La oposición argentina demuestra su fuerza en la primera huelga general contra Javier Milei

Cecilia Valdez
Cecilia Valdez BUENOS AIRES / E. LA VOZ

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Cientos de miles de personas salieron a protestar contra la ley ómnibus, que está siendo debatida estos días en el Congreso

25 ene 2024 . Actualizado a las 10:48 h.

Una verdadera marea humana recorrió este miércoles las calles de Buenos Aires, en respuesta a la huelga nacional y movilización convocada por la Confederación General del Trabajo (CGT), la principal central sindical argentina, a tan solo un mes y medio de la investidura de Javier Milei. El fuerte calor del verano porteño no amedrentó a los cientos de miles de personas que salieron a protestar en contra de la ley ómnibus, que comenzará este jueves su trámite en la Cámara de Diputados, después de que el oficialismo lograra el dictamen de mayoría en el plenario de comisiones, gracias al respaldo de varias fuerzas opositoras.

«Les pedimos a los diputados que tengan dignidad y no traicionen a los trabajadores», sostuvo Pablo Moyano, el representante del gremio de Camioneros. El sindicalista criticó las medidas del Gobierno y reclamó derechos para los trabajadores desde un escenario apostado frente al Congreso: «Si son tan guapos, que les pongan un impuesto a las grandes fortunas». Moyano también apuntó contra Luis Caputo, el ministro de Economía, al señalar que aunque Milei dice que hay que llevarlo en andas por las medidas que está tomando, en realidad «el socio de [Mauricio] Macri», uno de los responsables de la deuda de 45.000 millones de dólares que Argentina contrajo con el FMI, «tendría que estar desfilando por los Tribunales». Con estas medidas de hambre, añadió el camionero, habría que llevarlo en andas y tirarlo al Riachuelo, un río de Buenos Aires.

«Venimos con la Constitución en la mano, que dice claramente que los derechos son progresivos y que no pueden volver atrás», señaló, a su turno, Héctor Daer. El titular del sindicato de la Sanidad apuntó contra el Gobierno de Milei, al expresar que «quieren destruir los sindicatos» y «nos amenazan con la ley, pero esto no es más que un negocio de las empresas». Daer también destacó que «una cosa es ir en una camioneta con una motosierra y otra es gobernar», y para eso se necesita templanza.

La primera huelga (de media jornada) en contra del Gobierno transcurrió pacíficamente, con una gran parte de los comercios abiertos y con la adhesión de una enorme cantidad de sindicatos, organizaciones sociales y de todos los sectores que ven amenazados sus salarios y derechos por los más de 600 artículos que propone la nueva ley.

Además, la manifestación puso a prueba el «protocolo antipiquetes» de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Los cordones policiales apostados en las principales avenidas, cuyo objetivo era garantizar la circulación del tránsito, provocaron algunos empujones entre las fuerzas de seguridad y los manifestantes, que no pasaron a mayores. Tal y como ya ha sucedido desde que se puso en práctica el nuevo protocolo, hubo algunos controles de tráfico en la entrada de Buenos Aires, pero la decisión del sindicato de transportes de no adherirse a la huelga hasta las siete de la tarde —para facilitar el desplazamiento a la manifestación— también benefició, paradójicamente, a aquellos que decidieron concurrir a su trabajo.

La protesta implica una potente demostración de fuerza del arco opositor, que incluye espacios que históricamente no suelen confluir, como el sindicalismo, el peronismo, la izquierda, sectores de la cultura y organizaciones sociales. Sin embargo, ahora han decidido aunar fuerzas en aras de lo que consideran la mayor amenaza de derechos en 40 años de democracia.