Dos expertos aportan las claves de una etapa marcada por los cambios globales
05 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El 1 de enero, se cumplieron 40 años del ingreso de España en la Comunidad Económica Europa, hoy Unión Europea. Se acababan décadas de aislamiento, se consolidaba definitivamente la democracia, y España ponía rumbo a la modernidad y la prosperidad. El país se ha beneficiado del proyecto europeo, pero también ha hecho grandes aportaciones. El regreso de Trump al poder supone un nuevo desafío.
Francisco Aldecoa, catedrático emérito de Relaciones Internacionales en la Complutense: «No solo nos hemos beneficiado del proyecto europeo, sino que España ha hecho grandes aportaciones»
Francisco Aldecoa es catedrático emérito de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid, presidente del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo, autor de libros como La oportunidad de Europa frente a Trump y coordinador de La aportación de España en la Unión Europea, ambos publicados por Catarata.
—¿Qué ha aportado a España la integración en la Unión Europea?
—España no sería la misma si no hubiera entrado en la Unión Europea; ha sido un cambio muy profundo, ha conseguido consolidar su proceso político, mejorar su capacidad económica, desarrollar un modelo social equivalente al de la UE y tener la posibilidad de jugar papeles en la sociedad internacional con mucho más empuje. España no pudo participar en el proyecto europeo desde el principio debido a la hipoteca política que suponía el régimen de Franco y a partir de la firma del tratado y sobre todo de su vigencia, el 1 de enero de 1986, España participa plenamente y juega un papel clave entre los países más europeístas.
—¿Y cuáles han sido las aportaciones de España a la UE?
—Son muchos los elementos originarios que España aporta a la UE. Cuando entra había muy pocas políticas comunes y de integración, y España va a hacer aportaciones en temas capitales. En primer lugar, a partir del Tratado de Maastricht, propone la ciudadanía europea, que se aprobará; en segundo lugar, consigue los fondos estructurales y después de cohesión, que van a ser buenos para la UE y para España, para conseguir una financiación extraordinaria y poder salir del retraso económico. Va a aportar a la política exterior, especialmente en el ámbito de América Latina y el Mediterráneo, dos áreas de influencia muy importantes. También en justicia e interior, en el tema de Schengen, en el desarrollo de la política común de seguridad y defensa. No solo nos hemos beneficiado del proyecto de construcción europea, sino que España ha hecho grandes aportaciones. Muchas innovaciones proceden de España. No cabe duda de que en el Tratado de Maastricht, por el cual la UE se transforma una comunidad de naturaleza económica en política, España jugó un papel central. También fue el país número 11 que se incorporó al euro, y va a jugar un papel en su desarrollo posterior. Bulgaria se ha convertido ahora en el vigésimo primer país de la eurozona.
—¿Qué papel puede jugar España en esta nueva era del trumpismo?
—En este mundo convulso, España es un socio leal del proyecto europeo, que juega un papel equivalente al peso que tiene. Frente a Trump, que ha roto gran parte de los compromisos que EE.UU. tenía con sus socios, entre ellos los europeos, España está cohesionada con el resto de los países de la UE, ya no es un actor aislado. Ante la política exterior y comercial errática de Trump, que está aislando a Estados Unidos, la UE va a tener la posibilidad de sacar ventajas precisamente por tener solidaridad y cohesión entre los estados. Europa está acercándose a otros socios, especialmente al grupo de la EFTA, a Canadá y los países de Mercosur, que frente las políticas arancelarias y de expulsión de inmigrantes están estrechando su relación con Europa. La llamada Estrategia Nacional de Seguridad de Estados Unidos demuestra lo que ya dije en La oportunidad de Europa frente a Trump, que el auténtico adversario, en la concepción del presidente estadounidense del mundo, no es China, sino Europa.
Raymond Torres, director de Coyuntura y Economía Internacional de Funcas: «España es menos vulnerable que otros países europeos al entorno global que ha surgido con Trump»
Raymond Torres es director de Coyuntura y Economía Internacional de Funcas, así como del observatorio Funcas Europe, profesor en el Instituto de Empresa y consejero para la Comisio?n Europea sobre temas del mercado laboral.
—¿Qué han supuesto estos 40 años para España?
—Han sido años de transformación, en los que progresivamente España ha mejorado su espacio de soberanía. Esto último puede parecer paradójico, ya que la adhesión a la UE ha supuesto compartir competencias con el resto de socios comunitarios, en política comercial y competencia, por ejemplo. Incluso ha desaparecido la peseta, a favor de la moneda común que es el euro. Sin embargo, con el tiempo la integración ha reforzado la resiliencia de la economía y permitido elevar las cotas de bienestar. También ha generado un margen de maniobra para la política y una capacidad de influencia internacional que probablemente no habrían existido si el país se hubiera mantenido al margen de la construcción europea.
—¿Cuáles son los principales avances que España debe a la UE?
—La transformación se refleja, en primer lugar, en un tejido productivo internacionalizado gracias a la apertura comercial. Las exportaciones han pasado de representar menos del 20 % del PIB antes de la adhesión a cerca del 40 %. El turismo sigue siendo un motor, pero ya no es el único: ha emergido un potente sector de servicios profesionales, tecnológicos y no turísticos altamente competitivos en los mercados exteriores. Es también evidente que los fondos europeos han servido para crear una extensa red de infraestructuras de transporte, comunicación y energía con importantes derivadas en la competitividad, la atracción de inversión directa extranjera y la vertebración de los territorios. Pero tal vez el principal avance es el que atañe a los instrumentos de política económica y social: estos se han perfeccionado, inspirándose de las mejores prácticas europeas. Algunas instituciones como el Tesoro Público han reforzado su credibilidad. La creación de otras, como la Airef, ha aportado coherencia. En el ámbito laboral, el despliegue de los ERTE, basado en la experiencia de otros socios comunitarios, ha sido providencial. Con todo, se ha tardado demasiado en reformar la política laboral y todavía hoy el paro sigue siendo una asignatura pendiente.
—¿Cuál es la posición de España actualmente en un escenario global con la llegada de Trump al poder?
—España es menos vulnerable que otros países europeos al entorno global que ha surgido tras el regreso de Trump. No es solo que nuestra exposición directa a Estados Unidos sea menor. También nos beneficiamos del favorable posicionamiento competitivo de las empresas españolas, con costes laborales y, sobre todo, energéticos, más bajos. Esto explica que la economía española esté ganando cuota en el mercado común, compensando hasta cierto punto los vaivenes globales. La disponibilidad de fuentes de energía renovables abundantes y a un coste asequible es otra importante ventaja. Frente a ello, España también manifiesta vulnerabilidades como la presión para incrementar el gasto en defensa en un contexto de deuda pública elevada. Por otra parte, el débil comportamiento de la productividad, de por sí un problema, revela un retraso preocupante en el rendimiento de la inversión en educación y en la adopción de nuevas tecnologías. Finalmente, la crisis de vivienda amenaza con debilitar la cohesión social, factor crucial del relativo europeísmo de la ciudadanía española.