Puigdemont busca credibilidad tras una cascada de falsas amenazas al PSOE
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Junts abordará el lunes en Perpiñán una eventual ruptura con el Gobierno
24 oct 2025 . Actualizado a las 10:04 h.Carles Puigdemont lanzó este jueves su último órdago al Gobierno. La ejecutiva del partido se reunirá el próximo lunes en Perpiñán con un único punto en el orden del día: mantener o no el apoyo al Ejecutivo de Pedro Sánchez. La convocatoria tiene lugar el día después de la agria intervención de la portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras, que levantó más de una exclamación entre los presentes cuando reprochó al presidente del Gobierno, una vez más, los compromisos incumplidos en estos casi dos años de legislatura: «Quizás habría que hablar menos de cambios de horario y empezar a hablar de la hora del cambio». Ayer, a preguntas de los medios, Nogueras insistió en la idea de que «el Gobierno solo se ha puesto las pilas cuando se ha visto al borde del abismo» y sentenció que «el tiempo de los ultimátums se ha acabado».
No es la primera vez que Junts amenaza a Sánchez con hacer caer al Gobierno. En menos de dos años de legislatura, los independentistas catalanes se han prodigado en advertencias, hasta una decena larga, convirtiendo la amenaza permanente en un modus operandi llevado hasta el extremo en cuatro ocasiones. La primera fue durante tras las elecciones catalanas de mayo del 2024, seis meses después de la investidura del presidente del Gobierno. Puigdemont quedó segundo con 35 escaños, frente a los 42 del socialista Salvador Illa, y los independentistas estaban lejos de la mayoría absoluta, incluso sumando a los radicales de la CUP. En esa tesitura, el prófugo amenazó a Sánchez con dejarlo en minoría en el Congreso, si hacía presidente a Illa con los votos del PP, en una operación similar a la llevada a cabo meses antes para la alcaldía de Barcelona. Aquel episodio culminó con la esperpéntica reaparición y posterior fuga del 8 de agosto en Barcelona, durante la sesión de investidura de Illa.
Cuestión de confianza
El segundo ultimátum llegó en diciembre, cuando Míriam Nogueras registró en el Congreso una proposición no de ley para que Sánchez se sometiera a una cuestión de confianza, ante el bloqueo de las negociaciones en Suiza. Una herramienta que es potestad exclusiva del jefe del Ejecutivo y que este descartó de plano. Días después, en Navidad, y a través de un vídeo en su cuenta de X, el de Waterloo lo acusó de engañar a los catalanes: «Admitimos la pérdida de confianza que le otorgamos; de ninguna manera la renovaremos mientras persista en Madrid y Cataluña la estrategia que pretende hundir nuestro país en la decadencia social, económica, lingüística y nacional». En febrero, y tras la intervención del mediador salvadoreño Francisco Galindo, Junts anunció la retirada de la iniciativa, no sin antes conseguir la delegación de las competencias de inmigración.
La paz duró poco, porque en abril llegó el tercero. Tras la decisión del Supremo de negarle el perdón por el delito no amnistiable de la malversación, los independentistas exigieron el cumplimiento íntegro de los pactos de investidura en un plazo de 45 días. «Si no se cumple el acuerdo de Bruselas, nosotros no vamos a seguir dando apoyo», dijo entonces el número dos, Jordi Turull, en RTVE. Tampoco en aquella ocasión pasó nada.
El último órdago fue en agosto. En un acto en Prada de Conflent, en el sur de Francia, Puigdemont exclamó que las cosas no iban bien y que en otoño pasarían cosas. Luego llegaron las réplicas de septiembre, con una escalada de la confrontación dialéctica en las sesiones de control en el Congreso. Turull se fue al ente público y puso fecha a la ruptura: «Será antes de Navidad».
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Ahora, la dirección de Junts vuelve a reunirse, esta vez en Perpiñán, a hora y media en coche desde Barcelona, con el único fin de revisar las relaciones con el PSOE y, en su caso, darlas por definitivamente rotas. La elección del día no es casual: coincide con el aniversario de la declaración unilateral de independencia del 2017.
Sánchez responde
El presidente del Gobierno respondió este jueves al nuevo desafío con aparente tranquilidad. Sánchez destacó que tiene la voluntad de cumplir todos los acuerdos con Junts, aunque exigen «tiempo, dedicación y esfuerzos», y no todos dependen exclusivamente del Ejecutivo. Además, enarboló la bandera del miedo a un hipotético gobierno de PP y Vox, que, en su opinión, supondría una «involución de medio siglo».