Objetivo 23 millones de afiliados a la Seguridad Social para ir a elecciones

Francisco Espiñeira Fandiño
Francisco Espiñeira REDACCIÓN / LA VOZ

ACTUALIDAD

La vicepresidenta segunda y líder de Sumar, Yolanda Díaz, con el ministro para la Transformación Digital, Óscar López.
La vicepresidenta segunda y líder de Sumar, Yolanda Díaz, con el ministro para la Transformación Digital, Óscar López. Mariscal | EFE

La coalición se aferra a la bonanza económica para contener su crisis

27 jul 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Hablar de adelantar elecciones ya no es un tabú en la coalición. Aunque en público Pedro Sánchez y sus principales altavoces insisten en que el objetivo es agotar la legislatura, entre los equipos del PSOE y de Sumar se trabaja con varios escenarios alternativos para buscar una ventana de oportunidad que permita romper la dinámica de caída de apoyos del bloque de izquierdas —con los de Yolanda Díaz como principales perjudicados— y frenar la victoria de la derecha que hasta en la propia Moncloa se da por hecha con su negativa a adelantar las elecciones.

La semana ha vuelto a ser agridulce para el Ejecutivo. Sánchez respira aliviado porque un audio de los 22.000 que ha recibido el juez del caso Koldo recoge a Víctor de Aldama negando la implicación de Begoña Gómez en el rescate de Air Europa. Ese audio de la UCO sí ha merecido los parabienes de Óscar Puente y Óscar López, que ahí no ven lawfare, sino la evidencia de que la mujer del presidente es inocente. Claro que en ese caso no estaba imputada. Y que el propio Aldama salió a las pocas horas lanzando una advertencia: «Si quieren que hablemos de Begoña, hablemos». La semana había empezado peor, con nuevas investigaciones en el entorno de Santos Cerdán y la decisión del juez de mantenerlo en prisión por su papel preeminente en la trama de corrupción.

Tampoco mejoraron las cosas en el Congreso, donde el Gobierno, pese a las presiones sobre el PP, veía cómo otro de sus decretos, el concebido para evitar la repetición de un apagón general como el de abril —y principal asunto del orden del día—, era rechazado por 185 votos a 165. Y en los 185, además de los habituales del PP y Vox, se hallaban los de Junts, Podemos, la Chunta o incluso el BNG, con uno de los escasísimos desmarques de Néstor Rego de la línea oficial del sanchismo en estos siete años.

«Ni tan mal», exclamaba Sánchez desde Chile tras una cumbre exprés con destacados populistas de izquierdas como Lula da Silva o Gustavo Petro, con los que comparte animadversión por el sector de la judicatura, sospechas de corrupción y problemas para armar mayorías de gobierno realmente efectivas.

El presidente español obviaba que para evitar una derrota aún mayor el Ejecutivo había retrasado adrede la tramitación de la reducción de la jornada laboral exigida por Sumar y, sobre todo, la nueva ley de justicia promovida por Félix Bolaños para aumentar el control de los políticos sobre las instrucciones de los jueces y las investigaciones de las fuerzas de seguridad, sobre todo de la temida UCO.

LA FECHA

Un año de margen. El miércoles, la Encuesta de Población Activa (EPA) daba otra alegría en la Moncloa con un récord de empleo por encima de los 22 millones de ocupados y una tasa de paro del 10,29 %, la más baja desde el 2008. Esos resultados fueron repetidos por la maquinaria afín al Gobierno, obviando que el paro juvenil sigue en el 24,5 %, quizá el más alto de la UE, y otras sombras, como la de las personas que cuentan con dos o más contratos, por ejemplo.

Pero el dato insufló nuevos ánimos a los estrategas políticos de la izquierda y los más optimistas creen que la cifra de 23 millones de cotizantes es factible que se alcance en abril del próximo año. La economía se convierte así en la mejor baza de un Gobierno de izquierdas, donde son muchos los que animan a Sánchez a hacer coincidir un adelanto de las generales en esa primavera del 2026 con las elecciones andaluzas que tendrán que celebrarse antes del verano. Las expectativas de María Jesús Montero, la todopoderosa ministra de Hacienda y número dos del Gobierno y del PSOE son pésimas, como se recoge en el CIS andaluz de este mes y en numerosas encuestas privadas, algunas de las cuales amenazan del riesgo de perder la condición de segunda fuerza en Andalucía. Por eso, algunos gurús demoscópicos creen que solo la coincidencia con las generales podría evitar la debacle en las urnas porque Sánchez, aseguran esos expertos, conserva un tirón superior al de su vicepresidenta primera.

Pero es el propio líder socialista el único que tiene el poder de disolver las Cortes y llamar a las urnas. Y, de momento, insiste en que «me siento con fuerzas». Cada día en el poder, es un día menos para la oposición. El intento de demostrar tirón popular con la resurrección del disminuido clan de la Zeja para contrarrestar al centenar de ex altos cargos del PSOE que pedían elecciones no ha servido de mucho. Hasta Josep Borrell dice en la Ser que asuntos como el del cupo catalán «son un supositorio demasiado grande» para los progresistas.