Luis Prieto, sexólogo: «La disfunción eréctil es preámbulo de un infarto agudo en 2 o 3 años»

María Cobas Vázquez
maría cobas OURENSE / LA VOZ

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Luis Prieto impartió una charla anoche en el Liceo de Ourense.
Luis Prieto impartió una charla anoche en el Liceo de Ourense. Miguel Villar

El especialista habla del porno como el «peor educador sexual que hay»

22 nov 2023 . Actualizado a las 13:48 h.

Médico de familia y jefe de servicio en el centro de salud de A Carballeira en Ourense, Luis Prieto es también sexólogo clínico. No solo pasa consulta a diario, sino que mantiene muy viva su faceta divulgadora, con charlas dirigidas a toda la población, porque el sexo es salud y no hay motivos para renunciar a una buena vida sexual. Por eso, dice, cuando hay un problema, hay que consultar.

—¿Todavía cuesta pedir ayuda en temas de sexo?

—Sí, sí. Cuando hay menos líbido, menos deseo, problemas de erección... A la gente le cuesta preguntar. Y también a los médicos, porque los pacientes suelen obviar el tema. Cuando haces una pregunta medio directa lo habitual es que te digan «todo eso bien», pero a los cuatro días regresan para decirte que «en realidad, no tan bien». Los médicos debemos ser proactivos y preguntar. La disfunción eréctil, la eyaculación precoz o la anorgasmia son oportunidades de detección precoz en la consulta de atención primaria, porque son síntomas centinelas de otras enfermedades. Una disfunción eréctil es el preámbulo de un infarto agudo de miocardio en dos o tres años. Es muy relevante preguntar por eso a los pacientes antes de los sesenta años. Y en un paciente que está tomando antidepresivos, por ejemplo, sabemos que sí o sí van a afectar a la esfera sexual.

—¿Y qué hay del estrés?

—Sabemos que el estrés hace daño para todo, pero particularmente a la vida sexual afecta mucho: a las relaciones y a la reproducción. Afecta a nuestro desempeño sexual en general.

—Entonces no hay que renunciar al sexo, sino pedir ayuda.

—Es muy importante preguntar siempre. Para una persona joven tener una disfunción eréctil es un drama y tiene solución, porque normalmente es psicológico y se arregla perfectamente. Para una persona diabética con 30 o 40 años de evolución sabes que sí o sí va a tener una disfunción eréctil orgánica por culpa de la diabetes. Pero no todo es coito. Están el sexo oral y manual, las caricias, el uso de juguetes... No debemos centrarnos exclusivamente en una sexualidad coitocéntrica, que es lo que vemos en el porno.

—Que es por donde normalmente entran los chavales al sexo.

—El porno es el peor educador sexual que hay. En una sexualidad de dominación, machista, en la que por encima de todo está el pene y si es más grande mejor, cuando eso no tiene por qué ser así. Y después está la sumisión de la mujer. Y las expectativas... En el porno parece que las mujeres tienen infinidad de orgasmos y que los actores aguantan horas y horas; y después choca uno con la realidad porque no es así. La buena sexualidad, una no tóxica, está muy lejos del porno. Aparte de que la sexualidad de la mujer es de emociones, de intimidad, de sentimientos... quizás es más compleja que la de los hombres. El modelo sexual de Basson habla muy bien de eso, de como no es plana como las de los hombres: deseo, excitación, orgasmo y resolución.

—No todo es coito.

—Efectivamente. No todo está en los genitales. Hay otras zonas erógenas que también son muy satisfactorias, como los pezones, los lóbulos de las orejas, el cuello... O, mentalmente, las caricias y la complicidad también nos dan mucho. Yo hablo del analfabetismo sexual de esos que van a los programas de televisión diciendo «yo busco un empotrador». ¡Dios mío!, pero si es lo más fácil.

—También cita la inteligencia artificial y la robótica sexual. ¿Sexo con robots?

—Llevamos diez años con la producción de robots sexuales. Son muy caros, no es comprar un Satisfyer, pero la robótica en Japón está bastante implantada, sobre todo entre los pudientes, porque igual vale 10.000 euros. Se calcula que en el 2050 una de cada dos personas tendrá un robot sexual.

 «Alguna mujer te dice: ‘El tratamiento me quitó la migraña... y los orgasmos'»

Dice el sexólogo que todavía cuesta hablar de problemas en la sexualidad, aunque hay excepciones, y cita entonces el caso de la Viagra.

—Con la eclosión de las pastillas para la disfunción eréctil la gente las pide más abiertamente porque sabe que son efectivas. La única contraindicación es estar tomando vasodilatadoras, porque la Viagra es uno y podrían potenciarse los efectos.

—¿Y en el caso de las mujeres?

—La disfunción sexual más frecuente en las mujeres es el bajo deseo, que se acentúa con la menopausia. Pero no suelen preguntar. Yo me preocupo del tema y les pregunto, por ejemplo, si tienen sequedad vaginal. Pero, por ejemplo, en el caso de una mujer que toma Tryptizol para la migraña te lo dice directamente: «El tratamiento me quitó la migraña, pero también los orgasmos».

En general nos cuesta preguntar por nuestras disfunciones.

—¿Por qué?

—Porque la potencia sexual se contempla desde un punto de vista muy masculino. Yo siempre digo que no todo es coito en una relación sexual ni todo es orgasmo. Puedes tener una vida sexual fenomenal sin tener coitos ni orgasmos. Mucha gente con esclerosis múltiple, que no puede tener orgasmos (porque la enfermedad produce anorgasmia entre otras cosas), tienen una buena vida sexual. Y lo mismo pasa con los enfermos terminales, que igual no están para hacer el coito, pero sí para tener relaciones sexuales. Y sin irnos a esos casos, a una mujer de años que tiene mucha sequedad vaginal y que podría usar lubricantes, puede no gustarle el coito y preferir las caricias, por ejemplo.