Alba Povedano, sexóloga: «El órgano sexual más grande es la piel y nos enfocamos solo en una pequeñísima zona. Hay mucho por explorar»

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La psicóloga y sexóloga clínica Alba Povedano.
La psicóloga y sexóloga clínica Alba Povedano.

El mapa del placer sigue siendo un territorio inédito en muchos casos, pero hay educadores que son referentes en la materia y expresiones, como «PEC», con que los adolescentes naturalizan el sexo. Esta en concreto se la debemos a Paquita Salas, que le quitó a la lengua el complejo... Hablamos con la conductora de @sexologymatters

25 jul 2025 . Actualizado a las 16:30 h.

No desfallece quien tiene «sexesperanza», y domina su sexualidad quien un suelo pélvico que hace entrenamiento, va por delante quien sabe ya que las erecciones son también cosa de clítoris y quien no evita decir vulva o pene y prefiere un «ahí abajo». Sobre tabúes viejos, superados y otros recientes, nuevas palabras para romper silencios y sobre ese delicado universo en expansión de la sexualidad de los adolescentes hablamos con Alba Povedano, sexóloga clínica que está entre los grandes referentes en educación sexual en España y trabaja de la mano de varias oenegés e institutos impartiendo talleres para madres y padres sobre salud y educación sexual positiva, abierta y feminista. Alba es encargada de la tienda Amantis Gràcia en Barcelona, donde la atención a los clientes le ha dado un máster de la experiencia.

—Los tiempos han cambiado, el lenguaje también. ¿Qué es eso de PEC, que dicen los adolescentes hoy?

—Es una expresión que significa ‘por el culo’. Pero en sentido positivo. La primera vez que salió en sentido positivo fue en Paquita Salas, de los Javis [Se la debemos en concreto a la actriz Yolanda Ramos, que en el pódcast Estirando el chicle dijo no recordar tal cosa]. Como la serie tuvo su público, la expresión se empezó a popularizar. Y la sigla PEC también, porque lo de abreviar en la chavalería es lo más. PEC es para decir que algo es superbueno.

—¿Es real o más bien aparente la libertad y la diversidad sexual en la gente de la generación Zeta?

—De mi experiencia trabajando con adolescentes, veo que hay cosas que antes tenían una connotación negativa. Y ahora, en cambio, que usemos expresiones como PEC (‘por el culo’) destapa cómo nos sentimos. Cuando hablas en las aulas de sexualidad, de sexo oral o anal, por ejemplo, creo que se entiende más, que no hay tanta resistencia. Pero en la práctica veo que sí hay resistencia en los chicos. Es en teoría un mundo un poquito más abierto, y están receptivos a hablar, pero en la práctica no se ve tanto... Hace unos días vino a la tienda erótica una pareja heterosexual; él le enseñaba a ella un montón de juguetes anales. Ella se reía y me decía: «Es su fantasía». Y yo: «Pues que se compre uno para él». La chica: «Ah, pues es verdad, ¡úsalo tú!».

—Tiene sentido.

—Claro. Yo lo hago en clave de humor, pero muchas veces trasladamos a nosotras fantasías de ellos. Ese chico lo llevó muy bien. «Has estado muy rápida. Seguro que te has encontrado otras veces con esto...», dijo. Sí, bastantes.

«Hay que hablar de sexo con un hijo cuando es pequeño, cuanto antes mejor, pero no desde el miedo»

 

—¿Cómo hablar de sexo con un hijo adolescente sin ser intrusiva?

—Es una buena pregunta que no tiene una fácil respuesta. Si nunca has tenido una conversación de este tipo con un hijo o una hija adolescente, hagas lo que hagas, vas a ser intrusivo. Digo que no tiene fácil respuesta porque, probablemente, la conversación la debías haber tenido mucho antes con ese hijo o esa hija, cuando era pequeño, cuando iba creciendo... Se debe hablar de sexualidad como de cualquier otro tema. Sobre lo que vemos en la vida, en la calle, en las series de televisión o en las redes sociales. Es interesante no evitar los temas y ser honestos, u honestas. La gente tiende a evitar este tipo de conversación con sus hijos porque se plantean desde el miedo, desde el «tengo que explicarle que si tiene relaciones se puede quedar embarazada o puede contraer una enfermedad de transmisión sexual». Lo hacemos mucho más desde el miedo que desde la naturalidad del día a día, desde un «quiero relacionarme de forma sana con mi hijo o mi hija y no escurrir el bulto cuando sale la sexualidad».

—Si llegamos tarde a esa conversación, ¿cómo lo podemos arreglar?

—Hay muy buenos libros que son de ayuda, que hablan de sexo seguro y sexo agradable desde el placer y la diversidad. Hay alguno que tiene hasta QR y TikToks que hacen psicólogas, sexólogas y otros divulgadores.

—¿Cómo ves a jóvenes y mayores en cuanto a fantasías? ¿Van los jóvenes por delante a la hora de saber identificar sus propias fantasías y distinguirlas de las de otros?

—Pienso que la juventud viene con menos tabúes a la hora hablar y de disfrutar con uno mismo y una misma. Tanto chicos como chicas. A nivel pareja, cuesta un poco más meter juguetes. ¿Por qué? Y hablo en este caso sobre todo de relaciones heterosexuales. Porque en esa juventud en que «yo puedo todo, yo soy lo más y el que te puede dar todo el placer», hay más resistencia... En cambio, en las parejas que son un poco mayores, de 50 para arriba, hay mayor flexibilidad y apertura. Veo que les apetece probar cosas nuevas. En cuanto a fantasías, creo que las parejas un poco mayores están más abiertas a experimentar cosas nuevas con su pareja de toda la vida.

—¿Hay diferencias de género en el uso de juguetes? ¿Son más reacios los hombres a que ellas compren vibradores por verlos una amenaza?

—Eso es. Hay una variante superimportante. Cuando el hombre se hace mayor, hay más disfunción, y eso o lo aceptas o te disgustas, no hay otra. Hay parejas que vienen a buscar juguetes para «darle placer a ella». En los jóvenes, menos, es más «yo lo puedo todo».

—¿En las relaciones de los jóvenes se echa en falta humor y relax?

—Creo que sí. Y son necesarios cien por cien. Ver el sexo como una competición les afecta más a los chicos, y no podemos olvidar un factor importante, la pornografía. Toda esa comparativa se refuerza cuando ese contenido llega a nuestros dispositivos móviles. Querer ser como ese actor o esa actriz que estás viendo en pantalla es imposible. Eso que ven está preparadísimo. Pero hace que ellos quieran competir para ser el mejor, el protagonista, el mayor proveedor de placer del mundo.

—Con tanta presión, será el placer de sufrir... ¿Cómo pueden modelar las series como «Paquita Salas», las películas y otros contenidos nuestras relaciones restando presión?

—Influyen, claro. Al final, lo que vemos, cómo hablamos y cómo nos relacionamos va a influir en nuestra sexualidad, en cómo la estamos viviendo. Es algo que veo también en tienda. No todo el mundo entra igual. Hay gente que entra con miedo. Pienso, por ejemplo, en una chica que hablaba bajito, con pudor... El hecho de que yo le respondiera en voz alta, con naturalidad, hizo que contara que era una chica que no había tenido muchas relaciones, que le costaba mucho llegar al orgasmo. Le dije que no era la primera ni la única. El hecho de que yo le hablara con normalidad hizo que se fuera no con un juguete, sino con la idea de irse a fisioterapia de suelo pélvico, recomendable cuando hay dolor en las relaciones. Me llamó la atención que utilizara expresiones como «ahí abajo». La forma en que hablamos demuestra cómo vivimos la sexualidad y la relación con nuestro cuerpo. Hay que poner palabras sin miedo. Si no lo nombras, no existe. Nombrarlo es el primer paso para aceptar una situación.

—¿Puede el Satisfyer u otro estimulador acabar con una relación de pareja?

—Eso no deja de ser un estimulador. Nunca te va a dar lo que te da la relación con una persona. La mirada de otra persona, el tacto de otra piel no te lo da el Satisfyer ni un succionador. No te va a dar lo mismo, son experiencias diferentes. Soy psicóloga y sexóloga, cuando trabajo con parejas en consulta trabajamos con la sexualidad. Pregunto cómo es su sexualidad de forma individual, si se masturban teniendo pareja. Y el 80 o 90 % me miran asombrados, como si no fuese compatible la masturbación con el tener pareja. Y pienso: «No es que tu pareja lo haga mejor o peor, es que como lo haces tú no lo va a hacer nadie».

—Pero sigue siendo un estigma...

—Sí, claro. Y hay gente que ve la masturbación de su pareja como unos cuernos, como si fuera una infidelidad... «¿Que te soy infiel con mi propio cuerpo?». Veo ese pensamiento a diario.

—¿Cuál es el órgano sexual más importante? Nos sorprendes en redes...

—No sé si el más importante, pero el órgano sexual más grande es la piel. Y solemos focalizarnos en una pequeña porción de piel, la de los genitales. Pero hay un territorio grande para explorar. Hay estudios que corroboran que las mujeres que tienen relaciones con mujeres tienen un porcentaje mucho más alto de orgasmos que las que tienen relaciones heterosexuales. Algo está fallando... Algo está fallando si seguimos pensando a día de hoy que la penetración es lo importante. Hay una brecha orgásmica grande entre relaciones heterosexuales y las relaciones lésbicas. Entonces, ¿qué nos estamos perdiendo? El cuerpo nos puede dar muchísimo más...

—¿Cuál es la manera de descubrirlo?

—En consulta hacemos una especie de mapa erótico del cuerpo, se hace un masaje evitando genitales y luego un dibujo en que pintas de verde las zonas en que el masaje te ha gustado más, en naranja las que ni fu ni fa, y en rojo las que no te han gustado. Y descubres igual que tu pareja ha pintado de verde toda la espalda porque le ha encantado ese masaje de tono erótico en la espalda, cuando era algo en que apenas te parabas. Con estos mapas hay muchas sorpresas en las parejas...

—¿Hay zonas erógenas que pasamos por alto a menudo?

—Por supuesto. Como la parte baja de la espalda, alrededor de los pechos, las axilas, las manos o la parte de atrás de los muslos y las rodillas.