Xavier Colás, excorresponsal en Moscú: «Puede haber un ataque de Rusia a un país de la OTAN antes de 10 años»

Pablo Medina MADRID / LA VOZ

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Xavier Colás, junto al periodista Carlos Franganillo, durante la presentación del libro«Putinistán. Un país alucinante en manos de un presidente alucinado».
Xavier Colás, junto al periodista Carlos Franganillo, durante la presentación del libro«Putinistán. Un país alucinante en manos de un presidente alucinado». No disponible | EFE

El periodista cree que la Alianza debe demostrar que va en serio contra Putin

02 abr 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Xavier Colás (Madrid, 1977), periodista y corresponsal en Moscú hasta de su explusión hace unas semanas, lanzó su libro Putinistán: un país alucinante en menos de un país alucinado días antes de la reelección de Vladimir Putin como presidente de Rusia para arrojar luz sobre el régimen de mentiras y violencia que este ha erigido.

—En las primeras páginas del libro cita a Alexánder Solzhenitsin: «Quienes han proclamado la violencia como su método están inevitablemente forzados a tomar la mentira como su principio». ¿Cómo ha cristalizado tan bien esta idea en Rusia?

—Son unas palabras en cierta manera inmutables las de Solzhenitsin, porque cuando un régimen, digamos que edifica su acción política sobre mentiras —en este caso mentiras contra Ucrania, pero en el pasado también hubo otras—, es cuestión de tiempo que no solo sea necesaria la amenaza para que los rusos no se rebelen contra ellas, sino incluso la violencia. Y al mismo tiempo, cuando se utiliza la violencia, todos sabemos que es necesario encubrirla con mentiras.

—¿Cómo ha conseguido triunfar tanto este modelo en ciertos países de Europa?

—Hay países que normalizaron a su manera el putinismo y cooperaron con él más allá de lo necesario, como en el caso de Alemania. Y, sin embargo, no replicaron prácticamente nada de su modelo político. Otros en cambio sí lo hicieron como, por ejemplo, Hungría. Creo que todo está conectado con el deseo de permanecer en el poder de manera ilimitada. Lo que quiero decir es que cuando uno se propone permanecer en el poder de manera indefinida, es decir, no poner unos límites temporales, ni siquiera unos límites razonables, es cuestión de tiempo que tenga que recurrir a abusos de poder. Eso es lo que ocurrió en Rusia y eso es lo que, por ejemplo, hemos visto en algunos casos, por ejemplo, en Hungría o Turquía.

—Los dos grandes opositores al Kremlin, Alexéi Navalni, en lo político, y Yevgueni Prigozhin, de alguna forma en lo militar, han muerto. ¿El Kremlin es invencible?

—No es invencible, lo que pasa es que una cosa que ha entendido muy bien el crimen [instalado en el Kremlin] es que es mejor atacar los problemas cuando eres una dictadura, cuando los problemas son pequeños. Prigozhin no era propiamente un opositor, pero sí se parecía a Navalni en una cosa, en que tal vez no en un primer momento no suponía una amenaza directa para Vladimir Putin, pero sí para las personas que lo rodean. Generales con no demasiado talento y no demasiada popularidad ni demasiado carisma están colocados ahí simplemente porque tienen una lealtad máxima a Putin, porque la dictadura se ve obligada a supeditar todo a la lealtad. Prigozhin podría ser una amenaza, por ejemplo, para Serguéi Shoigú, para Guerásimov, para gente en el Ministerio de Defensa, que todo el mundo sabe que no son los mejores, pero que Putin los necesita porque prefiere tener esas piezas de confianza ahí. Y Alexéi Navalni lo mismo en el ámbito político.

—¿Putin morirá en el poder?

—Pues yo sí que veo a Putin muriéndose en el poder. Si muriese por sorpresa, automáticamente el presidente sería el primer ministro Mijaíl Mishustin, pero no retendría el poder mucho tiempo, porque todo el mundo querría imponer su candidato para que el sistema siguiese y poder retener su estatus, sus riquezas y su inmunidad. Otra posibilidad es que se impusiera alguno de los candidatos del Ejército o los servicios secretos, que yo creo que podría ser tal vez Pátrushev, el presidente del Consejo de Seguridad ruso.

—¿Ve a Putin negociando con Trump, o incluso con Biden si es reelegido, para ceder a Ucrania el Dombás ocupado?

—Sí, podría ocurrir, lo que pasa es que Putin no negocia, sino que chantajea. Puede haber un acuerdo a nivel territorial entre una Ucrania agotada, una Europa desunida y un Estados Unidos con prisa por cerrar ese asunto que le resulta tan lejano. Pero la mesa de negociación en realidad es para ceder territorios, y no solo eso, sino para desarmar, que es una de las cosas que exige Putin a Ucrania. Lo que pasa es que tanto la cesión de territorios como el desarme parcial de Ucrania y por supuesto su renuncia a entrar en la OTAN en realidad son cesiones que pavimentan una nueva invasión dentro de unos años para después volver a reclamar más cesiones.

—¿Cree que Polonia y los países bálticos tienen que estar preocupados porque también les toque a ellos?

—Que puede haber un ataque de Rusia a un país de la OTAN antes de diez años lo tengo bastante claro. Primero porque algunos militares y políticos rusos lo han dicho ya. Hay diputados y militares convencidos de que Rusia tiene reclamaciones legítimas respecto a países de la Alianza Atlántica como son Polonia y los bálticos. En segundo lugar porque Putin está rodeado de personas honestamente convencidas de que la OTAN no defenderá por igual a todos los territorios. Es decir que iría a una guerra por Francia, Alemania, Estados Unidos o por Gran Bretaña pero no iría a una guerra mundial por los países sobre los que mantiene estas reclamaciones. Yo creo que uno de los desafíos de la OTAN será demostrar en un período tan difícil que va en serio contra Rusia. Ahí está uno de los alicientes que tiene Rusia para intentar algo con los bálticos, porque si no tiene una respuesta contundente de los aliados, será visto como un fracaso de la OTAN y la Unión Europea.