«Ni canta ni baila pero no se la pierdan»: la frase sobre Lola Flores que nunca publicó «The New York Times»

la voz AGENCIAS

ACTUALIDAD

Lola Flores con su hijo Antonio, en 1974
Lola Flores con su hijo Antonio, en 1974

Este sábado se cumplen cien años del nacimiento de la Faraona, una burbuja de libertad y color que maravilló al mundo

21 ene 2023 . Actualizado a las 18:01 h.

 «Ni canta ni baila, pero no se la pierdan» es una frase apócrifa sobre Lola Flores de una crítica supuestamente publicada en The New York Times, pero lo cierto es que no aparece en ninguno de los artículos conservados en el archivo de la web del periódico estadounidense, ha podido confirmar EFE Verifica. Tampoco existe referencia alguna a una supuesta actuación en 1979 (1953, según las fuentes) de «la Faraona», que este sábado cumpliría 100 años, en el Madison Square Garden, cuya crítica habría sido el detonante de la frase.

En realidad, el origen de la sentencia, que sirvió a C.Tangana para titular su reciente gira «Sin cantar ni afinar tour 2022», lo explica su hija Lolita en el documental «Lola», donde achacaba su origen a que «alguien se lo dijo (a Lola Flores) a su cara en Nueva York y ella pensó que lo habían escrito».

También Alberto Romero, profesor de Literatura Española en la Universidad de Cádiz y autor del ensayo Lola Flores. Cultura popular, memoria sentimental e historia del espectáculo explica a EFE: «Eso es completamente inventado. Posiblemente lo inventó ella misma, o lo escuchó en algún momento, y se lo aplicó como eslogan publicitario», con tanta eficacia que «seguimos pensando que la cita es cierta». Y es que Lola Flores, dice el profesor, era «un animal de la comunicación».

La hemeroteca digital del diario estadounidense sí guarda una noticia de 1953 que informa brevemente de la actuación de Flores en el neoyorquino Teatro San Juan con el titular: «Agenda de la semana. Lola Flores en la Temporada del Uptown - Otros eventos». En dicho texto, sin embargo, no hay rastro de esa cita.

«Lola Flores, cantante y bailaora de flamenco, actuará en una serie de espectáculos entre el jueves de esta semana y el miércoles de la que viene. Estará acompañada por Carmen Flores y Faico, Paco Aguilera, guitarrista; y Elsa Miranda (Chiquita Banana), con Manuel García Matos como director. Las actuaciones tendrán lugar todos los días a las 3 y a las 9, y también a las 6 el sábado y domingo», reza la breve nota en la hemeroteca del periódico.

Una mujer indomable

Lola Flores fue una burbuja de libertad y color desde que en el franquismo iniciara su carrera, una mujer indomable que lo mismo rapeaba que aparecía en «top-less» o hablaba de sexo y drogas sin tapujos y siempre con el «pellizco» que la hizo ser la Faraona. «Mientras yo tenga los ojos abiertos seré como una pantera negra», decía.

Nacida en 1923 en una casa de la calle Sol del barrio de San Miguel de Jerez de la Frontera, Lola Flores tuvo su primera escuela de vida y arte en el bar que regentaba su padre, donde vio cantar y bailar a los gitanos flamencos de la ciudad. «Ahora el flamenco tiene prestigio, pero en aquellos años era algo completamente marginal, vinculado a las borracheras, los burdeles y las fiestas de los señoritos, ese fue el ambiente en el que creció Lola Flores, en el que se hizo fuerte», cuenta Alberto Romero.

Tras una pequeña temporada en la que la familia se fue a Sevilla, los Flores regresaron a Jerez. Ella, además de actuar por tabernas, bautizos y fiestas, comenzó a estudiar en academias de cante y baile. Ya apuntó maneras con su primer nombre artístico «Lolita Flores, Imperio de Jerez». Con 16 años actuó por primera vez en el Teatro Villamarta de la Ciudad, en un espectáculo en el que conoció a Manolo Caracol, el «Armstrong del flamenco».

El célebre cantaor fue después al bar del padre de Lola para convencerle de que dejara a su hija acompañarle en su gira por las plazas de los pueblos de la provincia. A primeros de los cuarenta, después de algunos espectáculos por Andalucía, la familia lo dejó todo y se marchó a Madrid en busca del éxito de Lola en los grandes teatros.

«Cuando llegan pasan hambre. Ella se dedica con su madre y su hermana a ir por el barrio de Salamanca a pedir dinero, diciendo que a su marido lo habían matado en la guerra, era mentira. Es una escena que retrata la superviviencia de los españoles en esos duros momentos», cuenta el profesor.

Lola escalará en su carrera, tanto en cine como en teatros. Y en 1943 consigue el dinero para montar su propia compañía y el espectáculo «Zambra», para el que contrató a Manolo Caracol. Con él recorrieron los mejores teatros del país. Alberto Romero, estudioso de la historia del teatro español, cuenta que Lola Flores cogió el testigo de artistas como Juanita Reina y Concha Piquer, que se había curtido en Broadway. Pero apostó por aflamencar y marcar distancias de los espectáculos recatados que ellas hacían.

Ella apostó por una copla «desbocada y sexualizada», por salir al escenario «con el pelo suelto, fumando y moviéndose con una sensualidad que las otras artistas no tenían». Su relación con Manolo Caracol fuera de los escenarios también era escandalosa. «Ella es menor de edad, él gitano y casado, y todo el mundo lo conocía». Pero, lejos de que sobre ellos recayera la censura de la moral de la época, la pareja exhibía su situación y «lo utilizaba como morbo publicitario».

«Cuentan que daban auténticos espectáculos en los bares y tabernas, se pegaban palizas. Esa violencia que hoy es un delito, entonces formaba parte de la estructura social machista de los años 40 y 50. Pero ellos lo utilizaban como arma propagandística. La gente iba a ver esa pasión desenfrenada al teatro».

El éxito y la popularidad de Lola Flores hicieron que el régimen franquista tolerara «esa burbuja de libertad moral, religiosa, en las costumbres, que no tienen nada que ver con el resto del país» y aceptara a «una femme fatale made in Spain muy políticamente incorrecta».

«Me quité un par de embarazos y lo hice a conciencia, porque no quería parir hijos sin casarme por la Iglesia y ofrecer un hogar a mi familia. En mi primer aborto, mi cuerpo se llenó de un dolor extraño y la boca de un sabor amargo, que no olvidaré mientras viva», contaba en una entrevista sobre esa época.

En 1952, una vez que la pareja se separó, Lola Flores partió a México, La Habana, Río de Janeiro, Ecuador, Buenos Aires y hasta Nueva York para actuar en teatros, salas y televisiones y rodar más películas. Se trajo de aquel viaje, concretamente de México, el nombre de la Faraona, a raíz del rodaje de la película con este título junto a Agustín Lara.

Tras actuar en Francia junto a Edith Piaf, Lola Flores se embarcó en una nueva relación con otro de los flamencos más famosos de la época, Antonio González, El Pescaílla. Con él se casó en 1957, embarazada de la que sería su hija, Lolita. Con él tuvo otros dos hijos: Antonio Flores y Rosario. Y prosiguió una carrera con la que siguió haciendo grande su nombre en teatros, televisiones y en el cine y levantando pasiones por donde pisaba.

«¿Tú sabes por qué yo estoy guapa?», lanzó Lola Flores a Jesús Quintero en una entrevista. «Porque el brillo de los ojos no se opera», decía. Con ese «pellizco» o «duende» con el que solo los flamencos nacen, Lola Flores hablaba a cara descubierta de cualquier tema, incluso de las drogas o la prostitución. «He probado la coca y los porros», confesaba en televisión. «Te das una rayita un día y no pasa nada; te fumas un porro, no pasa nada; te puedes emborrachar un día de vino tinto y no pasa nada... Todo se puede hacer en la vida... con método. Y después, tres días tranquila bebiendo agua mineral y buen puchero».

No le importaba el dinero. Ayudó a mucha gente. Pero también tuvo que pedirlo cuando en 1987 Hacienda le reclamó 50 millones de pesetas. En ese brete económico tiró de creatividad y pronunció la mítica frase: «Si una peseta diera cada español...». Y con ello Lola Flores inventó también el crowdfunding. Y es que ella, sin pensarselo, fue una pionera hasta del rap, con su trabalenguas «cómo me las maravillaría yo». El 16 de mayo 1995, a los 72 años, Lola Flores moría a consecuencia de un cáncer de mama en su casa de Madrid, El Lerele.