El limbo libanés: sin paz, pero sin guerra

Ricard G. Samaranch BEIRUT / E. LA VOZ

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La gente pasa junto a un edificio destruido tras un ataque aéreo israelí en el distrito de Dahieh, en el sur de Beirut.
La gente pasa junto a un edificio destruido tras un ataque aéreo israelí en el distrito de Dahieh, en el sur de Beirut. STRINGER | EFE

Israel incumple el alto el fuego, mientras la popularidad de Hezbolá sigue inalterable

19 jun 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

La actual guerra entre Israel e Irán ha vuelto a provocar un estado de tensión en el Líbano, un país en el que durante los últimos cinco años se sucede una crisis tras otra. De momento, la milicia proiraní Hezbolá, seriamente maltrecha tras su propia guerra con Israel el pasado otoño, ha declinado implicarse en el conflicto. Ahora bien, esto no significa que el país de los cedros esté verdaderamente en paz, sino más bien en una especie de limbo.

Hace más de seis meses, el Líbano e Israel firmaron un acuerdo de paz con la mediación de Estados Unidos que debía poner fin a la guerra y a la ocupación del sur del país por parte de las tropas israelíes iniciada en octubre del 2024. Pero, con el beneplácito de Washington, el pacto es papel mojado, al menos, de momento. Cada semana, y a menudo durante varios días consecutivos, el Ejército hebreo bombardea el Líbano, presuntamente, posiciones o intereses de la milicia chií Hezbolá y sus tropas todavía permanecen en cinco puntos del territorio libanés.

Además, Israel no permite el retorno de los habitantes de muchas de las poblaciones del sur de las que ya se retiraron sus soldados. Quienes desafían las advertencias, se arriesgan a sumarse a la lista de víctimas, la mayoría civiles, de los bombardeos israelíes, que justifica aduciendo que Hezbolá no ha retirado todos sus operativos al sur del río Litani, situado a unos 30 kilómetros de la frontera israelí. Por su parte, el Ejército libanés argumenta haber tomado buena parte de las posiciones que antes de la guerra controlaba Hezbolá y asegura ser capaz de hacer cumplir el acuerdo de paz. 

Violaciones del acuerdo

Ni tan siquiera la capital libanesa se libra del acoso de los cazabombarderos y drones israelíes, pues allí asesinaron en abril a un dirigente de Hezbolá y a otras tres personas. De momento, la milicia islamista, muy debilitada en una guerra que terminó con su entera dirección decapitada y buena parte de su arsenal destruido, no ha respondido a las flagrantes violaciones del acuerdo de paz. No obstante, ha dicho públicamente que se reserva el derecho de hacerlo si estas continúan.

El presidente del Líbano, Joseph Aoun.
El presidente del Líbano, Joseph Aoun. CONTACTO vía Europa Press | EUROPAPRESS

Las operaciones militares israelíes amenazan con debilitar la posición del presidente libanés, Joseph Aoun, elegido en enero. Aoun, antiguo jefe de las Fuerzas Armadas, ha situado en el centro de su agenda el desarme de todas las milicias libanesas, incluida Hezbolá, un objetivo más ambicioso que el recogido en el acuerdo de paz, y en la resolución 1701 de la ONU.

La milicia proiraní ha dejado muy claro que no piensa desarmarse, más aún después de los resultados de las elecciones municipales del pasado mayo, que apenas ha registrado una erosión de su popularidad entre la comunidad chií. De momento, Aoun piensa impulsar el desarme del grupo a través de la «negociación», no por la fuerza como preferirían Donald Trump y Benjamín Netanyahu. Pero el futuro de este cuestión se puede ver influenciado por cómo termine la guerra entre Irán e Israel.

El presidente Aoun sí puede exhibir mayores progresos en el desarme de las milicias palestinas, que durante décadas han ostentado el control de los campos de refugiados. De hecho, el Ejército libanés tenía incluso vetada su entrada. En mayo, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, se reunió con Aoun y dio el visto bueno al desarme de las facciones palestinas. «Antes, era bueno para la causa palestina que las facciones aquí estuvieran armadas. Ahora, ya no», sostiene el activista social Majdi Majzoub del campo de refugiados de Shatila.