Luisa María Seoane, científica del Clínico de Santiago experta en obsesidad: «Hay 200 enfermedades y 13 cánceres asociados al sobrepeso»
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La líder del grupo Cíber Obesidad de CHUS destaca que la lactancia materna reduce el riesgo de padecer la patología: «Existe un problema de estigmatización, de decir que falta de fuerza de voluntad, pero en realidad es algo más grave»
11 dic 2022 . Actualizado a las 18:21 h.La leche materna reduce la obesidad. Al menos en animales. Así lo afirma Luisa María Seoane, líder de grupo Cíber Obesidad del Hospital Clínico de Santiago, en un artículo publicado en la revista Nature Metabolism que ha revolucionado al sector. La experta aborda los retos a los que se enfrentan los investigadores contra una enfermedad que, defiende, no siempre se puede abordar saliendo a correr media hora todas las mañanas y comiendo de manera más saludable. Aunque no sea común escucharlo.
—¿Superada la pandemia del coronavirus cree que vivimos en una pandemia de obesidad?
—Sí, existe una pandemia de obesidad, dos de cada tres adultos europeos la sufren, y uno de cada tres niños padecen obesidad o sobrepeso. Son datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) del mes de mayo. Y la incidencia sigue creciendo a pesar de los esfuerzos que se están haciendo para difundir hábitos de vida saludables.
—¿Todo lo que viene en bolsas es peligroso?
—La alimentación tiene que ser lo más sana posible, pero el estilo de vida moderno no favorece. La gente tampoco dispone de tanto tiempo para cocinar y recurre a precocinados. Pero la obesidad no es únicamente un problema de mala alimentación o de falta de ejercicio, cada vez incidimos más en que es un problema de salud y una enfermedad. Hay casos en los que con una alimentación saludable no es suficiente. El día 15 será el Día Nacional de la Obesidad y el lema de este año es «investigación para un futuro sin obesidad». Queremos que la gente sepa qué estamos haciendo los científicos. Hace falta conocer qué pasa, qué mecanismos están alterados en el organismo y dan lugar a la obesidad. Hay muchísimos factores genéticos y ambientales, como son los que se denominan disruptores endocrinos contaminantes, que alteran nuestros mecanismos hormonales, y que son los que controlan el apetito y el peso.
—¿Y genéticos?
—También hay predisposiciones genéticas a desarrollar obesidad. Debemos entender que cada obesidad es diferente. No todas las personas que la tienen presentan el mismo tipo o responden a los tratamientos de la misma manera. Por eso es importante saber qué factores nos están afectando. Incluso en los países menos desarrollados está aumentando el riesgo precisamente porque gente con un menor nivel cultural o económico tiene poco acceso a alimentos saludables.
—Publicaron un trabajo rompedor que evidencia la importancia de la lactancia materna.
—Había trabajos preliminares donde se decía que el tipo de alimentación de la madre durante la gestación y la lactancia podía afectar de forma muy importante en la descendencia, por ejemplo con madres con sobrepeso y una alimentación poco saludable, y que eso podía modificar la composición de la leche materna. Lo que vimos es que al aumentar el período de lactancia en modelos animales, lo que hace es que protege a la descendencia frente a la obesidad, y el efecto perdura hasta que son adultos. A pesar de que los alimentábamos con una dieta alta en grasa, tenían menor peso y menor composición de grasa que aquellos que tuvieron períodos más cortos de lactancia. Determinamos que ese efecto protector afecta a diversos órganos, como es el hígado, el tejido adiposo y el cerebro. Los animales con lactancia prolongada desarrollaban mecanismos cerebrales que les permitían quemar más grasa. Hace unos años se comprobó que existe el tejido adiposo pardo, la conocida como grasa buena, que es como nuestra estufa y nos permite producir energía quemando grasa blanca. Existen actividades que lo activan. El deporte es una: la exposición al frío, otra; y la lactancia prolongada también lo hace.
—¿En seres humanos como repercute?
—Lo recomendable actualmente son seis meses de lactancia. Si normalmente los animales se destetan a las tres semanas, nosotros lo hicimos a las cuatro, y observamos que solo con una semana ya tiene efectos que duraderos hasta que son adultos. Haciendo una extrapolación a humanos, una semana en ratas equivale a tres meses, pero todavía no se sabe exactamente hasta cuándo durarían los efectos.
—¿Es el siguiente paso?
—Estamos trabajando con el servicio de Pediatría y ya tenemos una colección importante de niños con y sin obesidad. Las señales que hemos encontrado las vamos a estudiar en ellos para ver si están relacionadas con cierto grado de protección contra la obesidad y patologías asociadas, como por ejemplo el hígado graso o la diabetes.
«Existe una pandemia de obesidad, dos de cada tres adultos europeos la sufren»
Para la doctora Seoane, la clave está en que la sociedad entienda que existen múltiples casos en los que la obesidad no es una opción ni depende del estilo de vida de la persona que la padece, sino que le viene dada, de ahí que sea fundamental desarrollar fármacos para hacerle frente.
—Considera que hay que abordar la obesidad lo antes posible.
—Un niño obeso tiene muchas posibilidades de ser un adulto obeso. Y esto va a suponer un empeoramiento de la calidad de vida. Hay 200 enfermedades y 13 cánceres asociados al sobrepeso y a la obesidad,. Hay que concienciar a las autoridades y a la población de que es una enfermedad para la que, a día de hoy, el efecto de los fármacos es limitado, y los que hay no están subvencionados por los sistemas públicos de salud. Es la única enfermedad crónica en la que pasa.
—Se cree que es una opción personal.
—Hay un problema de estigmatización, de decir que falta de fuerza de voluntad, pero es más grave. Hay mecanismos que pueden hacer que una persona queme mucha más energía que otro haciendo lo mismo.
—¿Cree posible crear un fármaco que revierta algunos tipos?
—Creemos que el futuro pasa por diferentes fármacos, porque no depende de un único factor. No todas las personas son iguales y hay que dirigirse a un tratamiento más individualizado en el que se tendrá que identificar el tipo de obesidad que existe. A día de hoy el único tratamiento efectivo es la cirugía, con el riesgo que conlleva para el paciente. Y hay que destacar las listas de espera que existen, que son muy largas.
—¿Qué otros proyectos tienen entre manos?
—Empezamos uno en enero financiado por el Instituto de Salud Carlos III y por la Axencia Galega de Innovación. Durante el estudio de la lactancia hicimos un estudio de transcriptómica donde encontramos hasta 163 genes alterados por la lactancia materna. Es una fuente de información impresionante. Entonces vamos a centrarnos en ellos y ver si podemos encontrar dianas farmacológicas y biomarcadores tempranos del riesgo a sufrir la enfermedad.