Marina no sintió nada, ni un vómito, ni una náusea, ni cansancio... Como tiene problemas hormonales y le había faltado la regla, no le dio importancia. Siguió tomando la píldora anticonceptiva y a un mes de dar a luz... ¡Sorpresa!
03 abr 2023 . Actualizado a las 16:32 h.A veces te encuentras con historias sorprendentes, otras veces con historias increíbles y luego están los milagros. Y hay ocasiones, incluso, en las que una misma historia reúne los tres adjetivos: sorprendente, increíble y milagrosa. Así es la que hoy relata Marina de la Peña, que a sus 26 años ya ha comprobado en su piel que la vida no va de farol y cuando menos te lo esperas te pone cuatro ases encima de la mesa. Pleno total.
Marina y su pareja son padres de una niña que acaba de cumplir un añito, pero fue a finales del 2021 cuando los dos supieron que iban a ser papás. Es decir, se enteraron de que ella estaba embarazada en el octavo mes, cuando solo les quedaban unas semanas para el feliz acontecimiento. «La niña nació el 5 de febrero del 2022, pero la fecha de parto que me dieron fue a finales de enero. Me enteré solo un mes antes, cuando estaba en el octavo mes», cuenta Marina, que sufrió tal shock cuando se lo comunicaron que durante tres horas no sabe lo que pasó. «Tengo una laguna, no recuerdo nada de ese tiempo, el cerebro hizo un mecanismo de defensa y bloqueó ese momento, fue un impacto del que tardé un tiempo en recuperarme», afirma. Pero vayamos por partes, porque aunque la esencia de este relato lo conozcamos, no deja de sorprender el proceso. ¿Cómo puede una mujer no darse cuenta de que está embarazada? Marina le pone toda la lógica para que la comprendamos. «Yo siempre he tenido reglas muy irregulares, desde que me vino el período nunca lo tuve a los 28 días, me diagnosticaron ovarios poliquísticos y para que te hagas una idea en el 2018 la regla me faltó un año. A veces desaparecía cuatro meses, volvía, y yo siempre he convivido con esas menstruaciones irregulares», dice. Por supuesto, en el tiempo del embarazo la regla se le ausentó, pero no le dio mayor importancia: solo esperaba a que regresara. Como, además, está diagnosticada de esos ovarios poliquísticos, le recetaron la píldora, que ella tomó siempre regularmente: «En realidad, en mi caso era más por mi problema hormonal que como anticonceptivo, pero a mí ya me hacía la doble función, así que yo llevo años tomando a diario la píldora. También la tomé claro, durante los meses en que ya estaba embarazada sin saberlo», aclara.
DOS AÑOS DE RELACIÓN ESTABLE
Marina y su pareja llevaban dos años de relación estable en ese año 2021, los dos tenían trabajo, pero no se habían planteado formalmente tener familia. «Lo habíamos hablado, pero ni se nos pasaba por la cabeza en ese momento, para mí era un sueño que quería hacer realidad, siempre lo había deseado, pero no a los 26 años, ni mucho menos en estas circunstancias. Lo pensaba en un futuro muy futuro», señala Marina, que a lo largo de su vida ha cambiado muchos pañales, porque es educadora.
¿Cuándo sentiste —le pregunto— que algo no iba bien, qué fue lo que te hizo ir al médico casi en el octavo mes de embarazo?
«Empecé a sentir que cuando comía cierto tipo de alimentos me sentaban muy mal, me repetía mucho la comida... Y sobre todo a lo largo del día la tripa se me ponía dura, a lo mejor empezaba la mañana bien, incluso yo metía la tripa y podía, pero por la noche ya la tenía superdura», indica. «Tú cuando no has tenido ningún síntoma lo último que piensas es que vas a estar embarazada de ocho meses», recalca. Marina entonces empezó a observar qué alimentos le hacían daño y decidió retirarlos de su dieta. «Eran, sobre todo, aquellos que tenían gluten: pan, pero especialmente la pasta», especifica.
«Pero, claro, hablamos del margen de un mes, porque yo empecé a sentir estos cambios en noviembre y supe que estaba embarazada en diciembre», añade Marina que, hasta ese momento no tuvo ningún síntoma. «Los primeros siete meses no tuve ni una náusea ni un vómito ni mareos. No estaba cansada, ni tenía sueño, no cogí mucho peso, y si lo cogí, serían tres kilos porque no cambié de talla; el pecho no me creció, porque no me subió la leche... Así que si tú no tienes nada de eso, no vas a pensar que estás esperando un bebé», apunta.
En ese espejismo, Marina vivió su vida a tope y con normalidad, porque lo que menos creía era que tenía un niño dentro de su cuerpo. Comió de todo en los primeros meses (jamón, queso, sushi...) y no se cortó en nada. «A mí no me gusta beber, soy más de refrescos, pero bebí algo de alcohol; estando de dos meses me caí de una moto de agua y me hice un esguince. Me hice el láser en la zona de la barriga, que es superpeligroso... Es más, una semana antes de saber que estaba embarazada, me fui con mi pareja a Roma y pateé todo, caminé 25.000 pasos cada día... Una embarazada de ocho meses no se pega ese tute, el cuerpo no le da...», se ríe.
Cuando en el mes de noviembre los problemas digestivos se agravaron, entonces decidió ir al médico pensando que tenía alguna bacteria. «En ese momento no me preguntaron por un posible embarazo, pero sí mi médico de cabecera me llamó la atención por mi sobrepeso. Siempre lo he tenido, desde pequeña, pero no era el motivo de mi consulta, así que en eso no me detuve», insiste. Marina le explicó, eso sí, la falta de la regla, sus digestiones y el doctor decidió hacerle unos análisis de orina y sangre. A los 20 días le dieron los resultados y ahí le explicaron que tenía el hierro bajo y la hormona del embarazo alta. «Me hice un test allí mismo y me dio positivo, pero no sabíamos si era por un tema hormonal por el desajuste que yo tenía. Me hice otro test al llegar a casa y volvió a dar positivo, entonces ya nos planteamos ir a una clínica privada esa misma tarde para que nos viera un ginecólogo y me hiciesen una ecografía», relata esta madrileña, que por supuesto, lo último que se le pasó por la cabeza era estar embarazada de ocho meses.
Cuando la pusieron en la camilla y le empezaron a hacer la ecografía, el ginecólogo fue claro: «Estás embarazada de 32 semanas». «Le miré y le dije: ‘¿Perdón, de cuántas? ¡Pero si me acabo de enterar!». El médico volvió a mirar el monitor y me dijo: ‘Entre 32 y 34 semanas’. Entonces le pregunté: ‘¿Qué hago?’. Y me respondió: ‘Irte al hospital porque pronto vas a dar a luz’», aclara Marina, que a partir de ese instante sufrió un shock, no se acuerda ni de cómo se lo dijo a sus padres.
La explicación que le dieron los médicos a Marina es que tuvo un embarazo críptico, un embarazo poco común, aunque es cierto que hay mujeres que también se enteran tarde por lo que está sabiendo ella a raíz de publicarlo en sus redes. «Respecto a la píldora lo que me dijeron es que al haber estado tanto tiempo tomando la misma marca pudo dejar de ser efectiva para mi cuerpo, como si esa píldora ya no me funcionase. Pero yo tampoco noté ninguna patada del bebé. A mí lo que me contaron es que mi niña estaba colocada a lo largo del abdomen y en esa postura tenía más espacio y hay menos movimiento», explica. Marina y su pareja necesitaron ambos ayuda psicológica para asumir la buena nueva y en ese aspecto ella reconoce que la matrona enseguida intercedió para que se agilizasen esas consultas. «Yo me sentía muy culpable, imagínate todo lo que le podía haber pasado a mi hija; te cuesta asimilarlo, no es fácil», apunta. Ninguno quiso saber el sexo del bebé en ese mes que les quedaba y en el que ella decidió seguir trabajando porque se encontraba bien, pero el 5 de febrero ya tuvieron a su hija en brazos. Una niña que los ha colmado de alegría y que ha disipado todas sus angustias. «¡Es tan buenaaaa, yo creo que nos lo ha querido poner fácil!», exclama su madre, que no tiene planes aún de aumentar la familia. «Llegará —se ríe— y espero poder disfrutar de ese embarazo». ¿Qué método anticonceptivo usas ahora?, le pregunto para despedirme. «La abstinencia», asegura rotunda. Así no hay fallo.