Juan Cabrillana dio forma a un sueño creando Viajes de la Edad Tardía: «Dejé el trabajo de toda la vida y, a los 54 años, me propuse ser feliz»

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Juan en la Ribeira Sacra.
Juan en la Ribeira Sacra.

MEDIO SIGLO, VIDA NUEVA. Este economista llevaba 27 años trabajando diez horas al día en una oficina hasta que decidió parar. Se fue a ver a su madre al «resort» en el que vivía y allí, en pandemia, surgió la chispa de su original proyecto para mayores. «¡La relación con mi mujer ha mejorado mucho! Ahora gano menos, pero no pienso en jubilarme...», asegura. La vida puede empezar a los 50

04 nov 2023 . Actualizado a las 00:16 h.

En los viajes en la edad tardía, acompañando a mayores que no pueden verlo todo ni moverse a la velocidad del mundo actual, ha encontrado Juan Cabrillana, a los 54 años, un trabajo que le hace feliz. «Yo tenía un buen empleo, un empleo estable, cómodo. Soy economista y llevaba 27 años haciendo el mismo trabajo todos los días», contextualiza Juan, fundador de Viajes de la Edad Tardía. Su jornada laboral antes del cambio abarcaba de lunes a viernes, «diez horas diarias». «Aparte de que estaba aburrido y muy desencantado, estaba bastante estresado», cuenta. ¿Trabajando diez horas al día, dejaba lo de vivir para el fin de semana? «Era difícil, sí... Trabajaba para una empresa editorial de un grupo francés y había que reportar continuamente datos. Yo estaba siempre inmerso en balances y resultados. Al final, la mayor alegría del día era ver cómo estaba todo cuadrado en una hoja de Excel, en cero». Qué significativo.

Muchos días acababan así, en cero, para este economista que se veía compensado con aspectos como salir los viernes a las 15.00 y poder aparcar sus cuentas hasta el lunes. «Inicialmente, todos pensamos que lo ideal es un trabajo cómodo», admite, que permita no estar a la intemperie y tener los fines de semana libres. «Nos educan para llegar ahí. Mi madre quería que yo estudiara y que acabara trabajando en un banco. Pero la gente no se da cuenta de que en ese tipo de trabajos suele ser difícil encontrar la felicidad. Ya no digo la felicidad, pero sí al menos un trabajo en el que disfrutes un poco», plantea. El ambiente laboral y las presiones contribuyen a ese malestar que va calando como lluvia fina, sin que uno se dé casi cuenta.

Justo antes de la pandemia, Juan tomó la decisión de pedir una excedencia en la empresa. Su madre estaba en Alicante, donde vivía en una residencia para mayores. Se fue con ella. «Yo lo que quería era desconectar totalmente», dice. ¿Una excedencia para cuidar de ti mismo, más que de tu madre? «Sí, tenía la necesidad de cuidarme». El período de excedencia comenzó el 1 de marzo del 2020. El día 8 se decretó el estado de alarma y a Juan no le fue mal. «El resort donde vivía mi madre es un complejo cerrado, donde no hay mucha gente, con muchas zonas para poder pasear. Tuve un encierro en la pandemia muy agradable porque, en realidad, no tenía que estar encerrado en casa», cuenta. Ese fue el inicio de su siguiente proyecto profesional, el que le dio un giro total a su vida. «Pensé en los mayores. Vi que las personas mayores en España, en general, no salen de casa, son poco activas, apenas participan en las actividades, aunque las tengan cerca».

A Juan siempre le había gustado viajar. «Fuera del Imserso, no hay opción de viajes organizados para personas mayores, que no sean encorsetados», advierte. Y se le encendió la idea de fundar Viajes de la Edad Tardía. Quería un nombre que se asociase a personas mayores. Desechó fórmulas del tipo Viajes Dorados o de la Edad Dorada. Y pensó en Luis Landero y su novela Juegos de la edad tardía.

«Cuando se te ocurre algo así, piensas dos cosas: o ‘he descubierto algo’ o ‘este tema no existe porque no es viable’», comenta el emprendedor.

Romper con el «concepto Imserso» fue lo que se propuso en su pequeña y singular empresa viajera. «Quería otro concepto, el de viajes con encanto: escapadas para visitar un castillo o un pueblo con vistas a la montaña, alojamientos diferentes a lo habitual. Y en cuanto a restaurantes, lo mismo, evitar el local turístico y apostar por los que ofrecen comida local».

Con Paco, uno de sus clientes, en la isla de Lanzarote.
Con Paco, uno de sus clientes, en la isla de Lanzarote.

«Gano menos, vivo más»

Entre sus clientes (muchos, latinoamericanos, de uno a cuatro en cada viaje) son mayoría los que han viajado siempre, pero sienten que ya no pueden hacerlo solos. Juan es su equipo. Él es la persona que acompaña a cada uno de sus clientes en sus escapadas. «Estoy yo y no quiero ir a más. Me gusta que el proyecto sea pequeño, para que no acabe como el trabajo anterior. Prefiero algo tranquilo. Estoy ganando menos dinero que antes, pero no es dinero lo que busco», revela. A sus 54, Juan quiere una actividad que sea «gratificante». «Me da vergüenza decirlo, pero los comentarios que hacen en Google personas que han viajado conmigo o familiares son muy buenos. Y eso hace que haya merecido la pena este proyecto. Es gente que no habría podido viajar si no hubiera este sistema». Son viajes flexibles, a otro ritmo, sujetos a las necesidades de los viajeros. Sin prisas.

Del cambio Juan no se arrepiente «para nada». «Siento que antes no había podido hacerlo. Tienes responsabilidades, tu familia, y te sientes atrapado. Mi situación cambió cuando mis hijas terminaron sus estudios y tenía pagada la hipoteca de mi casa. Y fue el momento perfecto para lanzarme. Es una satisfacción hacer algo que te gusta, con lo que disfrutas, ser dueño de tu tiempo. Decidir tú qué vas a hacer no tiene precio», asegura.

En marzo del 2022 hizo su primer viaje con mayores. Este año tiene ya hechos o previstos un total de 14. Ese número «está bien» para Juan. Le permite también tener tiempo para disfrutar de los suyos, para estar en casa. «¡La relación con mi mujer ha mejorado mucho! A ella, al principio, le costó aceptar este cambio, lo que supone pasar de la seguridad de un salario estable a no tener nada seguro, pero con el tiempo lo ha entendido y me apoya mucho», revela.

Ahora la pareja se ve menos, por los viajes de Juan, pero cuando están juntos el momento es muy bueno, especial. Además de por trabajo, Juan viaja con su pareja por placer. Visitan con regularidad a la madre de ella en Zamora y él se adapta a sus horarios de enfermera, que tienen su dificultad.

Vive en Madrid, pero, para él, «el norte es el paraíso». En Asturias tiene un refugio. De abuelo gallego, siempre cuenta Galicia entre sus destinos para saborear. Este año ha venido varias veces. La ruta de la camelia es una de sus favoritas en este recuncho para la edad tardía... ¡y para las demás!

Gloria, la bibliotecaria en San Cibrao das Viñas, es de A Coruña (en la foto, en San Andrés) y vive en Ourense.
Gloria, la bibliotecaria en San Cibrao das Viñas, es de A Coruña (en la foto, en San Andrés) y vive en Ourense. GONZALO BARRAL

Gloria, 53 años, sacó una oposición y cambió en un mes de ciudad y de trabajo: «No entiendo a la gente que al cumplir 50 piensa que ya está todo hecho»

Medio siglo, vida nueva. «Cada día aprendes algo», piensa esta historiadora del arte de A Coruña que tras cumplir 50 sacó la oposición de bibliotecaria, se mudó de ciudad y supera ya su edad en viajes

Ana Abelenda

La vida se cuenta en años, pero la edad, para algunos, no es definitiva. ¿Se puede volver a empezar de cero a los 50? «Claro, es posible volver a empezar cada día», afirma Gloria Rodríguez, historiadora del arte de A Coruña que aprovechó el confinamiento en la pandemia del covid para preparar la oposición de bibliotecaria. Aprobó y debió mudarse de ciudad por el trabajo. Y hoy es la orgullosa y feliz bibliotecaria de San Cibrao das Viñas, que en verano tuvo su colaboración en RNE, en No es un día cualquiera, donde hablaba de los servicios que ofrece una biblioteca pública a los niños o a las personas discapacitadas y, entre otras curiosidades, de desastres bibliotecarios como inundaciones e incendios.

«Yo era profesora en una academia y, con vistas a tener algo más estable, me puse a preparar oposiciones. Conseguí la plaza en San Cibrao», cuenta esta lectora voraz y viajera que apenas para un fin de semana en casa.

Gloria volvió a empezar cumplidos los 50 en una profesión y en un lugar nuevos, se dio un mes para esa mudanza. Cambió alumnos por lectores, A Coruña por Ourense y es en esta ciudad donde ha debutado, por primera vez en toda su vida, en la experiencia de vivir sola, que, admite, tiene sus peros.

«Hasta ahora no había vivido sola en mi vida», dice. Cuando dejó, mayor de edad, la casa de sus padres, lo hizo para irse a estudiar a Santiago, donde compartió siempre piso con amigas. Tras acabar su carrera, Historia del Arte, ya se casó. Se despidió de la facultad en junio y en agosto estaba casada. Tras unos años, nació su hija, Marina, que hace un máster en Lovaina (Bélgica). «¡Me has abandonado!», cuenta que le dijo su hija cuando se mudó a Ourense tras ganar la plaza. «Le dije: ‘No, no te he abandonado, me fui a trabajar’». Gloria tenía 51 y su hija treinta menos, y antes del giro vivían juntas en A Coruña.

Aunque lo cuenta con humor, Gloria dice que empezar a vivir sola le pasó factura. Lo notó en la cesta de la compra y en el silencio en casa. «Respecto a vivir con mi hija, a vivir sola no le veo ningún pro. Ella y yo nos llevamos bien. El único inconveniente que tenía vivir con ella era que, cuando salía, al llegar de madrugada me despertaba. En Ourense, no me despierta nadie», cuenta.

Normalmente, Gloria trabaja en horario de mañana y tarde, y siempre sale a correr una hora tras acabar su jornada. «A veces son las once y aún estoy haciendo cosas... No tengo mucho tiempo, pero echo de menos la vida social que tenía en A Coruña», admite.

El contacto con los demás le da energía. Es de ir a meetups y reunirse con gente para hablar un idioma. Aprendiendo una lengua se hacen amigos. Antes de mudarse de provincia, iba los martes a uno de italiano y los jueves a otro de alemán. Los echa de menos.

«Leo, paseo, nado... Y a veces voy a la piscina municipal», resume Gloria sus tardes de verano en Ourense, en las que solía ir al embalse de Castrelo de Miño con un libro. El verano es la estación de las visitas. En otoño cambian su horario y su agenda: las tardes son para trabajar y menguan las visitas de amigas. Pero Gloria no deja de moverse. El sofá y la mantita no son para ella. «Mi cuñado siempre decía que el sofá es el peor invento. Te echas en él y entras en bucle, y no puedes salir», sonríe.

Gloria en un viaje a Chicago y en una escapada a Taormina, el destino que puso de moda la serie «White Lotus».
Gloria en un viaje a Chicago y en una escapada a Taormina, el destino que puso de moda la serie «White Lotus».

Levantarse a las 3.00 para coger un vuelo no la estresa. Cuando la entrevisto, acaba de volver de Croacia, adonde fue con su novio, italiano, y tiene previsto pasar un fin de semana en Madrid y otro en Lovaina. «Si pudiera pedir un deseo, sería la teletransportación, poder teletransportarme sin tener que facturar y ahorrándome las esperas», dice.

Viajar es una de las grandes pasiones de esta bibliotecaria que habla italiano, inglés y alemán, y empezó francés. «Me gustan todos los tipos de viajes. Soy feliz en ese que haces para descansar, pero para mí, realmente, lo más interesante de un viaje es conocer otras cosas, otros mundos, ver arte, ver gente, probar comidas...», comenta Gloria. Ahora, con su hija, hace viajes largos, de esos que empapan. «El primero de ese tipo que hicimos juntas fue uno a Tailandia y a Vietnam. ¡Nos pasó de todo, pero nos reímos muchísimo! Lo recuerdo como uno de los mejores de mi vida». En ese viaje descubrieron «la Venecia asiática», quedaron fascinadas con los templos y los mercadillos nocturnos. Después llegaron a China y Filipinas, y el flechazo con Shanghái y Hong Kong... Su lista de países visitados supera los 50.

¿Receta para vivir a tope? Motivación y disciplina. «Soy bastante voluntariosa. Creo que con ganas y disciplina en la vida todo se puede conseguir. No entiendo a esa gente que dice: ‘Eso no es para mí, yo no soy capaz’. ¿Por qué no? Yo estudié las oposiciones [siguiendo un plan de estudio de ocho horas diarias] y me quedó tiempo para otras muchas cosas: iba al meetup de italiano, y al de alemán dejé de ir porque se disolvió, hacía deporte todos los días... Es organizarte, no puedes levantarte a las 11.00... Yo a las 7.00 o 7.30 estoy despierta», cuenta.

Gloria, este octubre en Ourense.
Gloria, este octubre en Ourense. Santi M. Amil

CUALIDAD ESTRELLA

La felicidad, según Gloria, está sobre todo en la cabeza. Pero llega hasta los pies: «Correr es un deporte que no había hecho hasta hace diez años. Empecé con más de 40, porque no le veía la gracia... Y después es el deporte que más agradeces, aunque no sea el más divertido de todos». Una hora al día de running es suficiente para ella, que acaba de apuntarse a una escuela de pádel, para retomarlo tras ocho años sin pasarse por la cancha.

Conserva la pandilla de amigas del instituto («las de Eusebio da Guarda son mis amigas-amigas»), con las del colegio retomó el contacto («quedamos para comer en alguna ocasión») y las relaciones sociales son vitales para ella. «Hay gente que dice que disfruta estando sola; yo no. A mí me gusta la gente. De hecho, es lo que más me gusta de estar trabajando en San Cibrao». Algunas de las lectoras le llevan bizcochos. A menudo hacen terapia de grupo y comparten novelas (como Historias de mujeres casadas, de Cristina Campos). «No me puedo imaginar la vida sin gente, sin amigos, sería una pena», dice Gloria. Sin amor, tampoco. «El amor de pareja y el placer son importantísimos a cualquier edad. Me encanta ver a la gente mayor enamorada, a esas parejas mayores que tienen complicidad. La pasión es fundamental también a los 50», no duda. A la hora de escoger pareja, quizá la prioridad cambia («ahora, valoras que sea buena persona, que te entienda, compartir aficiones»).

Una de las cualidades de Gloria, y de las que más valora, es la capacidad de adaptarse. «Hay que ver lo positivo de cada situación. Yo no contaba con venirme a los 53 a un pueblo de Ourense. Nada es como prevés en un principio, la vida te tiene preparadas otras cosas... Pero hay que tratar de adaptarse y ver lo bueno. Quizá si me hubiera quedado en A Coruña, estaría con mi gente, pero en el trabajo no sería tan feliz», valora. «No entiendo a la gente que piensa que a los 50 ya está todo hecho. Cada día aprendes cosas», asegura. La lectura siempre depende de la mirada.