Ucrania ataca en Rusia «para acabar con su sensación de impunidad»

Brais Suárez
Brais Suárez OPORTO / E. LA VOZ

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Agentes de emergencias en el centro financiero de Moscú, donde los restos de un dron de Ucrania colisionaron contra un edificio.
Agentes de emergencias en el centro financiero de Moscú, donde los restos de un dron de Ucrania colisionaron contra un edificio. EVGENIA NOVOZHENINA | REUTERS

Los altos mandos militares ucranianos creen que así debilitan al Kremlin. Kiev reivindica la necesidad de contar con más armas de largo alcance y deslizan ante sus aliados la posibilidad de lanzarlas contra los centros neurálgicos rusos

03 ago 2023 . Actualizado a las 23:12 h.

En los últimos días, Moscú ha sufrido varias ofensivas con drones, que se suman a las explosiones en el puente de Crimea y a los ataques, incursiones y sabotajes de transportes e infraestructuras, sin esclarecerse el último responsable. El Ejército y Gobierno ucranianos niegan su implicación en la mayoría de los incidentes y muchos de ellos, con pocas consecuencias, se atribuyen a saboteadores internos o a grupos paramilitares. Cuando, en mayo, 30 drones alcanzaron Moscú, el asistente presidencial ucraniano Mijailo Podolyak dijo que «por supuesto nos gusta ver y predecir más ataques, pero por supuesto no tenemos nada que ver directamente con esto». Se repetía la confusión de días antes, cuando otros dos aparatos cayeron sobre el Kremlin. Poco antes, el grupo paramilitar Cuerpo de Voluntarios Rusos había asumido la autoría de incursiones armadas en las regiones rusas de Bélgorod y Briansk, aunque una operación de ese calibre sería impensable sin la ayuda de Kiev, admitieron.

Una de las ideas que dan coherencia a estas agresiones esporádicas es la intención ucraniana de dispersar a las defensas rusas antes y durante la contraofensiva. Pero al margen de los ataques sobre infraestructuras claves en Crimea, los incidentes se caracterizan más por su valor simbólico que por los daños causados. Ponen en evidencia la fragilidad de Rusia y, sobre todo, acercan la guerra a quienes solo la habían sentido durante la movilización de septiembre.

Precisamente unos días antes del reclutamiento, el 7 de septiembre del 2022, el comandante en jefe del Ejército ucraniano, Valery Zaluzhny, y su teniente general, Myjailo Zabrodsky, publicaron un artículo sobre las perspectivas de la guerra en el 2023, en el que replanteaban el concepto de «centro de gravedad», acuñado por Clausewitz en De la guerra. Es «la concentración de todo el poder y movimiento del que todo depende, el punto hacia el que toda nuestra energía debe ser dirigida», escribió el militar prusiano, que lo asociaba a un punto físico. Zaluzhny y Zabrodsky consideran que, para Rusia, ese lugar es Crimea, dadas sus bases, almacenes y ubicación estratégica. Pero incluso reconquistándola, admiten, Rusia se podría recuperar con relativa facilidad.

De ahí que «debamos dejar de lado si es apropiado asociar el centro de gravedad a una cierta región de nivel estratégico. Solo resaltamos que es la fuente de poder físico y mental, fuerza y resistencia», explican. Aceptan que, a nivel de recursos, Rusia es superior. Y, por eso, establecen que el verdadero punto a batir de Rusia «es la naturaleza remota de la guerra para la mayoría de los rusos. Por su falta de proximidad, no perciben con tanto dolor las derrotas y errores». Y toman como ejemplo la consternación que causaron los ataques sobre el aeródromo de Saki, en Crimea.

Así establecen que la verdadera fuente de apoyo a la guerra «es simplemente la impunidad garantizada por la falta de proximidad física». «Además de las razones conocidas», como el revanchismo y ambiciones imperiales, escriben, «hay una mucho más práctica (…): la impunidad». Por eso, revertir esa sensación «puede cambiar el curso de la guerra», afirman.

Armas de mayor alcance

Un argumento con el que reivindican la necesidad de armas de largo alcance y parecen pedir permiso a sus aliados para dirigirlas al corazón de Rusia. Pero también insinúan, implícitamente, que Europa debe empezar a sentirse parte del conflicto. «Es difícil imaginar que incluso con ataques nucleares, Rusia subyugue la voluntad ucraniana de resistir. Pero la amenaza que emergerá para toda Europa no debe ser ignorada», sentencian aludiendo a una tercera guerra mundial.

Los autores no parecen, sin embargo, tener en cuenta las dificultades que una población tan dispersa como la rusa puede tener para castigar a un Gobierno con un aparato represivo como el de Putin. En Rusia, donde «la tele venció a la nevera», como ellos dicen, tanto los ataques como las sanciones no han hecho sino desatar el odio a Occidente y enardecer las posiciones más agresivas a favor del Kremlin.