Desde sus inicios como sindicalista en Caracas hasta liderar un país marcado por la polarización, las crisis económicas y la presión internacional, Maduro ha construido un mandato lleno de controversias y desafíos
03 ene 2026 . Actualizado a las 12:38 h.Nicolás Maduro Moros, presidente de Venezuela desde el 2013, es una de las figuras más complejas y controvertidas de la política latinoamericana reciente. Su nombre evoca, al mismo tiempo, la memoria del chavismo que lo lanzó al poder y las crisis que han marcado su mandato: económicas, sociales y políticas, sostenidas por décadas de polarización y enfrentamiento con la oposición y la comunidad internacional.
Nacido en Caracas el 23 de noviembre de 1962, Maduro inició su vida laboral como conductor de autobuses del Metro de Caracas. De joven, su militancia sindical le permitió destacarse entre los trabajadores, y pronto se cruzó con la figura que definiría su carrera: Hugo Chávez. La conexión llegó a través de su esposa, Cilia Flores, abogada de Chávez durante su encarcelamiento tras el fallido golpe de 1992. Desde entonces, Maduro fue un soldado del proyecto político de Chávez, fundador del Movimiento V República y partícipe de la campaña que llevó al comandante a la presidencia en 1998.
Su carrera política se aceleró: miembro de la Asamblea Nacional Constituyente de 1999, diputado en el 2000 y el 2005, presidente del Parlamento en el 2006 y ministro de Exteriores ese mismo año. En el 2012, tras la reelección de Chávez, fue designado vicepresidente y, tras la muerte del líder bolivariano en marzo del 2013, asumió como presidente encargado, jurando ante un país golpeado por la pérdida de su guía. Apenas un mes después, en las elecciones de abril, se impuso por un estrecho margen frente a Henrique Capriles y recibió poderes especiales del Parlamento para gobernar por decreto durante un año.
Desde los primeros meses, Maduro enfrentó protestas masivas, crisis económicas y una inflación galopante que erosionaron su popularidad. Entre el 2014 y el 2015, el descontento social se tradujo en marchas, enfrentamientos y decenas de muertos. La oposición, unida por primera vez en elecciones legislativas, conquistó la mayoría del Parlamento, solo para ver cómo el Tribunal Supremo asumía sus facultades un año después, generando nuevas protestas y represión.
El 2017 marcó otro punto de inflexión con la convocatoria de una Asamblea Constituyente dominada por el chavismo, rechazada por numerosos países por considerarla antidemocrática. En el 2018, la abstención y denuncias de fraude marcaron su reelección, mientras que en 2019 la oposición, liderada por Juan Guaidó, proclamó un «presidente interino» que contó con el respaldo de más de cincuenta gobiernos, sin que lograra desplazar a Maduro del poder.
En el 2024, elecciones adelantadas y un proceso de primarias opositoras llevaron a Edmundo González Urrutia como candidato, y Maduro se alzó con la victoria según el organismo electoral controlado por el chavismo, con un estrecho 51,2 % frente al 44,2 % de su rival, resultados cuestionados por la oposición y mandatarios internacionales.
Su gestión ha estado marcada por acusaciones de narcotráfico. En agosto del 2025, la fiscal general de Estados Unidos ofreció una recompensa de 50 millones de dólares por información que conduzca a su captura, en el marco de una investigación sobre el Cartel de los Soles.
Casado con Cilia Flores, quien también ocupó altos cargos en el chavismo, Maduro ha forjado una vida política y personal entre la lealtad al proyecto de Chávez y la defensa de su permanencia en el poder frente a una prolongada tormenta social, económica y diplomática.