Continuidad, elecciones, cuestión de confianza o una moción de censura
15 jun 2025 . Actualizado a las 12:44 h.El informe de la UCO que incluye conversaciones entre Santos Cerdán, José Luis Ábalos y Koldo García que demostrarían el cobro de comisiones ha puesto a Pedro Sánchez y al Gobierno contra las cuerdas. Los politólogos consultados por La Voz analizan los cuatro escenarios posibles tras el terremoto político.
El impacto político
Quiebra de la credibilidad de Sánchez. «Es un duro golpe, una quiebra casi definitiva a la credibilidad que aún podía atesorar Sánchez», sostiene Carlos Barrera. «A los ojos de un número creciente de gente, resulta casi imposible creer que no supiera nada de los amaños de Cerdán y Ábalos», destaca. «¿Quién va a confiar en que vaya a acertar en sus próximos nombramientos? Su historial en este sentido no invita al optimismo», se responde.
Para Ana Salazar, «el caso Cerdán marca un punto de inflexión para Sánchez y el PSOE. Aunque no hay sentencia, el relato del fango empieza a resquebrajarse», afirma. «No es un caso aislado: ya son dos secretarios de organización los que han caído», añade. «Si esto fuera una partida de ajedrez, estaríamos ante un PSOE sin alfiles ni caballos, un ejército sin defensas; y en ese tablero, Sánchez queda expuesto, rodeado por los escándalos, por sus adversarios y también por sus socios de investidura, que pueden observar con atención esa fragilidad», explica gráficamente. «Ahora, la clave está en cómo lo enfoca y si logra construir una nueva guardia pretoriana que le devuelva algo de control y margen político, porque todo indica que esto no se detendrá aquí», concluye.
Responsabilidades
«In eligendo» e «in vigilando». «En política existe la llamada responsabilidad in vigilando, quien nombra a altos cargos se responsabiliza, al menos parcialmente, de la decisión tomada al confiar en ellos», afirma Barrera. «Al igual que en los gobiernos del PP, Sánchez tiene una responsabilidad in eligendo, fruto de los cargos que elige, e in vigilando, por no tener la debida vigilancia de los actos de sus más cercanos colaboradores, como eran Ábalos y Cerdán», apunta Martínez.
Los cuatro escenarios
1.- Continuidad del Gobierno con más dificultades. Javier Lorente considera que, aunque pueda continuar, al Gobierno «se le complica el escenario, con apoyos frágiles en el Parlamento, y a algunos partidos, como Podemos, Junts o el PNV, puede resultarles más costoso dárselo, porque sus votantes podrían penalizarlos por respaldar a un partido cuyo número tres, por segunda vez, está implicado en el mismo caso de corrupción», asegura.
2.- Elecciones generales. Según Barrera, «las situaciones de quiebra de credibilidad son muy difíciles de revertir y, en general, tienen tendencia a empeorar. Así lo comprendió José Luis Rodríguez Zapatero en el 2011, ante las críticas fundadas sobre su ineptitud para afrontar la gestión de la recesión económica». Entonces, «convocó elecciones generales anticipadas para no dañar más los resultados del partido, además de anunciar que él no se presentaría, ahí tiene Sánchez un espejo donde mirarse». Lorente señala que «dado que la corrupción se circunscribe, esencialmente, al ámbito del partido, quizás no sea apropiado que Sánchez asuma la responsabilidad convocando elecciones». «Las elecciones se convocan cuando corresponde o cuando existe un problema real de gobernabilidad; de momento, eso no está en el foco», explica Salazar. «Mientras sus socios lo sostengan, ese problema no existe», plantea. «Antes de hablar de elecciones, deben agotarse las vías establecidas: cuestión de confianza y/o moción de censura; con cualquiera de las dos quedaría claro si hay, o no, un problema de gobernabilidad», concluye.
3.- Cuestión de confianza. Martínez estima que «la única salida que tiene el presidente, y dada su trayectoria de político resiliente, es convocar una cuestión de confianza para poner la pelota sobre el tejado de sus aliados, de tal manera que estos decidan si lo prefieren a él o a un gobierno bipartito de Feijoo y Abascal». «Salir airoso, algo muy probable, le daría cierto colchón para los próximos meses, de tal modo que no aparezca solo y acorralado por la corrupción que le acecha y ante los envites constantes de la oposición», asegura. «Le daría cierta apariencia ética democrática bajo la premisa de que cuenta con el aval de los representantes soberanos con la excusa de que no hay una sentencia firme, como sí la hubo con el PP de Rajoy», explica. «Pero de nuevo estaríamos reforzando en este país el escaqueo político y por tanto la normalización social del desvío ético», advierte. Barrera afirma que si Sánchez prefiere «una solución aparentemente menos traumática que anticipar las elecciones, la cuestión de confianza sería una opción más que lógica». «Claro que tendría que estar dispuesto a recibir reprimendas muy duras de la oposición, y el requerimiento de explicaciones por parte de sus socios», argumenta.
4.- Moción de censura. «El problema de Alberto Núñez Feijoo es siempre el mismo: podría recabar apoyos para ser presidente si no fuera porque los partidos que lo apoyaran se unirían a Vox, que es incompatible con los postulados básicos de partidos, ya no regionalistas, sino autonomistas», sostiene Lorente. Por lo tanto, «tiene sentido que Feijoo no presente una moción para perderla, pues esto sería el equivalente a que el presidente gane una cuestión de confianza, sin los riesgos que tiene presentarla».
Preocupante espiral de falta de confianza en el sistema político
Según Salazar, «ya no se trata solo de la supervivencia política de un presidente —que no es una cuestión menor—, sino de la credibilidad y la continuidad de un partido que ha sido clave en la construcción de nuestro modelo de país y de vida». «Cuando está en juego la confianza, solo cabe actuar con ejemplaridad y profundidad», señala. Martínez va más allá del caso y afirma que «nuestro sistema político se ha caracterizado desde el inicio por someter a la ciudadanía a una permanente exposición de casos de corrupción que acaban provocando un efecto de desensibilización, una espiral de falta de confianza, de tal modo que la ciudadanía ya da por asumido que estos hechos son inherentes al ejercicio mismo de la política y se acaba insensibilizando».
«El problema es que pasan los años, y el sistema político no toma las medidas oportunas para hacer más difícil la corrupción, y para perseguirla de modo más eficaz con todos los recursos que hoy en día tiene el Estado», destaca. «Es como si la clase política nunca quisiera controlarse a sí misma», afirma. «Los dirigentes políticos van viendo que esta desensibilización no les afecta tanto, que pueden ir poniendo excusas para evitar tomar responsabilidades y que, además, en muchos casos, los condenados, si los acaba habiendo, lo son ya muy tarde y con penas desproporcionadas a la baja, teniendo en cuenta el perjuicio social que han generado, no solo económico, sino al sistema político, que debe basarse en una confianza entre ciudadanos y representantes, que va a menos, dejando el terreno abonado a discursos populistas y antidemocráticos», concluye.
Pedir perdón y el victimismo no es suficiente, hay responsabilidades políticas
«Pedir perdón es lo mínimo que podía hacer. Ya lo hizo Felipe González, en sede parlamentaria en los casos Mariano Rubio y Roldán en los años noventa; y Rajoy, por dos veces con el caso Bárcenas; y también el rey Juan Carlos, al salir de la clínica tras su accidente de caza en Botsuana, que marcó el principio de su camino hacia la abdicación», resalta Barrera. «¿Es suficiente? Ahí caben las dudas de hasta qué tipo de responsabilidades se le pueden o deben exigir; por responsabilidad ética debería primero dar, especialmente, explicaciones a la militancia de su partido, que está en estado de shock», estima. «Responsabilidades políticas, que son el siguiente paso, también deben exigírsele», asegura. «No vale parapetarse en el Gobierno, alegando que son cosas del partido cuando él es el jefe máximo de ambos y le afecta, cuanto menos, la ya responsabilidad in vigilando», concluye.
«No vale con tener un discurso victimista, típico en estos casos, de quien se ve defraudado y traicionado por sus colaboradores», sostiene Martínez. Tampoco cree que «sea ya creíble el discurso de aprender la lección y establecer mecanismos para que no vuelva a pasar, porque precisamente han tenido la oportunidad de hacerlo estos siete años, y no lo hicieron».
Cómo llegó Sánchez al poder
Recuerda que «Sánchez llegó a la Presidencia abanderando la ética política contra la corrupción del PP y prometió que iba a realizar profundos cambios para luchar contra la corrupción, y como siempre, no se ha hecho nada».
«Pedir perdón es un paso necesario, pero no suficiente», afirma Salazar. «Las responsabilidades se asumen con hechos», considera. «Una auditoría puede ser un primer gesto, pero no basta si no va acompañada de una verdadera reforma interna; ahora, lo relevante es el alcance y la profundidad de los cambios en la dirección del PSOE», explica. «La ciudadanía no quiere solo explicaciones, quiere garantías», concluye. «No olvidemos que Sánchez llegó a la Presidencia a través de una moción de censura que apelaba a la regeneración democrática; por eso, esta situación trasciende a Sánchez: afecta al corazón del PSOE», sostiene. Lorente estima que «como líder del PSOE tiene una responsabilidad que no se salda con unas disculpas ni con las medidas que se han propuesto». «Tal vez una renuncia como secretario general del PSOE, aunque volviera a presentarse para liderarlo, sería una salida más adecuada en términos de rendición de cuentas», afirma.