado al frente unos días después sin experiencia en combate.

Entonces empezaba a resonar también la muerte, el 7 de octubre, del abogado petersburgués Andréi Nikofórov, anunciado por el abogado Pável Chíkov, jefe del grupo internacional de derechos humanos Ágora. Nikofórov había sido movilizado 12 días antes.

Y así sucesivamente, cada día más. Cada caso transforma poco a poco la percepción de la guerra entre los rusos; de un asunto entre el Ejército y la OTAN, el conflicto se acerca a cada casa, se convierte en algo propio y cada vez son menos los que guardan las formas. Es el caso del presentador Vladimir Soloviov, guía de la opinión pública con uno de los programas más vistos en televisión. El 26 de septiembre propuso disparar a los altos cargos militares que no cumplieran órdenes.

Al menos 70.000 bajas

En los mismos términos se expresaba en Telegram la comunicadora oficialista Anastasía Kashevarova: «Habría que ejecutar a algunos comandantes locales (…). El resultado de la movilización es que chicos desentrenados son lanzados al frente. Chelyabinsk, Yekaterinburgo, Moscú. Ya llegan los ataúdes de zinc», escribió. Fuentes no oficiales y servicios de inteligencia extranjeros estiman un mínimo de 70.000 bajas, entre muertos y heridos de gravedad.

Si a muchos rusos les cuesta entender por qué mueren en Ucrania sus soldados profesionales, todavía les cuesta más encajar que lo hagan jóvenes no preparados. El estudio independiente antes mencionado asegura que murieron 41 personas de las 220.000 movilizadas hasta la fecha. Vladimir Putin dijo que de momento basta y no se completará la movilización con las 80.000 personas restantes. Independientemente de la cifra, dos problemas ya están sobre la mesa.

El primero, los muertos en combate. Los casos conocidos evidencian que no se está cumpliendo la orden presidencial de proporcionar un entrenamiento mínimo de 10 días (sin siquiera rozar los dos meses recomendados).

Uno de los ejemplos más flagrantes, aunque todavía no se hayan confirmado las bajas, es el de la 27.ª brigada de fusileros, reclutada en la región de Moscú el 24 de septiembre y, según testimonios, enviada al frente dos días después. Desde el 3 de octubre no se conoce el paradero de la mayoría de los reclutas, pero uno de los heridos declaró en un hospital: «La 27.ª brigada es pura carne, es adonde echan a los movilizados. Solo regresa carne [del campo de batalla], a algunos ni los pueden identificar, con la cara quemada, sin cabeza…». Habla sobre sus compañeros, que no figuran en las cifras referidas.

Se cuestiona el método de reclutamiento, pues muchos hombres no encajan en los parámetros de la ley: problemas de visión, sin experiencia militar o mayores de lo estipulado. Además, están bajo la lupa los medios a disposición de los soldados: se han hecho públicos vídeos de cómo se les ordena (a ellos o a sus familias) adquirir su comida, sus propios equipos de protección, de higiene e incluso armas.

Campos de entrenamiento

Estas carencias entroncan con el segundo problema, que atañe a los centros de entrenamiento. Algunas instalaciones están en desuso prácticamente desde 1991, con barracones deteriorados y sin entrenadores, ya en el frente. Allí, se arma a muchos hombres que no llegaron por voluntad propia y que sufren graves carencias. Quizá eso explique lo ocurrido el día 15 en el más grave altercado hasta la fecha, cuando dos hombres dispararon contra reclutas que se entrenaban en Bélgorod y habían expresado su deseo de ir a combatir. Once murieron y 15 fueron heridos. Otra casuística es la de las cuatro muertes en la región de Sverdlovsk, incluyendo infarto, suicidio y sobredosis (oficialmente).

De hecho, la propia estrategia de movilización, que se cebó con las etnias del lejano oriente ruso, indicaba que a los reclutados no les esperaba nada bueno. Dada la impopularidad del reclutamiento, también se ofrecen recompensas: los reos de las cárceles pueden obtener el indulto si aceptan ir al frente.

Por último, el proyecto ucraniano «Quiero vivir» anunció que ya recibió a 3.000 soldados rusos que se entregaron para no luchar. El aumento es notable desde la movilización.

En un país hermético, sin datos oficiales, donde se llevan a cabo «operaciones especiales», «movilizaciones parciales» y «estados de emergencia», parece necesario recuperar aquella antigua técnica llamada kremlinología, que estudiaba los matices del oficialismo (entonces, soviético) para trata de entender su estado de salud y sus siguientes movimientos. De momento, lo errático de las decisiones, los malos resultados en el campo de batalla y el runrún de propagandistas y la población dan señales poco esperanzadoras a Moscú.