Sin llegar al extremo de Woody Allen y Mia Farrow, cada vez más parejas optan por dormir en camas (o habitaciones) separadas. Lo hacen los Beckham, Carlos III y Camila, y un sinfín de «millennials» que priorizan dormir bien a pasar la noche juntos y revueltos. Tres psicólogas explican si esta técnica funciona o mata el amor
05 ene 2026 . Actualizado a las 09:06 h.La televisión y el cine llevan años trasladando una realidad a la que se apuntan cada vez más parejas, aunque hasta hace poco los prejuicios maldecían a aquellos que se atrevían a decir que dormían en una cama diferente a la de su cónyuge. Los dimes y diretes caían como plomo sobre los matrimonios que mostraban que, al llegar la noche, si te he visto, no me acuerdo. Las pantallas han traído estas escenas por motivos de autocensura —filmes de cine clásico como The Philadelphia Story tuvieron que adaptarse al código Hays entre los años 30 y 60, mostrando a matrimonios practicando lo que ahora se conoce como sleep divorce—, o para evidenciar que la relación estaba ya abocada al fracaso. En los modernos 80 llegaron Woody Allen y Mia Farrow y le espetaron al mundo que se podía tener una relación idílica viviendo incluso en apartamentos distintos, aunque tal como acabaron las cosas entre el director de cine y la actriz, muchos le vieron aristas a una idea vanguardista incluso en pleno siglo XXI. Y muy optimista tal y como están los precios de la vivienda.
Sin llegar a tal extremo, lo cierto es que las redes sociales muestran cómo cada vez más millennials cuentan que sí, que con el sueño no se juega y que no piensan engañar a nadie: son felices separándose de su pareja cada noche antes de contar ovejitas. Los prejuicios en torno a esta práctica comienzan a diluirse, incluso aunque a esta tendencia se le haya puesto un nombre que incluye la temida palabra divorcio. A falta de datos concluyentes en España, una encuesta realizada por la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño reveló en el 2023 que un 43 % de los adultos admitían dormir separados de su pareja, especialmente en la franja de edad que va de los 28 a los 42 años. ¿Por qué cada vez tiene más éxito esta forma de vida? ¿Se duerme mejor solo o acompañado? ¿Qué dicen las expertas en sexo y relaciones de pareja?
De las tres especialistas consultadas, ninguna se atreve a dar un veredicto claro o que puedan aplicar todas las parejas. Ahora bien, le encuentran beneficios y dejan claro que tomar esta decisión no tiene por qué suponer el principio del fin de un proyecto amoroso en común. Incluso, a veces, puede reforzar la relación. Lo explica la sexóloga clínica Alba Povedano: «A veces, no dormir juntos no distancia a la pareja, sino que la protege». Se refiere a aquellas personas que tienen problemas de sueño importantes como ronquidos, insomnio, parejas que tienen turnos laborales muy distintos o, por ejemplo, un bebé. Esta distancia podría hasta mejorar la relación y ser saludable para ambos», concluye Povedano. Eso sí, siempre y cuando la decisión sea consensuada. «En algunos casos, esta separación responde a una motivación unipersonal y puede vivirse como un castigo o una forma de rechazo dentro de la pareja», añade esta psicóloga, para mencionar también que a veces el sleep divorce se utiliza «como estrategia para evitar conflictos emocionales, o como una distancia afectiva encubierta, lo cual puede resultar especialmente problemático».
Marta Puente Bermúdez, psicóloga, solo recomendaría esta práctica en casos muy concretos, «y siempre que sea porque una de las personas no puede dormir por los movimientos del otro, por cuestiones como ronquidos o porque la pareja habla en sueños; y cuando ya se han probado otras formas de superar el insomnio». Ella, además, es partidaria de mantener el hecho de ir a la misma cama juntos, aunque luego cada uno busque el sueño por su cuenta. «Ese momento de intimidad sigue siendo clave para charlar, darse cariño y también que se propicie la intimidad sexual», expone.
Aunque las relaciones sexuales están asociadas a la noche, no solo muchísimas parejas prefieren otros momentos del día, sino que las psicólogas desvinculan por completo el coito de la nocturnidad. «Creo que las relaciones íntimas no se tienen que ver perjudicadas por este factor. De hecho, debido a la ausencia de una educación sexual de calidad y a los ritmos de vida que llevamos, se suele dejar el sexo para la noche, precisamente cuando queda menos energía y en demasiadas ocasiones como una tarea con la que cumplir antes de finalizar la jornada. Así que dormir separados incluso podría ser una manera de salir de esta rutina y de replantear el espacio y el lugar que ocupa el sexo en la relación», opina Martina González, fundadora del Centro de Sexología Con Mucho Gusto! A la vez, esta especialista matiza: «Para algunas personas esos momentos de intimidad a la hora de dormir son un inductor del deseo; en ese caso sería cuestión de encontrar y potenciar esa intimidad de otras maneras buscando alternativas».
La cuestión es que para mucha gente es inconcebible mantener una relación amorosa sana sin ese contacto nocturno. Y a esas personas tampoco les falta razón. «Puede tener beneficios porque da sensación de seguridad, mejora el vínculo y las emociones se regulan a través del contacto y el cuerpo de la pareja. También se puede ver reforzado el sentimiento de pareja, ya que para algunas personas es muy importante ese lenguaje afectivo», continúa diciendo Povedano.
Cuando la pareja está en sincronía, cualquier decisión es válida. El problema, claro, llega cuando uno de los dos lanza esta propuesta y el otro no está de acuerdo. ¿Quién debería ceder en estos casos? Martina González aporta que le parece curioso que «cuando somos pequeños vivimos el proceso de dormir de forma independiente, se trata como un acto de madurez; de hecho, hay veces que las familias que colechan reciben duras críticas. Pero después nos pasamos gran parte de la vida adulta buscando a alguien con quien dormir». «Como en todos los aspectos de pareja, en este asunto también debe haber comunicación, negociación y acuerdos satisfactorios para todas las partes. Es importante poner en común qué miedos o malestares aparecen ante las dos ideas», puntualiza González.
Povedano, por su parte, no oculta que el tema es «complicado», y que, por tanto, «requiere de negociación y validación mutua, priorizándose las necesidades compartidas más que las individuales exclusivamente. No se trata de ceder, sino de entender qué hay detrás de cada postura».
Como la tendencia del sleep divorce está cogiendo alas, también hay celebridades que muestran sin tapujos que esta es su realidad. Se trata, en la mayoría de los casos, de relaciones sólidas y longevas. Es el caso de David y Victoria Beckham, que han confesado que hace ya muchos años que cada uno cuenta con un ala en su mansión, con habitaciones, baños e incluso cocinas independientes.
Parece que en el Reino Unido se estila especialmente esta práctica, pues Carlos III de Inglaterra y Camila también piensan que un matrimonio unido no tiene por qué compartir colchón. Los monarcas tienen un dormitorio para cada uno en su residencia de Londres, Clarence House. Aunque la mayoría de las veces los ronquidos de uno de los cónyuges son los culpables de la separación en la cama, los reyes de Inglaterra optaron por esta solución por los constantes problemas de espalda de Carlos. En el mundo de la realeza esta práctica está más extendida que en otros entornos. La propia reina Isabel II —madre de Carlos— dormía lejos de su esposo Felipe en el Palacio de Buckingham. Y según contaron en un documental, Carlos Gustavo de Suecia y la reina Silvia siguen este modelo, y tampoco comparten baño.