Ucrania se prepara para liberar su país mientras Rusia se refuerza para otra ofensiva
31 dic 2022 . Actualizado a las 05:00 h.Ucrania ha conseguido mantenerse en pie en el 2022 tras la invasión lanzada por Rusia en febrero. Con un frente que supera los mil kilómetros de longitud, la guerra ha echado el freno en el este en la ciudad de Bajmut y los preparativos para que las fuerzas de Volodímir Zelenski avancen en el sur se incrementan. Pese a todo, los dos países mantienen el pulso por el dominio militar en el país.
El plan de una operación relámpago lanzado por Vladimir Putin fracasó, y tanto él como Zelenski se encuentran en una fase de refuerzo. El dirigente ruso prometió hace unas semanas recursos económicos ilimitados para el Ejército y ya ha desplazado a la frontera a los 300.000 movilizados llamados a filas tras el fiasco de Jersón, según el estadounidense Instituto para el Estudio de la Guerra. Su homólogo ucraniano, por otra parte, consiguió que EE.UU. le cediera una batería de misiles Patriot. Ello apunta a que la escalada en la guerra será una realidad para el año que viene en ambos frentes.
«En nuestros objetivos [en el sur] tiene prioridad Melitópol. Con su recuperación, las líneas de suministro enemigas quedarán cortadas y las tropas de Crimea y Jersón aisladas. Nuestros aliados quieren que vayamos paso a paso y sobre seguro», afirma Víctor Tregubov, capitán del Ejército ucraniano. Según el analista político y militar y también miembro de las Fuerzas Armadas, la estrategia ideal sería esta, puesto que impediría el avance y abastecimiento de los rusos por el sur y les daría la oportunidad de rodear a los invasores.
Tregubov apunta que la incorporación de los movilizados por Rusia para la guerra no será determinante, puesto que Putin «puede desplegar más tropas, pero la capacidad de crear más tanques y misiles que apoyen a esas tropas es más limitada. Y requerirán de un gran número de oficiales para dirigirlos».
Guerra de trincheras
Sin embargo, el frente del este es un obstáculo aún mayor para el avance ucraniano. Esta línea, ampliada con la ocupación de parte del óblast de Zaporiyia, lleva activo desde el 2014. La guerra de trincheras es lenta: se toma y se pierde territorio kilómetro a kilómetro, por lo que el atasco para hacerse con el control del Dombás es significativo.
El analista Sergiy Grabskyi, no obstante, señala que existe la posibilidad de que se abra un frente nuevo en el norte del país que apunte a las ciudades de Chernígov, Járkov y Kiev en caso de que Bielorrusia ceda a la presión rusa e intervenga en el conflicto.
Sin embargo, Tregubov descarta que ese nuevo frente se pueda abrir o, en caso de hacerlo, duda de su efectividad. «Gran parte de los recursos y el suministro eléctrico de Bielorrusia están al alcance directo de Ucrania, y podrían quedarse sin el 50 % de su economía en un día o dos. No creo que cometan ese error», apunta el analista de la oenegé de relaciones públicas PR Army.
Otro agente decisivo para la invasión serán los aliados. Putin necesita buscar más armamento en Irán y otros países de su círculo de influencia para mantener los bombardeos sobre el frente del este y ciudades como Kiev, pero ya escasean sus misiles. Por su parte, los ucranianos dependen de la ayuda de los países occidentales para seguir avanzando.
Sin embargo, gran parte de esa ayuda depende de Estados Unidos. Los demócratas perderán el control de la Cámara de Representantes este enero y los republicanos no están dispuestos a dar «un cheque en blanco a Zelenski». Pero Tregubov no duda acerca de la continuidad de la ayuda norteamericana. «La posición de los republicanos es una postura más en contra de los demócratas que de nosotros. No es que estén en nuestra contra, sino que tratan de solventar un asunto de política interna», asegura.
Wagner y Kadírov contra el alto mando ruso
A pesar de que los oficiales del Ejército de Ucrania aseguran que Rusia prepara una ofensiva para el mes de enero o febrero del 2023, los dirigentes militares rusos deben contar con un conflicto interno en el que se disputa tanto el mando de la estrategia como la confianza de Putin en sus líderes militares.
El ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, y el jefe del Estado Mayor, Valeri Guerásimov, capitanean la idea de defender y avanzar por el frente sur. Una operación cuestionada por los oficiales rusos, que ven que las ideas de ambos en la invasión han cosechado pocos resultados hasta la fecha y que además acarreó la pérdida de Jersón, única capital de un óblast tomada por Rusia. Además, el poco éxito en Kiev y Járkov les pone contra las cuerdas.
Al otro lado, Razmán Kadírov, presidente de Chechenia, y Yevgeny Prigozhin, líder del grupo mercenario Wagner, representan la «rama dura» de la estrategia para la llamada operación militar especial lanzada por Rusia en febrero. Ambos son defensores de que los esfuerzos rusos han de concentrarse en el Dombás. Tienen una gran presencia en Bajmut y han conseguido pequeños avances en el frente, lo que les sirve de carta de presentación ante Putin para demostrar que sus fuerzas son superiores a los soldados regulares del Ejército ruso.
«Lo que nos preocupa de ese pulso de poderes es que ahora sabemos qué es lo que quiere Rusia, que es destruirnos, pero no sabemos si los otros querrán matarnos más», asegura Víctor Tregubov, que desde Yitomir ve con preocupación que la rama dura del Ejército pueda cobrar peso. Principalmente por los civiles.
De hecho, será a los civiles a quienes les toque la peor parte de la guerra en el 2023. Como desde el inicio del conflicto. Tras el invierno, los pulsos por el control de los territorios les harán vivir una situación límite. La mayoría de los habitantes en las zonas calientes de la guerra apenas mantienen su casa en pie, les falta comida, medicamentos y energía, además de vivir bajo el constante bombardeo de Rusia sobre sus hogares.
Las autoridades de Kiev han recomendado a los ciudadanos ucranianos residentes en el Dombás que evacúen la región, pero muchos de ellos no disponen de los medios ni el dinero para hacerlo. Ello contando con la determinación de otros de no abandonar su casa ante ninguna amenazada. Con todo, sus vidas se encaminan a continuar en peligro y que el único país que conozcan estos años esté en ruinas.