La guerra en Oriente Medio, la contraofensiva frustrada contra las tropas rusas y los decrecientes apoyos internacionales juegan en contra de Kiev
06 nov 2023 . Actualizado a las 05:00 h.La guerra en Ucrania tiene menos protagonismo que nunca. El inesperado y violento conflicto de Oriente Medio eclipsa los pequeños avances de la contraofensiva ucraniana. Precisamente, el enquistamiento de los combates en la región oriental del Dombás no se debe confundir con una paralización de la guerra. Sin cumplirse las expectativas de recuperar sus territorios, ahora Kiev debe luchar contra el pesimismo y, sobre todo, contra el posicionamiento del conflicto a un segundo plano internacional, algo que Moscú ansía desde el principio.

Pesimismo de Kiev
Contraofensiva estancada. Año y medio de guerra y una quinta parte del territorio de Ucrania todavía ocupado. Tras cinco meses de contraofensiva, Kiev solo ha recuperado 17 kilómetros. En una reciente entrevista a The Economist, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Valeri Zaluzhni, admitió que sus fuerzas «se han quedado atrapadas en campos minados bajo ataques de artillería y drones del Ejército ruso». Ante todo, teme «el riesgo de una guerra posicional, de trincheras, que podría prolongarse durante años y agotar al Estado», dada su inferioridad de recursos.
El comandante estima que el Ejército enemigo podría haber perdido unos 150.000 soldados, pero admite abiertamente que «fue un error pensar que se podría detener a Rusia desangrando sus tropas». Estas palabras han causado una tormenta en Kiev.
Los frentes
La batalla por Avdivka e integración de Wagner. Rusia insiste en la debilidad de su rival: su presidente, Vladimir Putin, cree que la contraofensiva «ha fracasado» y su ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, asegura que el Ejército ucraniano «tiene cada vez menos oportunidades». La demora en la llegada del nuevo armamento de Occidente para Kiev ha permitido a Rusia reagruparse, mejorar sus sistemas antiaéreos y mantener la retaguardia rival bajo constantes ataques.
Moscú divide sus esfuerzos: en las regiones orientales de Donetsk y Járkov se libran los combates más cruentos. A inicios de semana, infringió el mayor ataque de la guerra por número de localidades (118) y se prepara para un tercer asalto sobre Avdivka (en Donetsk), uno de los bastiones ucranianos más fortificados desde el 2014. Allí combaten antiguos mercenarios de Wagner, que se van integrando rápidamente en el Ejército regular ruso, como anunció el líder checheno, Ramzán Kadírov. La otra gran disputa es el eje ferroviario de Kupiansk, en Járkov. En el frente sur de Jersón, las incursiones ucranianas sí han obligado a los rusos a cambiar al jefe de las fuerzas.
Financiación
Estados Unidos, dividido. «Lo más aterrador es que parte del mundo se ha acostumbrado a la guerra en Ucrania», dijo el presidente Volodímir Zelenski a Time tras su última visita a Washington, a inicios de octubre. Entonces, alrededor del 41 % de estadounidenses estaba a favor de seguir enviado armas a Kiev, ya un 19 % menos que en junio, según Reuters.
Esa división también avanza en las instituciones políticas de Washington, principal benefactor de Kiev. Desde verano no se firman nuevas ayudas a Ucrania. Aunque los secretarios de Estado y Defensa solicitan un paquete transversal para Ucrania, Israel y Taiwán, el creciente peso del ala dura republicana (muy aislacionista) en la Cámara de Representantes puede anular el compromiso de la Casa Blanca con Kiev, ya muy discutido antes del estallido en Oriente Medio. De hecho, el pasado jueves la Cámara Baja aprobó apoyos exclusivamente destinados a Israel (previsiblemente, el Senado los rechazará), en lo que fue el primer gran reto para su nuevo speaker, el republicano Mike Johnson.
El plano diplomático
Las incoherencias de Occidente. Algunos de los más altos representantes occidentales han mostrado su apoyo incondicional a Israel e incidido en su derecho a defenderse. Un gesto que ha horadado una larga batalla diplomática para crear consenso contra las violaciones del derecho internacional cometidas por Moscú. «Todo el trabajo que hemos hecho [en favor de Ucrania] con el Sur Global se ha perdido. Olvídense de reglas, del orden mundial. No nos volverán a escuchar», dijo un diplomático de G7 al diario Financial Times, reclamando una perspectiva homogénea sobre los crímenes de guerra.
«Lo que decimos sobre Ucrania debe aplicarse a Gaza. Si no, perderemos toda nuestra credibilidad. Brasileños, sudafricanos o indonesios preguntarán por qué apoyar lo que decimos sobre derechos humanos», recoge el diario. Desde la Unión Europea, su jefe de la diplomacia, Josep Borrell, mantiene el apoyo a Kiev por «el tiempo que sea necesario».
Kiev, con Occidente pero contra el imperialismo
Una de las situaciones más paradigmáticas se dio la pasada semana en la Asamblea General de la ONU, cuando solo 14 países votaron contra un alto el fuego en Gaza. Ucrania, en el bloque de EE.UU. e Israel, era uno de los que se opuso al cese de las hostilidades. Al contrario, Rusia secundó la necesidad de detener los ataques sobre el territorio palestino. Posturas paradójicas, si se atiende a lo que ocurre en suelo ucraniano, pero muy representativas de la polarización entre Occidente y el resto del mundo. Días más tarde, Israel, Ucrania y Estados Unidos fueron los únicos que no condenaron el embargo de Washington sobre Cuba.
Volodímir Zelenski dijo el 9 de octubre: «La única diferencia es que Hamás es una organización terrorista que atacó Israel, y Rusia es un Estado terrorista que atacó Ucrania». Desde el 7 de octubre, Ucrania insiste en que, de no frenarla, la invasión de Rusia sobre su territorio es el inicio de una única guerra mundial, con un segundo episodio en Oriente Medio. Kiev presenta ambos conflictos como uno mismo, pero en vez de adoptar la óptica imperialista que imputa a Rusia, ahora argumenta una defensa de los valores occidentales. De momento, los apoyos de países musulmanes como Catar, Arabia Saudí o Turquía no parecen peligrar para Kiev.
Imperio contra colonialismo
Este conflicto «es un regalo del cielo para Rusia», dijo un alto funcionario de la UE a Financial Times. «Rusia explota la crisis diciendo: ‘mirad, el orden global que se ha creado tras la Segunda Guerra Mundial no está funcionando para vosotros', dirigiéndose a los mil millones de habitantes de Oriente Medio o del mundo árabe». Vladimir Putin culpa a EE.UU. por el fracaso en Oriente Medio e insiste en la idea del «feo sistema neocolonial», una carta que lleva décadas jugando ante las antiguas colonias de Occidente y un mantra de su propaganda externa.
De ahí, la tibia respuesta del Kremlin a los ataques de Hamás, que no condenó pese a que se cobraran la vida de 16 ciudadanos rusos. Y de ahí, que una delegación del movimiento islamista haya visitado Rusia. Ambos, con un aliado clave: Irán. Sin reparar en las contradicciones, Rusia se posiciona como el adalid del mundo multipolar, que aspira a dirigir.