Ellos se juegan la vida para sobrevivir: «Antes de viajar yo, mi hermano se murió de frío en un cayuco»

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ANGEL MANSO

Los dramas que hay detrás de las cifras. Este senegalés llegó en patera hace tres meses para darle un futuro a su familia: «Mi hijo de 5 años está enfermo». Esta es su historia

17 feb 2024 . Actualizado a las 10:08 h.

Nunca han llegado tantos inmigrantes en situación irregular a nuestras costas como en el 2023. Fueron 56.852 las personas que lograron poner un pie en España frente a las 31.219 del 2022 (casi el doble según datos del Ministerio de Interior). En este recuento no aparecen todos los que se han quedado en el camino, ahogados. O los que perdieron la vida tras sufrir hipotermia por el intenso frío del viaje o desnutridos por falta de comida y agua. Tampoco están los que perecieron al perderse en el océano o los que su chalana hizo agua nada más salir y se hundieron antes de llegar a Canarias. Porque más allá de las cifras, detrás de esta tragedia humana hay historias de personas que se meten en una balsa para atravesar un océano sin saber si podrán terminar la travesía con vida. Son conscientes de ello. Casi todos conocen a alguien que lo ha intentado y que no llegó a buen puerto. Pero es la desesperación la que los mueve. Un impulso tan humano y natural como es el de sobrevivir y el de mantener a la familia que se ha quedado en la nada, en un territorio estéril sin posibilidad de futuro y en el que la supervivencia es una lucha permanente.

Seck tiene 36 años y es de Senegal. Este no es su nombre real porque prefiere mantenerse en el anonimato. Llegó en patera a El Hierro hace apenas tres meses, el pasado mes de noviembre. Y lleva apenas unos 60 días en A Coruña. No habla español, pero lo intenta. Lo ayuda la oenegé Ecodesarrollo Gaia en el aprendizaje de la lengua. También lo guía en todo el proceso para legalizar su situación y lo escucha, le ayuda a que exprese sus sentimientos y a que supere el duro trago de haberse jugado la vida y de estar solo en un país en el que no conocen el idioma ni tienen a nadie en el que apoyarse, además de sentirse fuera de los cauces legales. Esta es su historia.

«Yo soy electricista y hace dos años pude reunir el dinero para enviar a dos hermanos míos en patera a España. Pero nos estafaron. Los traficantes se quedaron con el dinero y no pudieron viajar», cuenta este hombre de ojos alegres, a pesar de la tragedia, y que tiene ganas de demostrar que puede hacer las cosas bien. Habla a través de Fama, otra senegalesa que está de visita en A Coruña estos días y nos sirve de traductora. Ella vive en Bélgica y está estudiando Psicología Clínica, pero reconoce que la hospitalidad de la ciudad gallega es fuera de serie: «Nada que ver con Bruselas. Aquí la gente es muy cariñosa y muy amable. Te saluda todo el mundo».

Pero volvamos a Seck. De ese viaje frustrado en patera perdió cerca de 1.000 euros, al cambio. Esa es la cantidad que había pagado para que viajaran sus hermanos sin saber si llegarían vivos o muertos. Pero la estafa provocó que uno de ellos se quedara traumatizado y no quisiera volver a intentarlo nunca más: «Tuvo problemas para aceptar que lo habían estafado. Veía una patera y se escapaba». Pero el otro decidió volver a intentarlo. «Vio un cayuco y se montó. Fue antes de viajar yo. Se murió de frío antes de alcanzar la costa de Marruecos», dice con dolor.

Más de 15 en una casa

Con esa pena siguió viviendo su familia. En una situación muy precaria. En la misma casa viven varios hermanos con sus parejas y sus hijos, además de sus padres. «Tengo ocho hermanos. Cuatro de ellos vivimos en una misma casa con mis padres. Mi padre es chófer. La familia es muy grande. Mi hermano mayor tiene una mujer y un hijo que vive con nosotros. Mi hermano pequeño tiene una mujer y dos hijos. También está en casa mi hermana. Y mi mujer y mis dos hijos. Además de algunos primos», explica. Una cuenta rápida permite calcular que conviven más de 15 personas bajo un mismo techo.

Para Seck el principal problema que tiene su país es que no hay futuro. El grave problema de la burocracia y la corrupción les condiciona su día a día. Y los sueldos no dan para mantener unas mínimas condiciones y vivir dignamente. Cuenta que intentó con todas sus fuerzas salir adelante. Visto su carácter afable y luchador, no es de extrañar, pero se dio de bruces con la realidad. «Me esforcé por crear una empresa de electricidad y salir adelante. Pedí un crédito en el banco, pero el Gobierno nunca me dio la licencia para abrir. De esta forma, seguimos trabajando de manera ilegal, en situación de riesgo», comenta mientras detalla las consecuencias que eso le podía causar. Insiste en decir que «está en riesgo» y que antes de salir de su país sabía que la policía lo estaba buscando. Y todo por trabajar.

Cuenta, además, que el hecho de que su hermano falleciera en un cayuco supuso una motivación adicional para embarcarse él: «Mi objetivo es cumplir el deseo de mi hermano». Pero también mantener a su familia y lograr tener una casa propia. «No dinero, no casa», dice en español, pero él sabe que las cosas en su país nunca son fáciles. Por eso le gustaría labrarse un futuro aquí. «Me gustaría hacer todo lo posible por tener un salario. Lo dividiría en tres partes. Una para vivir aquí, otra para mantener a mi familia y la tercera, para el futuro de mis hijos», comenta. Cuando habla de mantener a su familia se refiere a ahorrar para que su mujer y sus hijos puedan acceder a una casa propia, pero también contribuir a mejorar la situación económica de sus padres y hermanos: «Por el momento, ellos están haciendo todo lo posible por sobrevivir. Saben que hasta dentro de tres años yo no podré trabajar de forma legal. Aun así me presto para todo. Mi padre no me pide nada, pero es mi responsabilidad ayudarle».

Sin futuro

Dice que su familia puede conseguir agua y alimentos, pero le preocupa el bienestar de sus hijos: «No hay futuro para los jóvenes. Si tienes proyectos o planes para el futuro, la burocracia hace todo lo posible para que no se lleven a cabo. Trabajar en Senegal es muy complicado. Es muy difícil mantener una familia y salir adelante».

Del viaje en cayuco cuenta que fueron cinco días y que él sabía de antemano que iba a tener problemas para comer y beber: «Sabía que todo podía pasar. Que podíamos morir, pero también que si llegaba a España, iba a hacer todo lo posible por realizar mis proyectos. Cuando nos montamos no nos dijeron nada, pero la embarcación tenía un problema en la quilla y entraba agua. Había cinco personas achicando agua permanentemente mientras viajábamos. Comíamos una vez al día, solo cuscús. Y también bebíamos agua una vez al día».

A pesar de lo vivido y sufrido, responde con un sí rotundo a la pregunta de si está contento en España. Y cuenta que se está adaptando y equilibrando emocional y psicológicamente.

También sufre por su hijo de 5 años: «Está enfermo. Tiene fiebre en todo momento y problemas del corazón. La situación allí es muy complicada porque aunque dicen que los niños no deben pagar nada por su salud, yo tuve que pagar los tratamientos». Seck confiesa con lágrimas en los ojos que le gustaría traerlo a España para curarlo. Y Mito, el secretario de Ecodesarrollo Gaia, le promete que va a ver qué puede hacer por lograrlo. Seck se emociona.