Rocío e Ignacio, expareja: «La cabalgata de Reyes la pasamos juntos con nuestros hijos, hay fechas que son sagradas»

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No hay una sola familia ni una sola Navidad. Y la tradición que más importa es la ilusión de los que vienen detrás.  «Con la separación, empezamos a crear nuestras propias tradiciones. Priorizamos estar tranquilos y no tratar de complacer a los demás. Todo lo que hacemos con la familia extensa es para disfrutar, no para complacer», revela Rocío, psicóloga que forma una familia enlazada con su pareja actual, los dos hijos de él y los dos de ella

25 dic 2025 . Actualizado a las 19:50 h.

La relación de Rocío e Ignacio se rompió hace ocho años, cuando sus hijos tenían 2 y 4 años, pero la ruptura no barrió la ilusión que para los pequeños reyes de la casa enciende cada año la llegada de la Navidad. Ni el sentido de mantener la calma y la alegría de las ocasiones especiales. La tensión de los primeros momentos de una separación no favorecía el hecho de que pudieran vivir juntos algunos de los eventos especiales de sus hijos, como sus cumpleaños, pero con tiempo y esfuerzo por ambas partes los dos fueron dando pasos para modificar el convenio que firmaron tras el divorcio.

 Sus hijos tienen hoy 12 y 9 años. Cuando sus padres se separaron, a los cuatro les costó adaptarse a la nueva realidad familiar y a sus cambios. Los dos primeros años tras la separación no fueron un camino de rosas, pero a partir del tercero, recuerdan, la tensión se fue aflojando y se convirtió en tradición reunirse el 5 de enero. Ni Rocío ni su ex querían perderse el espectáculo de vivir la cabalgata de Reyes de la mano de sus hijos pequeños.

«A partir de que nuestra relación mejoró, empezamos a compartir momentos juntos, independientemente de a quién le tocase estar con los niños. Hay fechas que para nosotros son sagradas. La primera son los cumpleaños de nuestros hijos, que pasamos siempre juntos», comparte Rocío, experta en separación consciente que tras su ruptura se enamoró de Miguel Ángel y forma con él desde hace seis años una familia enlazada, con los dos hijos de él y los dos que tiene ella. La teoría no resuelve los problemas, pero a Rocío conocerla como profesional y verla en otras parejas y familias le enseñó a aplicarla en su vida y gestionar el conflicto, a hacer que este fuese «disminuyendo hasta desaparecer».

Ella siguió un proceso. Su ex siguió el suyo propio. «Cómo lo hizo él yo lo desconozco», admite Rocío. «Pero todas las personas decidimos qué hacemos con nuestros conflictos. Un divorcio es un conflicto, y da lugar a posiciones en que no nos acercamos. Él, como yo, puso de su parte. Yo tengo claro que decidí mantenerme en un sitio donde creía que sumaba a la paz», explica.

Nada de guerra de los Rose. La pareja lo hizo de película al ser capaz de madurar sus diferencias y acercar posturas con actitud, límites y paciencia: «Llegó un momento en el que pudimos hablar con tranquilidad de nuestra relación, algo que en el momento de la separación ninguno estaba preparado para asumir. Lo pudimos hacer pasado el tiempo», abunda.

Como padres tenían mucho más en común que como hombre y mujer, matiza Rocío. Que la familia no se rompe cuando rompe la pareja fue una de sus máximas en su «separación consciente». «Cada adulto fue respetuoso con el otro. Hay una mínima de sensibilidad común que tenemos los dos», asegura la psicóloga, pero esos mismos desacuerdos que teníamos cuando éramos pareja los tenemos separados. Y si yo intentaba hacer algo a mi manera y no era la suya, él con respeto me decía: ‘‘Yo no lo veo así’’. De la misma manera lo he hecho yo», cuenta.

DEL CONVENIO AL AVANCE

¿La clave para avanzar? «No pretender que la otra persona lo haga como yo», responde ella. Quedan fuera las negligencias en el cuidado de los niños. «Cuando nos hemos respetado de esta manera, el entendimiento ha sido mayor», asegura esta terapeuta que trabaja con su actual pareja en Creada, un equipo que ofrece asesoramiento legal y emocional en separaciones.

Madres y padres que se separan deben hacer, por prevenir, un convenio regulador. «Quien no lo hace suele encontrarse llegados los primeros desacuerdos, inevitables, con la dificultad de no haber hecho ese convenio con un abogado, que facilita la organización de la familia tras la ruptura de los padres. Los que están bien detallados tienen 20 o 30 páginas, y su objetivo es desbloquear situaciones que pueden generar conflictos», explica Rocío.

La Navidad en esta familia es sencilla. Rocío y su pareja actual, Miguel Ángel, tienen a los respectivos hijos, dos y dos, en el mismo período navideño: «Un año, tenemos a los niños en Nochebuena y Navidad, y al año siguiente, en Fin de Año y Reyes. Así que pasamos parte de las Navidades los dos en pareja y el otro período de las fiestas juntos los seis, nosotros y todos los niños». Los peques se lo ponen muy fácil. «¡A ellos les encanta juntarse! Lo que les fastidiaría es pasarlas sin sus hermanos. Ni a los hijos de Miguel Ángel ni a los míos les gusta estar en casa sin los otros niños. No son los cuatro hermanos, pero se sienten como hermanos», afirma Rocío.

Este año a los seis les tocará ser familia numerosa a partir de Fin de Año. El 30 de diciembre se reencontrarán y estarán juntos hasta el inicio de las clases.

«Con la separación, tanto Miguel Ángel como yo empezamos a crear nuestras propias tradiciones, a no estar supeditados a las expectativas de la familia. Priorizamos estar tranquilos. Todo lo que hacemos con la familia extensa es para disfrutar, no para agobiarnos», apunta. ¿Cómo se hace en la práctica? «Poniendo límites desde el principio y no pretendiendo complacer a nadie desde el primer momento. Hemos priorizado nuestro bienestar y la cohesión de nuestra familia. Los conflictos vienen cuando queremos complacer a los demás, cuando decimos a lo que no queremos», piensa Rocío.

El bienestar y la calma de los niños es la estrella de las fiestas. Los Reyes y Papá Noel pasan siempre, pero no se repiten en las casas, eligen una de cada parte para dejar sus regalos a los chicos. «El Día de Reyes a los niños no los dividimos nunca. Los niños están ese día solo con el padre con el que les toca», mantienen año a año.

Pero la cabalgata la pasan juntos desde hace cinco años. Los dos hijos de Rocío e Ignacio y sus padres, separados pero unidos por la ilusión de compartir la que sienten sus hijos la noche grande de los pequeños. «Y muchas veces se va incorporando familia, la pareja de Rocío, su madre, tíos... Es algo divertido que va creciendo», concluye esta madre. Y eso es un buen regalo.