El caso del «monstruo de Amstetten»: encerró y violó a su hija en un sótano durante 24 años, en los que tuvo siete hijos

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Josef Fritzl, el «monstruo de Amstetten», durante una sesión del juicio en que lo condenaron a cadena perpetua, en marzo del 2009
Josef Fritzl, el «monstruo de Amstetten», durante una sesión del juicio en que lo condenaron a cadena perpetua, en marzo del 2009 Ho New | REUTERS

Josef Fritzl saldrá del centro psiquiátrico a una prisión para seguir cumpliendo con la cadena perpetua a la que fue condenado en el 2009, tras descubrirse que había secuestrado a su hija Elisabeth en la casa familiar sin que nadie se diera cuenta. Fruto de las agresiones sexuales a las que la sometía, nacieron siete niños, de los que uno murió y tres fueron adoptados por el propio agresor sin que nadie sospechase nada

26 ene 2024 . Actualizado a las 08:22 h.

Elisabeth Fritzl pasó 24 años encerrada en un sótano en la casa familiar, al que su padre acudía regularmente a violarla. Producto de esos abusos nacieron siete niños, de los que uno murió. En el 2009, Josef Fritzl, conocido como «monstruo de Amstetten», fue condenado a cadena perpetua. Ahora saldrá del centro psiquiátrico para cumplir condena en prisión.

Josef Fritzl, que cumple 89 años el próximo abril, encerró a su propia hija en el año 1984, la agredió sexualmente durante décadas y tuvo con ella siete hijos, que nacieron en el sótano de la casa familiar, situada en Amstetten (Austria) sin que el resto de la familia se enterara. ¿Cómo fue posible? Esta es la historia de un caso que conmocionó al mundo.

«No se por qué mi padre me escogió a mí. Desde que tenía once años siempre abusó de mí, en la casa, en el sótano y en el coche», declaró Elisabeth Fritzl tras ser liberada. La situación la llevó a escapar de casa con 18 años. Fue a su regreso cuando su padre la encerró en el sótano, donde pasó los primeros nueve meses atada con una soga

Comenzó entonces un cautiverio del que ni la madre ni los hermanos de Elisabeth, que vivían en la misma casa, aseguraron haberse dado cuenta. Para que nadie sospechara de la desaparición, alegó ante el resto de la familia que la joven se había fugado para unirse a una secta. «Engañó a todos: a su mujer, su familia y sus vecinos», dijo la policía tras su detención. La víctima, por su parte, nunca se rebeló porque su padre la amenazó con llenar el sótano de gas para matarla a ella y a sus hijos.

Elisabeth Fritzl permaneció hasta 1993 encerrada en una única habitación, hasta que su padre decidió ampliar la mazmorra. El calabozo, construido bajo el jardín de la casa, tenía apenas unos 60 metros cuadrados de superficie, carecía de ventanas al exterior, disponía de cuatro habitaciones de techos de apenas 1,70 metros de altura. Durante ese tiempo, los hijos que había tenido con su padre fueron testigos de las violaciones a las que este la sometía. 

Siete hijos fruto de las violaciones

Durante los 24 años en los que Josef Fritzl violó sistemáticamente a Elisabeth nacieron siete niños: Kerstin (1988), Stefan (1990), Lisa (1992), Monika (1994), los gemelos Alexander y Michael (1996) y Felix (2003).

De los seis que sobrevivieron, tres fueron adoptados por el propio Fritzl y pasaron a vivir con el resto de la familia. El «monstruo de Amstetten» hizo creer tanto a la familia como a las autoridades que su hija, que se había fugado a una secta, había dejado a tres de sus siete retoños ante la puerta de la casa. En los tres casos —Lisa fue adoptada en 1993, Monika en 1995 y Alexander en 1997— aportó cartas escritas por su hija de su puño y letra, en las que esta se disculpaba por no poder criarlos.

El hecho más traumático, sin embargo, tuvo lugar en 1996, cuando Elisabeth dio a luz a dos gemelos. Uno de ellos murió a los pocos días de nacer y fue incinerado por el propio Fritzl en la caldera. «Debería haber hecho algo, simplemente no me di cuenta. Pensaba que el pequeño iba a sobrevivir», confesó durante el juicio.

¿Cómo se descubrió el caso?

 Los numerosos delitos se destaparon en abril del 2008, cuando una de sus hijas-nietas, Kerstin, de 19 años en aquel momento, acudió con él al hospital por una grave enfermedad que amenazaba su vida. Los médicos encontraron una nota de auxilio escrita por su madre en unos de los bolsillos y solicitaron a Fritzl que justificara que era su abuelo y, que si no podía hacerlo, debía acudir al hospital la madre del paciente. Josef Fritzl aceptó y llevó a Elisabeth al centro hospitalario, donde reveló el duro calvario por el que había pasado desde que cumplió 18 años. Cuando fue liberada, tenía 42 años.

El 28 de abril del 2008, una vez arrestado, Josef Fritzl confesó los delitos. Las pruebas de ADN confirmaron la paternidad de los seis hijos vivos de Elisabeth. Algunos de ellos no habían visto nunca la luz del sol. La prensa austríaca, que bautizó al agresor como «monstruo de Amstetten», destapó poco después que Fritzl ya había cometido varios delitos sexuales en la década de los sesenta.

El 16 de marzo del 2009 comenzó el juicio contra Josef Fritzl, acusado de asesinato, violación, incesto y privación de libertad. Durante el proceso, afirmó que violar a su hija se convirtió en una adicción. El 19 de marzo fue declarado culpable y condenado a cadena perpetua en una institución psiquiátrica. Pronto, dejará ese centro para pasar el resto de sus días en una prisión. Seguramente, mucho más cómoda y humana que en la que encerró a su hija hace cuarenta años.