Carmen dio a luz a un bebé sin vida: «Me sanó tener otro hijo tras haber perdido uno»

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ESTHER PEREZ

Su niña arcoíris. Se llama Aurora porque con ella llegó el amanecer tras perder a la anterior en el último trimestre de embarazo. Tuvo un parto en silencio y el dolor de perder a quien llevaba en su vientre, pero sigue presente en la familia:  «Tengo cinco hijos, pero solo he criado a cuatro»

24 dic 2023 . Actualizado a las 10:24 h.

Carmen Osorio es madre de cinco hijos, aunque como bien dice ella, solo ha podido criar a cuatro. En el último trimestre de su cuarto embarazo perdió a la niña que llevaba en su vientre. Una pérdida que, tanto para ella como para su marido, Chema, les ha provocado un gran dolor. «Es muy traumático perder a un bebé y dar a luz a una niña fallecida. Además es un duelo que, socialmente, la gente no ve, no entiende que pases por un dolor tan grande, porque al final nadie le ha puesto cara. No es como cuando se te muere tu padre o una persona de tu entorno que todo el mundo conocía. La gente no entiende que tengas que pasar un duelo. Es como que enseguida tienes que estar bien. Y pensar en que puedas tener otro bebé. Entonces, es un duelo complejo por eso», comenta esta periodista que se hizo conocida por su blog No soy una drama mamá y que ahora está más centrada en su proyecto para alertar a las familias sobre la adicción a la tecnología.

De todo ese proceso doloroso, lo más duro fue el parto. La cogió en Barcelona, de vacaciones, fue en agosto del 2017: «Me lo tuvieron que provocar porque me dijeron que ya no tenía latido. En un parto esperas encontrar vida, no muerte. Es traumático en todos los sentidos. Y pierdes a un hijo para siempre. Esa pena va a estar ahí. Piensas en cómo hubiera sido ese bebé... ». Carmen ya tenía tres hijos, todos ellos niños, cuando decidió volver a quedarse embarazada: «Tuve el cuarto porque me apetecía, podíamos en ese momento tanto económicamente como por mi trabajo. Yo ya trabajaba desde casa. Entonces dijimos que íbamos a por el cuarto. Si nacía una niña, guay, pero no fuimos buscándola. Lo que pasa es que no es lo mismo saber que tenías una niña a no saberlo». Ya le había puesto nombre, aunque reconoce que cuando ingresó en el hospital a punto de dar a luz no se atrevió a darlo: «Vengo de una familia de Cármenes. Mi madre, mis abuelas, yo... Entonces siempre dije que cuando tuviera una hija la llamaría Carmen. Pero cuando me preguntaban el nombre, porque en Cataluña tienen muy avanzado el tema de los protocolos y querían hacerme algún recuerdo y poner el nombre, yo les dije que no lo sabía porque mi cabeza en ese momento estaba pensando en reemplazarla. Me decía: ‘Bueno, si tengo otra hija, la llamo Carmen'. Fíjate cómo es ese parto, porque yo ya sabía que estaba muerta».

Tampoco fue fácil para su pareja, que, como explica ella, se dio «un tortazo de realidad» en el momento que la tuvo delante: «Ahí se encuentra con esa niña que, además, se parece físicamente a uno de sus hermanos. Y, de repente, se da cuenta de que estamos con nuestra hija en brazos y que está fallecida. Es verdad que a nivel hormonal no estamos igual, porque yo tengo que pasar por un posparto sin bebé. Y todo eso también suma. Pero él también sufre. Y los niños, porque te ven mal. La tristeza que deja un acontecimiento así en la familia es para todos». Carmen comenta que sus hijos no fueron tan conscientes de la pérdida del bebé porque era pequeños, pero sí apreciaron la tristeza en sus padres: «Y de repente, llega otra niña y vuelve la alegría».

Seis meses después de recibir ese duro golpe de la vida, se volvió a quedar embarazada y tuvo a Aurora, su bebé arcoíris: «Me sanó tener otro hijo. Para mí era una necesidad. Aunque conozco casos que no han podido o no han querido. Pero yo sí. Sentí que, de alguna manera, tenía que volver a vivir la maternidad bonita y no quedarme con eso. Iba a pesarme mucho».

Nuevo embarazo

Eso sí, este nuevo embarazo lo vivió con muchísimo miedo. «Es una emoción que viene constantemente. Yo dejé de hacer deporte por miedo, aunque no está contraindicado, salvo casos excepcionales. Tienes miedo cuando vas fuera y comes determinadas cosas. También estaba un poco obsesionada con los movimientos del bebé. Si a lo mejor un día se movía menos, ya estaba pensando en que podía haber fallecido. Tienes miedo a que vuelva a pasarte. Es un embarazo psicológicamente duro, pero una vez que ya superas esa fase, llega tu bebé arcoíris», comenta. Y la define así: «Aurora significa ‘amanecer 'y le puse ese nombre porque es muy simbólico. Además, hasta que nació no supe su sexo. Me daba miedo disgustarme si venía un niño, porque yo ya tenía tres niños y la cuarta era una niña por primera vez. Tenía mucha ilusión por esa niña, que se llamara Carmen como yo y demás». «Y tenía miedo a tener cierta decepción por que fuera niño, por si mi cuerpo no podía gestar bien a las niñas... yo ya había perdido una niña. No es lo mismo que te quedes embarazada diciendo: ‘Bueno puede ser otro niño y no pasa nada'; a decir: ‘Es que yo me he pasado muchos meses gestando una niña y haciéndome a la idea de que iba a tener una hija'. Es como que me habían quitado una hija. Pero luego llegó Aurora y fue como respirar. Fue volver a oír el llanto en el parto. Nadie habla de ese parir y, de repente, el silencio absoluto. Fue volver a encontrarme con la vida», asegura.

Muy apegada

Desde el primer momento sintió un vínculo muy fuerte con ella: «Es supercañera y está muy estimulada por sus hermanos. No es que esté sobreprotegida, pero es verdad que te apegas un poco más. Yo me apegué mucho a ella. Lo reconozco. A mí me encantan los bebés y me encanta pasar mucho tiempo con mis hijos, pero me apegué mucho a ella. La considero un renacimiento. Pero amo a mis hijos y los quiero a todos por igual. Aunque si no hubiera tenido Aurora, me habría quedado una espina. De alguna manera, ella me permitió vivir lo que creía que había perdido. Es un renacer». También para sus hermanos Alfonso, Rafa y Gabriel. «Ellos me vieron muy mal unos meses. Me vieron llorar mucho, pero también fue un aprendizaje para ellos de decir: ‘Fíjate, mi madre está así de mal porque ha perdido una bebé'. Entendieron cómo las madres sufrimos por lo que les pasa a nuestros hijos. Y que si a ellos les pasara algo, yo estaría así de mal. En cambio, cuando luego me vieron con Aurora, se dieron cuenta de que estaba feliz», con lo cual ellos notaron que la alegría volvía a casa.

Aurora ha cumplido ya 5 años y son una gran familia. Eso sí, el bebé que perdieron sigue presente en sus vidas: «Hablamos de Carmen. Y en la fecha de su nacimiento lanzamos un globo al aire. La tenemos muy presente. Pero creo que lo hemos hecho de una forma muy saludable, muy de dar a cada hijo su lugar». Por eso ahora es capaz de hablar de este episodio tan duro y tiene la generosidad de contarlo. Gracias.