Los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, las piezas clave del nuevo poder en Venezuela

María Rodríguez CARACAS / E. LA VOZ

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Delcy Rodríguez y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, el pasado 4 de diciembre.
Delcy Rodríguez y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, el pasado 4 de diciembre. Leonardo Fernandez Viloria | REUTERS

Delcy Rodríguez debe conciliar los múltiples intereses internos con las presiones que está recibiendo desde EE.UU.

05 ene 2026 . Actualizado a las 17:11 h.

Venezuela asiste a un proceso de reconfiguración del poder de la revolución bolivariana, al menos temporalmente, en un proceso que, evidentemente, será tutelado muy de cerca por Estados Unidos y que apunta, como señaló el presidente Donald Trump, en una entrevista a New York Post, a «restablecer la ley y el orden» antes de convocar a unas elecciones, lo cual podría ser un proceso no tan corto. 

El poder en el país sudamericano, que es un asunto en clanes familiares desde hace más de una década (los Maduro-Flores, los Rodríguez, Diosdado Cabello y su familia) pasa a ser tutelado sin ambages por EE.UU. alrededor de la figura de los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, la primera como presidenta interina, el segundo, previsiblemente, como presidente de la nueva Asamblea Nacional, elegida sin mínimos estándares democráticos hace ocho meses, y que debería instalarse este lunes.

El ministro de Interior y Justicia de Venezuela, Diosdado Cabello
El ministro de Interior y Justicia de Venezuela, Diosdado Cabello MIGUEL GUTIERREZ | EFE

Que la pareja logre, sin embargo, estabilizarse (y estabilizar) al país tiene enemigos poderosos: el primero de ellos, señala el exalcalde caraqueño y politólogo Ramón Muchacho (en su momento, líder importante de la oposición, hoy en el exilio) pasa porque logre controlar a Diosdado Cabello.

Cabello, principal representante del chavismo radical (y el único que queda en el poder de los militares que se alzaron con Hugo Chávez en 1992), no solo es ministro del Interior, sino líder de los mecanismos de represión del régimen, incluyendo a los denominados colectivos, grupos paramilitares armados que este domingo dieron una exhibición de fuerza circulando en motos por toda Caracas, portando armas largas. Según Ramón Muchacho, editor de La Ceiba ,un newsletter de amplia circulación en Venezuela, «Diosdado va a dinamitar y pulverizar el plan de Trump, o morirá en el intento». 

Para el politólogo, «el único soporte real que tiene Delcy es Trump, que no es poca cosa, pero tampoco es gratuito. Delcy es ficha de José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez, pero eso no le servirá de nada en este trance. En este momento está amenazada por Trump, que le exige iniciar un verdadero proceso de transición, y por Diosdado, que le exige atrincherarse y profundizar el esquema de dominio». 

Discurso público, negociación privada

Hasta el momento, Delcy Rodríguez ha sido ambivalente: A pocas horas de la captura de Maduro por tropas estadounidenses, y en su primer discurso público al frente del régimen venezolano, exigió la «liberación» del mandatario y desmintió que estuviera cooperando con EE.UU.. La noche del domingo, en sus redes sociales, sin embargo, extendió una invitación directa a la Administración Trump para trabajar en «una agenda de cooperación orientada al desarrollo compartido», en el marco de la legalidad internacional y que fortalezca una convivencia comunitaria duradera».

El politólogo venezolano Francisco Poleo, también en el exilio, considera que Rodríguez va a tener que mantenerse en esta ambivalencia un tiempo: con una imagen pública dura contra Estados Unidos, mientras negocia los términos de una transición que dirigen, según Trump, sus halcones: Marco Rubio, secretario de Estado, y Pete Hegseth, secretario de Defensa. 

La tercera pata de la mesa del poder la constituye, por ahora, Vladimir Padrino, muy desprestigiado dentro de Venezuela, como todas las Fuerzas Armadas, por el secuestro de Maduro sin que los responsables de protegerlo pudieran hacer nada.

Pero Padrino, según Ramón Muchacho, sigue teniendo la llave del poder, y de las Fuerzas Armadas depende el respaldo que pueda tener Delcy Rodríguez para ejecutar una transición tutelada por Washington o que el país se hunda en el caos.

Jorge Rodríguez, en una sesión en la Asamblea Nacional venezolana el pasado 22 de diciembre.
Jorge Rodríguez, en una sesión en la Asamblea Nacional venezolana el pasado 22 de diciembre. Leonardo Fernandez Viloria | REUTERS

Quienes sí parecen salir de la foto del poder en este momento, definitivamente, son los representantes de la familia de Hugo Chávez, que ya queda muy atrás en el tiempo; y, probablemente, el llamado clan de los Flores, manejado por la primera dama, Cilia Flores, cuyos familiares controlaron durante años no solo las finanzas del país (desde hace años en manos de Delcy Rodríguez) sino el Poder Judicial, donde son la fuerza dominante. 

El aroma de la traición

En el aire, además, queda el olor de la traición, de que la captura de Maduro no habría sido posible sin delaciones internas. «La historia dirá quiénes fueron los traidores, la historia lo va a revelar», señaló, en sus redes sociales, sin dar más detalles, Nicolás Maduro Guerra, el hijo del exmandatario capturado.

«Ustedes nos verán en las calles, nos verán junto al pueblo, nos verán enarbolar la bandera de la dignidad», añadió. No dijo, por supuesto, quienes eran los destinatarios de un mensaje que hace aún más posible que la estructura de poder en la que su padre era el principal articulador estalle en pedazos en los próximos días, y con ella, el plan de Trump, que también enfrenta presión internacional para una solución que incluya rápidamente un cronograma electoral, como lo indica la serie de conversaciones que María Corina Machado, ninguneada por el mandatario estadounidense y por Rubio desde el sábado, ha sostenido con diferentes líderes internacionales que exigen una transición rápida hacia una democracia, en la que los Rodríguez podrían recoger los restos del naufragio del chavismo, como jugadores minoritarios.