El Kremlin busca devolver el mando de la guerra en Ucrania al Ejército en detrimento de los mercenarios de Wagner
18 abr 2023 . Actualizado a las 21:39 h.Vladimir Putin visitó ayer por sorpresa a sus líderes militares en dos regiones ucranianas parcialmente ocupadas, Jersón y Lugansk, en su primera visita en 14 meses de guerra, «para escuchar el informe de la situación militar» en el este del país e «intercambiar información» sobre la evolución de la guerra. Aunque la visita se difundió ayer, el Kremlin no especificó las fechas concretas del viaje. Ucrania respondió acusando a Putin de acudir a la escena de sus «crímenes», mientras Volodímir Zelenski hacía acto de presencia en la ciudad de Avdiivka, en la región de Donetsk, para agradecer la labor de sus tropas en la defensa del país. Toda una demostración de fuerza de invasor y agredido antes de la anunciada contraofensiva ucraniana.
Durante la visita, Putin escenificó la devolución de la confianza en los pesos pesados del Ejército, tras ser relegados por los escasos progresos en la invasión y delegar la operación en el líder de los mercenarios del Grupo Wagner, Yevgueni Prigozhin, muy crítico con los altos mandos. Destaca la presencia junto a Putin del comandante de las Fuerzas Aerotransportadas, el reputado coronel general Mijail Teplinski, que había sido apartado por el Kremlin de las operaciones en Ucrania y que ahora ha vuelto al frente, según la Inteligencia británica, para encargarse de las operaciones en Jersón.
Un gesto que devuelve a Prigozhin a un segundo plano, puesto que los soldados de Teplinski son también la primera fuerza regular rusa que combate en la ciudad de Bajmut. El Kremlin quiere deshacerse de la rebeldía de Prigozhin y depositar el éxito de la invasión en el Ejército y en otros mercenarios más dóciles.
Zelenski, por su parte, procuró durante su visita a Avdiivka mantener indemne el espíritu vencedor y patriótico de sus fuerzas, algo que considera clave para conseguir la victoria.
Castigar la disidencia
Lejos del frente del este ucraniano, en Moscú se aprobaron una batería de medidas para endurecer aún más los castigos a la disidencia. Concretamente, se aprobó una ley para condenar con hasta cinco años de cárcel a los ciudadanos que cooperen con la Corte Penal Internacional, que dictó una orden de arresto contra Putin en marzo por el secuestro de niños ucranianos para su reeducación en Rusia.
Además, la Duma (Parlamento ruso) aprobó una serie de enmiendas a su Código Penal orientadas al mismo sentido. Una de ellas prevé la retirada de la ciudadanía a aquellas personas que cometan «delitos graves contra el Estado» y «desacrediten al Ejército», según el documento publicado en la web de la Cámara Baja.
Las otras dos introducen, por un lado, la cadena perpetua para el delito de alta traición, que hasta ahora estaba topada en los 20 años y, por otro aumenta la pena para actos de terrorismo de 15 a 20 años. Por reclutamiento o participación en delitos de terrorismo aumenta también de 5 a 7 años, y por complicidad, el juez puede decidir una condena de 10 a 12 años.
Estas medidas forman parte de la línea dura contra los opositores y disidentes que ha seguido la agenda de política interior del Gobierno de Rusia desde el inicio de la guerra, el cual también ha castigado la libertad de prensa, la propaganda LGTBQ+ y los movimientos opositores al régimen de Vladimir Putin.