¡Y son todos niños! Héctor y Arantxa han ido de sorpresa en sorpresa y en poco tiempo han sumado cinco hijos: Mateo, de 6 años; Pablo, de 4; y sus trillizos de dos meses, Hugo, Adrián y Raúl
04 mar 2023 . Actualizado a las 17:31 h.Dice la canción de Rubén Blades que la vida te da sorpresas, pero estoy segura de que después de leer la historia de Héctor (41 años) y Arantxa (35), cualquiera cantaría ese estribillo con más intensidad. Un sorpresón de los buenos es lo que se ha llevado esta pareja, que ha visto cómo en poco tiempo su vida se ha puesto patas arriba. En pocos años se han multiplicado mucho. En el 2016 estaban los dos solos y ahora suman siete. Arantxa nació en Madrid, pero su madre es de A Mezquita, en Ourense, y allí vivió un tiempo también. Cuando empezaron a salir en el 2013 hicieron sus proyectos y siempre se imaginaron con una familia amplia. Le habían puesto incluso número, el 3, a los posibles hijos que pudiesen tener. Pero las historias no tienen por qué empezar bien. Lo primero que sufrió Arantxa fue un aborto tras un embarazo ectópico que hizo que el bebé no fuera adelante. Esperaron el tiempo prudencial, los seis meses de rigor que recomiendan, y se quedó embarazada rápido y sin ningún problema. Cuando estaba de casi ocho meses y sin haber pasado por el altar, Arantxa le dio la vuelta a la tortilla del cuento clásico, y se arrodilló delante de Héctor la Nochevieja del 2016 para pedirle matrimonio. «¡Como para decirle que no, allí rodeado de toda nuestra familia!», se ríe él, que por supuesto aceptó la petición. Se casaron en agosto del 2017, pero ya habían tenido a su primer hijo, Mateo, que había nacido en febrero de ese mismo año.
En ese momento vivían en Valladolid, él es celador y ella administrativa de la Junta de Castilla y León, y eran felices y comían perdices. Pero de nuevo sonó el estribillo de Rubén Blades: «Sorpresas te da la vida, ¡ay, Dios!». No lo esperaban tan pronto, pero el predictor les anunció, cuando Mateo tenía solo 9 meses, que otro bebé venía en camino. «Queríamos niños, pero lo cierto es que en aquel momento nos llevamos un disgusto —relata Héctor—, se iban a llevar muy, muy poquito tiempo y no nos lo esperábamos». Así nació Pablo, su segundo hijo, que ahora tiene 4 años, y solo se lleva 18 meses con el mayor, que ha cumplido los 6.
Arantxa y Héctor tiraron para adelante, como padres y trabajadores, sin ayuda familiar en Valladolid. El tiempo fue pasando y creyeron que era el momento de darles ese ansiado hermanito a sus hijos. Les había quedado la espinita de la niña, así que se pusieron a ello, y pronto recibieron la buena nueva de que Arantxa estaba embarazada. Se habían hecho a la maravillosa noticia, cuando al poquito les sobrecogió un revés. «En la semana 10 de embarazo nos comunicaron que el bebé no tenía latido. Le dieron unas pastillas para abortar en casa, sufrió unas contracciones y no tuvo que ingresar, pero fue traumático y doloroso para Arantxa; para ella fue como un pequeño parto», explica Héctor, que vivió el proceso con mucha angustia. Pasaron los meses, siguieron con su vida normal, y en cuanto ella se recuperó, Arantxa volvió a quedarse embarazada.
«Como ya teníamos dos malas experiencias, nos pusimos en manos de los médicos y, al ser un embarazo de alto riesgo, decidimos hacernos una prueba de ADN. Ahí supimos que esta vez sí la niña venía en camino. Y le pusimos nombre: Emma», cuenta Héctor. Las semanas corrían, todo iba normal, aunque un nuevo cambio les esperaba a la vuelta de la esquina. La familia, por motivos de trabajo, se tenía que trasladar a Zamora. Llegó la mudanza, y cuando ya estaban instalados, en la primera consulta ginecológica en esta ciudad recibieron la peor de las noticias: Emma no tenía latido.
«RECIBIMOS UN MAZAZO»
«Fue un antes y un después. Recibimos un mazazo —explica Héctor—. En ese momento aún estábamos en pandemia y no me dejaron estar con ella en la revisión. Enseguida me llamaron y ya me explicaron que Arantxa tenía que pasar por un parto en el hospital. Fue muy doloroso. Estaba ya de 20 semanas: la oxitocina, las contracciones... Emma nació muerta». «A los niños no les ocultamos nada, les dijimos la verdad. Que habían tenido una hermanita y que se había muerto», explica este padre, que desde aquí pide que las mujeres tengan la posibilidad de tener un período de descanso antes de volver a trabajar. «No todas pueden, y es necesario, porque hay mucho sufrimiento: tienes todo previsto para que nazca tu bebé y te vienes a casa con la manos vacías», reclama. En esas circunstancias, los dos se plantearon cambiar la realidad y dar un frenazo.
Héctor pensó incluso en hacerse la vasectomía y consultó a un urólogo, aunque triunfó la idea de tener a un niño de acogida en casa. «Era una manera también de enseñarles a nuestros hijos que se puede ayudar a otro», remarca. Cuando ya habían pasado la entrevista y estaban a punto de recibir a ese nuevo niño, otra gran sorpresa los sobresaltó: Arantxa se había quedado embarazada. Entonces, y en vista de lo ocurrido con anterioridad, se lo tomaron con mucha precaución porque no querían hacerse muchas ilusiones. «En la primera revisión nos dijeron que había dos bolsas, que en una se veía embarazo, pero en la otra no se veía claro», explica Héctor. Sin embargo, cuando volvieron al médico a los 15 días, recibieron una triple sorpresa. «No me olvidaré de la cara de la ginecóloga jamás cuando nos anunció que en una bolsa se veía uno, pero que en la otra bolsa se veían dos. ¡Venían trillizos!». «Le dije a la doctora que no siguiera mirando», bromea Héctor, que recuerda que lo primero que hizo al salir de la consulta fue irse con su mujer a tomar un café. «No hablamos, con la mirada fue suficiente», hace memoria. Como habían sufrido lo suyo, se lo tomaron con calma y, después del shock, decidieron seguir adelante sin grandes alharacas, relata Héctor, que afirma que Arantxa pasó un embarazo duro: náuseas, taquicardias, mareos y una anemia que casi la obliga a una transfusión: «Cogió la baja en la semana 16». Los niños estaban felices, y cuando supieron que iban a tener tres hermanitos, fueron ellos los que les pusieron el nombre en función de la posición que tenían en la barriga de su mamá.
En la semana 30, y en una cesárea programada, el 5 de enero nacieron en Salamanca Hugo y los gemelos Adrián y Raúl. Y ahí empezó otra lucha, la de la supervivencia, porque nada más venir al mundo, Adrián tuvo que ser intubado y estuvo 17 días sedado. «Fue, sin duda, lo peor de todo lo que habíamos pasado, ver a Adrián entre la vida y la muerte en la uci, rodeado de cables», dice Héctor.
Ahora, dos meses después de su nacimiento, los trillizos «están hechos unos toros» y en casa todo se ha normalizado un poco más, ya tienen todos otro confort: los tres bebés, y sus padres y hermanos, que lejos de celarse de los chiquitines, se pelean por llevarlos en los carritos que se han comprado (uno doble y otro individual). Arantxa y Héctor se turnan por las noches (uno duerme seguido y el otro atiende a los trillizos) o se reparten la madrugada (uno duerme un tramo bueno al principio, y el otro el siguiente), porque lo que tienen claro los dos es que tienen que estar fuertes para atender a sus hijos mayores.
«NO JUEGAS CONMIGO»
«Cuando llegué de pasar un tiempo en el hospital, Mateo me dijo: ‘Ya no juegas conmigo como antes’ y eso me rompió», apunta Héctor, que asegura que el tercero, el cuarto y el y quinto se crían solos: «Por el momento estamos pendientes del cambio de pañales y de darles el biberón, poco más». Pero eso lo dice él, porque Arantxa, como habrán observado, no ha podido atenderme con el lío que tiene. Si quieren ver cómo lo hace, en la cuenta de Instagram @Aventurascontrillizos relata cómo se las ingenia para darle de comer a dos a la vez y soportar el llanto por triplicado. Héctor y Arantxa viven de alquiler, en una casa de tres habitaciones, y todavía no han cambiado el coche. «Vamos paso a paso. ¡Hemos gastado en un mes 500 pañales», se ríe Héctor sin poder aún asimilar lo que les espera. Una última pregunta: ¿iréis a por la niña? «¡No, con cinco el cupo está cerrado —responde rotundo—. Arantxa ya aprovechó la cesárea para dejar el tema zanjado».