«Déjà vu» electoral en Portugal: los mismos candidatos y las mismas incertidumbres

Brais Suárez
Brais Suárez LISBOA / E. LA VOZ

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Un cartel electoral de la formación ultraderechista Chega, tirado en una calle de Oporto.
Un cartel electoral de la formación ultraderechista Chega, tirado en una calle de Oporto. brais suarez

Catorce meses después, las urnas evalúan la ética de Luís Montenegro tras el caso Spinumviva

18 may 2025 . Actualizado a las 15:10 h.

Solo catorce meses después, Portugal vuelve a las urnas con la misma sensación de que le resultará difícil encontrar la fórmula para una gobernabilidad estable. El país vive un déjà vu, con los mismos candidatos, los mismos problemas, propuestas semejantes e incluso con los ocho años socialistas más presentes que el último año conservador. La diferencia es Spinumviva, la empresa del actual primer ministro, Luís Montenegro, cuya actividad ha desatado una crisis política que 10,8 millones de electores —incluyendo el censo en el extranjero— deberán resolver.

El líder conservador llegó al poder tras una precipitada campaña electoral, que cogió al país desprevenido cuando el socialista António Costa estaba en el segundo año de una sólida mayoría. A finales del 2023, un comunicado de la Fiscalía, nombrando directamente al ex primer ministro, expresaba unas sospechas que solo han perdido vigor con el tiempo. Si Costa dimitió, en lo que ahora se antoja un exceso de rigor ético, hoy se verá si, con todas las mentiras de Montenegro sobre la mesa, los portugueses le aplican el mismo castigo que él sigue negándose. Las urnas suponen «un juicio político por parte de los electores; si Montenegro sale reforzado es que en el plano ético no sienten que deba ser penalizado», comenta el profesor de Ciencia Política de la Universidade do Minho, José António Passos.

Sin mayorías claras

La suya fue la victoria más apretada en la democracia portuguesa, que dio un vuelco a la composición de un Parlamento extremadamente dividido. Hoy podría ratificar su inclinación hacia la derecha, pero sin mayorías claras. Entonces, aunque el bloque de derechas obtuvo 135 diputados de 230, Montenegro mantuvo su promesa de no pactar con Chega (extrema derecha), que acababa de experimentar el mayor crecimiento de un partido en Portugal, de 12 a 50 diputados.

Desde el primer momento, los medios locales tacharon al Gobierno de estar en campaña, por el elevado gasto público, la aplicación de medidas muy populares y con constantes alusiones a un complot de socialistas y ultras para impedirle gobernar —«deja a Luís trabajar», reza ahora su eslogan de campaña—. «El Gobierno sentía que podía caer en cualquier momento y siempre estuvo guiado por una política electoralista hacia funcionarios públicos, pensionistas… tomó medidas muy favorables para sí mismo», explica Passos.

Desde la investidura, se especulaba que el Ejecutivo podría tener la intención de reforzar su exigua mayoría en el Parlamento con un adelanto electoral, algo que, según los sondeos, los portugueses querían evitar a toda cosa. De ahí que, al saltar el caso Spinumviva, la oposición dejara pasar hasta dos mociones de censura.

Montenegro pasó semanas sin dar respuestas concluyentes y bajo serias sospechas de conflicto de interés, y los socialistas forzaron una comisión de investigación en el Parlamento, que el primer ministro retrató como un agravio personal. «Tengo mejores cosas que hacer que responder sus preguntas», dijo a los diputados antes de convocar una moción de confianza, sabiendo que la oposición la rechazaría. Así fue. El Gobierno dimitió y culpó a los demás partidos de la crisis política.

Preocupaciones reales

Todo apuntaba a que el caso Spinumviva sería el eje de la campaña, pero «a la gente le preocupan más las cuestiones económicas, día a día, hospitales, vivienda… sin datos nuevos; Spinumviva no ha sido tema de campaña, y los estudios no lo penalizan», resume Passos. «Hace un año, se juzgaba al PS por su acción de gobierno. Ahora, se juzga a los conservadores, pero ese juicio se basa en un período muy corto gobernando y todavía pesan más los ocho años socialistas».

En un país tradicionalmente abstencionista, otra de las grandes incógnitas es la participación, que el año pasado alcanzó niveles históricos. Por una parte, se teme que la sucesión de elecciones genere desafección. Pero «muchos descontentos tienen ahora un partido de protesta; además, cuando los sondeos indican resultados ajustados, puede haber más incentivos. Pero es difícil de prever», sentencia António Passos.

Rebelo de Sousa llama a votar ante un mundo «más complejo e imprevisible»

Como suele ser habitual en la jornada de reflexión, el presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, llamó a los portugueses a votar «por la estabilidad en un mundo inestable». En un discurso a la nación desde el palacio de Belém, Rebelo de Sousa expuso tres consideraciones que los portugueses deben tener en cuenta de cara a la votación de hoy. En primer lugar, dijo que «el mundo del 2025 es diferente al mundo del 2024», ya que el regreso de Donald Trump a la Presidencia de EE.UU. ha derivado en «cambios enormes» para las relaciones internacionales y la «imprevisibilidad» en la economía internacional.

En esa línea, dijo que abstenerse de votar «tiene incluso menos sentido que en otras elecciones». «Sería meter la cabeza en el suelo y quedar indiferente». De ahí que votar sea «contribuir a la estabilidad en medio de un mundo inestable, salvando soluciones largas de gobiernos de gestión, cuando hasta mayo del 2026 no podrá haber constitucionalmente nuevas elecciones» (por límite de la carta magna, antes y después de las presidenciales de enero).

Hasta el momento, ya han votado el 94 % de los 330.000 inscritos para votar por anticipado, más que nunca. También se prevé una mayor participación del voto en las 31 delegaciones consulares en el extranjero, a pesar de los problemas logísticos para hacer llegar las papeletas.