El pueblo ucraniano de Lyptsi se prepara para un invierno sin hospital, ni medicinas, ni doctores

Pablo Medina LYPTSI / LA VOZ

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El hospital de Lyptsi lleva destruido desde el comienzo de la invasión rusa y ha quedado inservible.
El hospital de Lyptsi lleva destruido desde el comienzo de la invasión rusa y ha quedado inservible. Pablo Medina

Los vecinos dependen de los voluntarios para tratar sus enfermedades

09 dic 2022 . Actualizado a las 09:02 h.

En Járkov, Yulia prepara junto a su compañero una ambulancia donada por el Gobierno italiano. En el subsuelo de la farmacia donde trabajan, construido durante los primeros años de la Revolución bolchevique, han transformado un búnker en un lugar de cribado de medicamentos para asegurarse de que no hay escasez para repartir en los pueblos liberados. Del búnker al vehículo, y de ahí a Lyptsi, un pequeño pueblo ubicado en el norte de la capital del óblast.

Tras pasar varios controles, el equipo llega a la aldea. Lyudmyla lleva toda la mañana haciendo cola a la entrada de Lyptsi para recibir la poca ayuda humanitaria que les llega desde la capital de la región. Es una anciana de carácter que se queja de los horarios de los autobuses, de la falta de comida y medicinas, y de que las fuerzas de Vladímir Putin se lo han quitado todo. Y repite las mismas quejas y los mismos temas una y otra vez. Pero calla y, tras el silencio, deja caer: «Cuando se asiente la nieve vamos a estar peor. Nos faltan medicinas».

Hace tres meses que Lyptsi fue liberada por el Ejército ucraniano. Como en cada localidad arrebatada a los invasores rusos, las pocas calles de este municipio se llenaron de júbilo cuando los soldados izaron banderas azules y amarillas en las fachadas de los edificios. Pero tres meses son suficientes para caer en el olvido, y el invierno ha intercambiado las alarmas antiaéreas por las del pánico. La falta de medicamentos y de personal sanitario es una de las asperezas que no consiguieron limar las autoridades ucranianas tras la liberación del pueblo.

Cenizas, oscuridad y barro

El hospital fue destruido, su personal se refugió en Járkov y todo el equipo que se podía utilizar ha quedado calcinado tras la deflagración de los misiles que han acabado con el centro.

El edificio está abierto, pero en el interior solo se ve destrucción. Varias de las habitaciones de la primera planta conservan sus camas y acumulan basura y escombros. Una de las estancias que hacía las veces de quirófano ha sido quemado y todo el aparataje, o el que queda, es ahora un grupo escultórico negro y marrón inservible.

En la parte superior, varios vecinos del pueblo intentan limpiar lo que pueden del hospital. «No queremos tener una ruina quemada, queremos limpiarla», comenta Lesya, una mujer que lleva toda la mañana retirando trozos de hormigón y cristales. «Antes esto se llenaba de gente, y ahora tenemos que esperar a los doctores o coger el autobús, pero cuesta 30 grivnas [apenas 77 céntimos] y no nos lo podemos permitir», subraya.

Al lado del hospital se encuentra la única farmacia operativa del lugar. Yulia y su compañero descargan las medicinas para que la farmacéutica del pueblo, quien no da detalles de su identidad por vergüenza, los reparta entre los ciudadanos. El lugar está a oscuras. Utilizan un generador de forma intermitente para tener luz, pero el combustible con el que funcionan es caro y no lo pueden mantener mucho tiempo encendido.

Vecinos de la localidad de Lyptsi hacen cola para recibir ayuda humanitaria.
Vecinos de la localidad de Lyptsi hacen cola para recibir ayuda humanitaria. Pablo Medina

Con todo, ha sido un día clemente para ir a Lyptsi. Las carreteras están despejadas de lodo. La planicie de Ucrania suele invitar a la nieve derretida a mezclarse con la tierra y el barro resultante inunda los caminos, haciendo que los coches patinen y sea peligroso conducir.

«Hemos aprovechado el buen tiempo de hoy. Es el momento perfecto para llevarles ayuda, pero no sé cuándo podremos volver», asegura Yulia. «A veces, la nieve que nos cae es tan sólida que forma una capa de hielo sobre las carreteras. Por eso los médicos y las ayudas dejan de venir, es peligroso», añade Yakiv, un hombre de 50 años que espera en la misma cola que Lyudmyla y que, como casi todo el pueblo, lleva meses desempleado y sobrevive con lo que tiene.

Tras la recogida de las ayudas, irá a la farmacia colindante. «Necesito medicinas para el corazón. Es una suerte que podamos contar con la ayuda, porque si no, ya me habría ido hace tiempo», asegura.

«Los vecinos necesitan fármacos para tratar sus enfermedades cardíacas»

«Los medicamentos genéricos, como el paracetamol, el ibuprofeno y otros, podemos conseguirlos nosotros, pero sufrimos escasez de remedios específicos que tenemos que pedir en Járkov», señala la farmacéutica mientras atiende a un cliente. La amenaza del invierno se mezcla con la avanzada edad de los habitantes de Lyptsi.

No solo requerirán medicinas para tratar catarros, resfriados y gripes. «Hay muchas personas que necesitan regular su presión sanguínea y tratarse enfermedades cardíacas, pero nos faltan fármacos para ellos», agrega la dueña. Los relajantes musculares que algunos vecinos toman para los dolores de articulaciones también suelen desaparecer de sus estantes.

Si bien el sistema sanitario ucraniano no es caro en comparación con otros países europeos, los precios de los medicamentos exceden con creces los del continente. En España, se puede comprar paracetamol por menos de un euro. En Ucrania, suma decenas de euros.

Lyptsi se enfrenta a una crisis sanitaria acompañada del posible destino de los misiles disparados por Rusia. La ambulancia de Yulia deja el pueblo, sin que sus habitantes sepan cuándo podrán volver a tener los remedios necesarios para curarse.