Natalia, madre en solitario: «En el registro me obligaron a poner el nombre de un padre para mi hijo»

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PACO RODRÍGUEZ

Decidió tener a su primer bebé sola, luego tuvo al segundo con el que entonces era su pareja. También tiene un niño en acogida. Y no puede estar más orgullosa de su familia

25 feb 2023 . Actualizado a las 17:54 h.

A Natalia Gómez no le parece muy extraordinario haber criado sola a su primer hijo, luego tener otro de una relación posterior y encima disponer de tiempo y ganas para abrir las puertas de su casa a dos niños de acogida, uno de ellos todavía está con ella. La unidad familiar la completa también una perra, que se llama Kira. Ella cuenta todo esto con una naturalidad que podría hacer pensar que es lo más sencillo del mundo, pero no lo es. Y sabe que si no hubiera sido por el apoyo de su familia, no habría podido sacar adelante a sus hijos.

«Me quedé embarazada de una relación muy cortita que tuve y decidí tener al niño. Cuando lo supe, ya no tenía pareja. Entonces tenía 29 años. Nació el bebé y me dediqué a él. Al cabo de unos años tuve una relación de la que también me quedé embarazada. Estuvimos viviendo juntos, pero después me divorcié. Entonces, el pequeño tenía 6 años y el mayor, 12», explica esta monitora de pilates de Ames que nunca tuvo dudas de que tendría a su primer hijo sola. «Sí que es cierto que sabía perfectamente que iba a tener la ayuda de mi familia. Mis padres y mi hermana me apoyaron para que yo pudiera hacerlo. Seguramente, sin ellos, como mínimo, me hubiera resultado más difícil», asegura. Porque cuando ella se iba a trabajar, dejaba al bebé en casa de su hermana, «que allí tenía cuna»: «Y luego iba a buscarlo o me lo llevaban al trabajo. Es decir, si no hubiera tenido ese apoyo no habría podido».

A pesar de su situación, Natalia nunca sintió rechazo por el mero hecho de criar a su hijo sola, aunque sí numerosas dificultades. Y explica lo que le ocurrió hace 20 años a la hora de inscribir a su bebé recién nacido: «Sobre todo, dificultades administrativas. Cuando nació mi hijo hace 20 años, en el registro civil me obligaron a ponerle el nombre de un padre. Tenía que figurar un padre y una madre. Iba mi padre conmigo y lo puse a él. Yo creo que ahora ya no es así». También ha constatado dificultades burocráticas al ser familia de acogida por el mero hecho de no tener pareja y de criar ella sola a sus hijos dentro de la unidad familiar. «Cuando pongo el nombre del niño y pone ‘padre y madre' tengo que tacharlo y poner ‘acogedora'. Yo no soy ni su padre ni su madre, ni tampoco su tutora legal, que es la Xunta. Entonces, a nivel administrativo, sí que encuentras también dificultades para explicar cómo es tu tipo de familia porque hay mucha gente que solo tiene en la cabeza el tipo de familia de madre, padre e hijos. Y cuando tienes una situación diferente, tienes que explicárselo porque su primera manera de pensar es esa. Y hay opciones muy diversas. Muchas», dice.

Además, cuenta que incluso siendo tres niños en casa, dos hijos biológicos y un menor en acogida, no tenía la opción de ser reconocida como familia numerosa. «Cuando yo ya estaba sola con los dos niños y vino el tercero en acogida, fui a pedir el título de familia numerosa y no me lo dieron hasta hace nada porque el acogimiento tenía que ser permanente. Si es un acogimiento temporal, que puede ser durante dos años o incluso más, no cuenta el niño para ser familia numerosa. En cambio, las viudas con dos hijos sí podían serlo, pero las madres que querían criar a sus hijos por su cuenta, no. Era una discriminación importante», explica mientras celebra que ahora las familias monoparentales con al menos dos hijos ya sean consideradas a todos los efectos familias numerosas.

LA VIDA MISMA

Además de todas estas trabas, la propia vida de cada uno de los hijos también hizo que tuviera que afrontar situaciones poco habituales. Como la transexualidad de su hijo mayor, Erik. Aunque por la manera que lo explica Natalia, no le ha supuesto ningún problema asumir su identidad sexual. Y reconoce que no puede estar más orgullosa de él. Precisamente, una de las lecciones que quería inculcarles a sus hijos con el acogimiento era que aprendieran «cómo era la vida» y cuáles eran «las cosas realmente importantes». Y así ha sido porque Erik acaba de llegar de Valencia de hacer un voluntariado con niños que están en centros residenciales y «que no pueden vivir en acogimiento familiar porque no hay familias suficientes».

De su hijo pequeño Lois, de 14 años, dice que es el más cariñoso de los tres, y que con el primer niño que tuvieron de acogida, él fue «el que peor lo pasó cuando llegó, pero también cuando se fue». Los dos tenían la misma edad y «le costó adaptarse y compartir habitación, a su madre, a su hermano... Pero después estuvo dos años viviendo con él, yendo al mismo colegio, bajando al parque juntos, entonces cuando tuvo que volverse para su casa, también fue el que peor lo pasó. Pero fue un aprendizaje para él», explica.

Y ahora toda la familia está encantada con el nuevo niño en acogimiento que tienen en casa, de 11 años.

Sobre cómo ha podido arreglárselas durante todo este tiempo, Natalia aclara que la clave de todo fue ir dando responsabilidad a sus hijos a medida que iban creciendo: «A lo mejor yo trabajaba hasta tarde y cuando llegaba, el mayor, que debía tener entonces 14 años o incluso 13, ya tenía a los otros dos cenados y en cama. Para mí, lo primero en la familia es cuidarnos los unos a los otros. Y si hay que hacer algo y yo no estoy, el que está tiene que hacerlo. Y no pasa nada».

Incluso reconoce el esfuerzo de otras familias. «Las madres que deciden tener un hijo o dos también son generosas. Y cuando te metes en el acogimiento es lo mismo. Decides que tienes tiempo y que puedes ocuparte de otra personita y lo haces. Yo conozco a familias que son cinco hijos. Y digo: ‘Vale yo estoy sola con tres, pero con cinco hijos, por mucho que sean dos padres, a mí me parece una locura. Yo no podría. Ni me lo planteo'. Y los hay. Y también son generosos. Al igual que otras personas que no tienen hijos y son generosas haciendo otras cosas», explica.

MÁS SENSIBILIDAD

Natalia cree que a medida que la sociedad va avanzando, se percibe más sensibilidad con los distintos tipos de familias. «Yo estoy en la asociación Fagamo (Asociación de Familias Monomarentales de Galicia) y también en la de familias acogedoras y eso es fundamental para que las cosas vayan cambiando. Que las personas que tenemos unas circunstancias diferentes, necesitamos un apoyo diferente. Igual que con las familias numerosas en un determinado momento alguien se dio cuenta de que necesitaban cierto apoyo para poder funcionar mejor. Pues otras personas que estamos en otras circunstancias diferentes, lo que buscamos también es eso, que nos apoyen para lograr estar como los demás. No queremos estar por encima de nadie», asegura.

Todavía ahora, cuando Natalia habla de su familia se le quiebra la voz: «Los miro a los tres y también me acuerdo del que estuvo unos años en mi casa y me emociono.Y me siento muy feliz por cómo son y por haber formado parte de la vida del niño que ya no está con nosotros porque sé que para él también ha sido importante y le ha hecho crecer». «Y también creo que ellos ven ese esfuerzo que hice al elegir criarlos sola. Que, a veces, tiene su dificultad, pero lo agradecen y sí que se dan cuenta —ahora me voy a echar flores yo— de que su madre es una persona fuerte y especial», explica. Y tanto Natalia. Fuerte y muy especial. Tú lo has dicho.