Ana y Jesús acaban de ser padres de su décimo hijo: «Gastamos de media 9.000 euros al mes y tenemos dos minibuses para movernos»
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Los García Iglesias son «una locura de familia» y están felices con la llegada de Daniela. «Al principio me imaginaba solo dos hijos. Pero ahora ya me planto. Hemos decidido que diez está bien», dice Ana
07 ene 2026 . Actualizado a las 12:55 h.Daniela cumple un mes de vida y es el ojito derecho de sus padres y hermanos. Hasta ahí, todo muy común. Salvo por el número de hermanos que tiene este recién nacido, que supera por mucho la media nacional, porque es la décima hija de Ana y Jesús. Eso sí, ahora ya dicen que se plantan. «En ningún momento nos planteamos tener un número determinado de hijos. Al principio me imaginaba solo con dos. Lo que pasa es que cuando van naciendo, ves que tu instinto maternal no se ha cerrado, que no te importaría tener más. Y así hasta el día de hoy», cuenta Ana Iglesias, que está acostumbrándose a tener un nuevo bebé en casa, aunque dice que es buenísima. «En esta ocasión pues ya ves que el trabajo es mucho y que yo ya me voy haciendo mayor, y hemos decidido que diez está bien. Mi cuerpo me decía que ya no tuviera más», aclara.
Esta «locura de familia», así es como se los conoce en redes sociales, lamenta que haya gente que no entienda su modelo familiar: «Respeto a todo aquel que decide no tener hijos, y no entiendo por qué, cuando se da la situación contraria, la gente no lo entiende». «Incluso podría llegar a entender que la gente lo criticara si no tuviéramos para mantenerlos y estuviéramos todo el rato pidiendo ayuda. Pero cuando ves que los niños tienen las atenciones necesarias y tenemos capacidad para mantenerlos, pues no lo entiendo. Tampoco es que seamos millonarios, pero nos podemos permitir salir a cenar o irnos de vacaciones, que no es poco a día de hoy. Entonces, no comprendo que esto genere rechazo», comenta Ana. Y va más allá: «Creo que es una especie de fobia a la familia y a quien decide tener hijos en un país en el que, además, hay unos índices tan bajos de natalidad». La situación llegó a tal punto que incluso tuvo que aclarar que no son una familia religiosa ni pertenecen a ningún grupo católico en concreto.
«Es verdad que en una familia numerosa todos aportamos en casa, porque si no, sería imposible. Y lo considero positivo. Pero son niños, y no te voy a decir que se matan por ir corriendo a poner el lavavajillas», indica sobre las críticas que reciben cuando ven a sus hijos ayudando en casa. «Incluso hay quien dice que los mayores cuidan a los pequeños, y no es así. O que se crían solos. Nosotros somos los que los cuidamos. Y en un momento puntual puedes dejar que los mayores cojan a un bebé o que participen de hacer la cena. Una cosa es eso y otra es que ellos asuman la responsabilidad que tenemos nosotros como padres. Hay gente que no entiende la diferencia», aclara.
«Afortunadamente, no todo el mundo es así y hay quien agradece que haya niños y a quien le gustan las familias, pero a veces veo a personas con perfiles llenos de mascotas que también te critican. Y pienso que, si en vez de niños, fueran mascotas, no nos criticaría nadie. Parece algo negativo. Está peor visto tener hijos. Y no tengo nada en contra de los que tienen mascotas», señala.
El día a día
Pero veamos cómo se organiza esta familia de doce en el día a día. Porque no es tarea fácil. Para empezar, Ana y Jesús tienen que estar preparados para asumir cualquier tipo de imprevisto. Y pocas son las jornadas en las que no surge algún contratiempo. «A veces mis días son caóticos. Y pienso que, efectivamente, somos una locura de familia. Todos los días tienes que improvisar. Intentamos mantener una rutina, pero es difícil. Y tenemos muchos imprevistos. Hay momentos de mucho estrés. Pero cuanto más cerca estés de la rutina, menos estrés tendrás. Y cuanto más te toque improvisar, más complicado se hace».
En esa rutina, los desplazamientos cobran vital importancia. Porque, claro, no es lo mismo movilizar a dos que a diez niños. ¿Cómo lo hacen los García Iglesias? Pues ni más ni menos que en minibús. «Sí, lo hacemos así desde hace cuatro años. Antes no éramos tantos y teníamos una furgoneta de nueve plazas. Pero después, al ser más, nos compramos el minibús y nos tuvimos que sacar el carné de autobús, porque lo necesitas para poder conducir vehículos de más de nueve plazas. Ahora tenemos dos minibuses, por muchos motivos. El primero, porque igual los llevo yo, pero luego es mi marido quien los tiene que recoger. O al revés. Y yo no me puedo dividir en dos para recogerlos. Entonces, tengo que tener un vehículo a mi disposición», cuenta, mientras reconoce que hay gente que le propone desplazarse en transporte público: «No se hacen una idea de lo que es ir en metro con nueve o diez niños. Tratamos de evitar zonas donde haya algún tipo de peligro o mucha aglomeración. El minibús tiene su parte buena, que podemos viajar todos juntos, pero también su parte mala, porque no hay muchos sitios donde poder estacionarlo y tampoco puedes entrar en los párkings. Eso nos limita mucho», añade.
Otro aspecto que deben tener muy en cuenta es la parte económica: «Tratamos de reutilizar todo en la medida de lo posible. La ropa intentamos que pase de uno a otro, aunque te puedes imaginar que un mismo pantalón no llega al noveno. También reutilizamos juguetes, libros, y demás. En la alimentación miramos el céntimo y aprovecho las ofertas. Y luego a la hora de salir, pues tampoco vamos a sitios supercaros. Tratamos de ir a lugares que tengan menú infantil. Intentamos economizar todo lo que podemos». Y tienen claro el presupuesto aproximado que manejan al mes: «Teniendo en cuenta que un mes gastas menos y otro más, calculamos que gastamos de media unos 9.000 euros, aproximadamente. De ahí también pagamos la hipoteca, que no es barata. Porque, claro, no podemos vivir en un piso. Vivimos en una casa. En el colegio pagamos el comedor, luego están las actividades extraescolares y excursiones. Y no van a todos los cumpleaños, porque no haríamos otra cosa, además del gasto que supone. Les preguntamos la relación que tienen con el niño y ellos también lo entienden».
Solo en alimentación cuenta que antes gastaban unos 1.200 euros al mes, pero ahora ese presupuesto ha crecido porque ellos también van creciendo. Y solo en leche, calculan que consumen unos 7 litros al día. Ana reconoce que para hacer frente a todo esto, se necesitan dos buenos sueldos: «Nosotros no nos podemos permitir tener un solo sueldo. Mi marido trabaja por cuenta ajena y yo llevo emprendiendo desde el 2015, porque necesitábamos crecer económicamente. Ahora tuve que cerrar mi tienda por el embarazo y el parto, porque la gestionaba yo sola y me resultaba complicado. Volveré a emprender, pero aún no tengo claro en qué. La verdad es que las redes también me aportan un ingreso extra. También vas haciendo colchón y tenemos un margen, aunque hay cosas de las que podríamos quitarnos».
Por el momento tratan de irse de vacaciones cuando pueden, aunque lo de ir 12 a un hotel ya no lo hacen: «Algunos empezaban a exigirnos reservar tres dormitorios y eso implicaba que viniera un tercer adulto con nosotros. Y era un desembolso. Pero desde hace un par de años vamos a apartamentos. Es más económico. Además, mis hijos quieren dormir juntos. Al final terminábamos todos metidos en la misma habitación del hotel». Eso les sigue ocurriendo también en casa. «Todos quieren dormir juntos. Y les damos libertad. Y si pueden dormir en la cama de papá y mamá, mejor. Ahora mismo nos estamos repartiendo en dos o tres habitaciones. Pero en una de ellas hay cuatro literas, y como son tan chiquititos, a lo mejor se meten dos en una cama. O tres y uno está durmiendo a los pies y los otros dos arriba. Nadie quiere dormir solo. Yo creo que incluso lo perciben como un castigo», explica. Lo que está claro es que no hay sitio para el aburrimiento. ¡Enhorabuena por esta locura de familia!