Macron da la razón a la izquierda y admite que su reforma migratoria podría ser inconstitucional

Asunción Serena PARÍS / E. LA VOZ

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Emmanuel Macron, en una imagen de archivo.
Emmanuel Macron, en una imagen de archivo. JOHANNA GERON | REUTERS

«Es como un niño que tiene en las manos un juguete que deseaba y al sentirse decepcionado lo despedaza», escribe Jean-Eric Schoettl, ex secretario general del Consejo Constitucional

22 dic 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

La presidenta de la Reagrupación Nacional, Marine Le Pen, ha logrado que todo el mundo crea que la nueva ley de inmigración votada esta semana en la Asamblea ha sido inspirada por su partido. De hecho ha abierto una crisis en el seno de la mayoría presidencial y ha logrado que la izquierda se una para denunciar el texto acordado entre macronistas y conservadores.

Los 32 departamentos (equivalentes a las provincias españolas) gobernados por la izquierda se niegan a aplicar la medida que endurece el acceso de los extranjeros a las ayudas sociales y denuncian la «preferencia nacional» que introduce la ley. Este concepto de «preferencia nacional» fue introducido por la extrema derecha en los años 80 para instaurar una discriminación a favor de los franceses frente a los extranjeros a la hora de contratar a alguien, de acceder a una vivienda social o de recibir ayudas sociales. Los presidentes de estos departamentos dicen que esta ley es «un retroceso de la igualdad y la justicia, y una vergüenza» para el país de los Derechos del Hombre. 

También la secretaria general del sindicato CGT, Sophie Binet, pide que se multipliquen «los actos de resistencia» frente a la ley de inmigración y hace una llamada a «la desobediencia civil».

Lo curioso es que el propio presidente de la República, Emmanuel Macron, y su primera ministra, Elisabeth Borne, les dan en parte la razón, al remitir la ley al Consejo Constitucional para que «se pronuncie sobre la conformidad de toda o parte de la ley». 

Eric Ciotti, presidente del partido Los Republicanos (LR), que ha liderado las negociaciones con la mayoría presidencial para redactar la ley de inmigración, exige que se «respete el voto» de los diputados. Además, recuerda que esta ley es «fruto de un acuerdo de la primera ministra» con los conservadores, por lo que considera «extremadamente peligroso» la maniobra de Elisabeth Borne, ya que se expone a que en el futuro no pueda haber más acuerdos con su partido y entonces la acción del gobierno quedará paralizada porque no disponen de mayoría absoluta en la Asamblea. 

Las críticas proceden también de especialistas, como el antiguo secretario general del Consejo Constitucional, Jean-Eric Schoettl, que denuncia en una tribuna en Le Figaro la duplicidad de la jugada de Emmanuel Macron. Para él es una muestra de desprecio de las instituciones, puesto que el propio jefe de Estado se ha implicado personalmente para que esta ley salga adelante. «El presidente denuncia a posteriori un acuerdo que él mismo pidió a su primera ministra que concluyera con LR para salvar la ley de un naufragio», señala el consejero de Estado. Schoettl acusa a Macron de comportarse como un niño que tiene en las manos un juguete que deseaba y al sentirse decepcionado lo despedaza. En este caso, la decepción de Macron ha sido el darse cuenta que que su ley está «contaminada por las ideas de extrema derecha».