La ultraderecha gana fuerza en Europa y desestabiliza a la Unión

Carlos Peralta
C. Peralta REDACCIÓN / LA VOZ

ACTUALIDAD

La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, durante su reunión con su homólogo danés, Mette Frederiksen, en el Palacio Chigi de Roma.
La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, durante su reunión con su homólogo danés, Mette Frederiksen, en el Palacio Chigi de Roma. RICCARDO ANTIMIANI | EFE

Los partidos extremistas suman presencia en casi todos los Parlamentos

25 may 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

El calendario electoral europeo sigue su curso con un denominador común: el aumento del voto a la ultraderecha. Las presidenciales de Rumanía (segunda vuelta) y Polonia (primera) y las generales en Portugal son la enésima prueba. En doce países de la Unión superan el 20 % del voto en su último paso por unas elecciones legislativas. Gobiernan en cuatro países: Italia, Países Bajos, Croacia y Hungría. Y, repartidos en tres grupos parlamentarios, suman ya una cuarta parte de la Eurocámara. Paloma Castro, profesora de Ciencia Política y Administración en la Universidade de Santiago, y Francisco Veiga, profesor de Historia Contemporánea y Actual en la Universidad Autónoma de Barcelona, son expertos en el estudio de la ultraderecha de ayer y de hoy.

Desafección

Una ventana de oportunidad. La repetición electoral en el país vecino dejó el futuro aún más en las manos del conservador Luís Montenegro. Junto a los liberales y los ultraderechistas de Chega, que crecieron en 8 parlamentarios (57 desde su irrupción, con uno, en el 2019), constituyen una mayoría de derechas con capacidad incluso para abordar, entre los temores de la izquierda, reformas de la Constitución. «Posiblemente se deba a la desafección de los ciudadanos. Si perciben que los políticos que deben dar respuesta a las demandas sociales no satisfacen sus expectativas, en consecuencia, sentirán desconfianza y descontento hacia la clase política», razona Castro.

Normalización

El peligro de copiar discursos. En las elecciones federales germanas, la práctica totalidad de las circunscripciones de lo que fue la Alemania del Este pasó del rojo socialdemócrata al azul eléctrico de los extremistas de Alternativa para Alemania, hoy líderes de la oposición con 151 escaños y el favor de uno de cada cinco votantes. Los demás partidos del Bundestag se esfuerzan en insistir en que aislarán a los ultras. Pero, ¿les beneficia esto electoralmente al usar un discurso que pretende ser victimista? «Lo que parece beneficiar a la extrema derecha es justamente lo contrario. Los partidos políticos, habitualmente los partidos de derecha conservadores podrían contribuir a la normalización de la extrema derecha cuando, por así decirlo, copian sus estrategias», expone la docente de la USC. «Después de la crisis del 2008 y de la del covid, en vez de ir hacia un estado social, se ha apostado por un neoliberal donde la izquierda o está muy debilitada o queda al servicio de la derecha. Es el caso de Alemania. El Partido Socialdemócrata ha fracasado y ahora está en una coalición con el CDU», explica Veiga, que advierte de que «se ha producido la vampirización de parte del discurso de la izquierda» por parte de partidos de ultraderecha. Y todo, bajo el manto del ultranacionalismo.

La migración

Amenaza al sistema. En Italia, la ultraderechista Giorgia Meloni es primera ministra —en el 2022 obtuvo el 44 % de los votos en una coalición con la Liga y el partido de Berlusconi— y, en Francia, Marine Le Pen ha llegado a dos segundas vueltas en las presidenciales y, en las últimas legislativas, ganó con claridad en la ronda electoral inicial. Ambas constituyen ejemplos de políticos de ultraderecha que se han valido de la inmigración como asunto central. «Dicen que aceptan a los gais y a la migración. Pero para ellos el problema es el exceso. El problema es que, si vienen demasiados, ya se estropea la cosa. Y eso es lo que hace que sea muy difícil contrarrestarlos. No funciona el discurso de comparar a la ultraderecha actual con la antigua. No son personas que van rapadas con una Bomber. La ultraderecha actual es más sibilina y es mucho más peligrosa», argumenta el historiador.

«Meloni ha capitalizado el miedo y la ansiedad hacia la inmigración y sus supuestas consecuencias para la economía, en un país que, en este sentido, camina a dos velocidades», añade Castro, que ve similitudes en el ascenso de Le Pen: «Su éxito también se ha relacionado con el colapso de los partidos tradicionales franceses y la reconfiguración del sistema de partidos, así como a su posicionamiento frente a la inmigración, defendiendo la idea de que las oportunidades de empleo, la vivienda o los servicios públicos debería estar limitadas a los franceses». Veiga destaca que «parte del colectivo gay votó a la ultraderecha, a Marine Le Pen, Agrupación Nacional. ¿Y por qué? Porque tenían miedo de que una llegada excesiva de inmigrantes pusiera en peligro las conquistas sociales».

Rearme y seguridad

Nuevas preocupaciones. Según el eurobarómetro de marzo, el 36 % de los europeos consideraban prioritaria la protección y defensa (España sale de la tónica con la educación como reclamo central). La sensación de amenaza es uno de los factores que ha provocado una reacción en forma de rápido rearme. Una preocupación que desplaza a otras. «No haría falta tanto rearme si hubiéramos aplicado más diplomacia y hubiéramos intentado buscando una solución pacífica a la cuestión ucraniana. En vez de avanzar hacia consensos, estamos ante una Europa muy rota por dentro. Todo aquello de la Europa progresista y de la Europa de la ciudadanía, de los años cincuenta, sesenta y setenta, se ha ido al garete», lamenta Veiga.

«Cuando las personas no se tienen que preocupar por su seguridad y tienen sus necesidades básicas cubiertas, comienzan a preocuparse por los valores posmaterialistas, es decir, aquellos que guardan relación con los estilos de vida o la autoexpresión. Sin embargo, hay personas que reaccionan negativamente a este cambio de valores porque estos no les interesan o porque directamente se oponen a ellos. La extrema derecha daría respuesta a esta parte del electorado», razona Castro.