La ruta ártica que codician Rusia y China

Pablo Medina MADRID / LA VOZ

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El vicepresidente Vance y su mujer, durante su visita a la base militar estadounidense en Groenlandia.
El vicepresidente Vance y su mujer, durante su visita a la base militar estadounidense en Groenlandia. JIM WATSON | REUTERS

EE.UU. entra en la pugna por el control de los recursos y el comercio del polo norte

09 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando llegó a la Casa Blanca, el presidente de EE.UU., Donald Trump, se comprometió a implicarse más en la geopolítica del Pacífico ante la creciente influencia de China en el entorno. En un escenario en el que el control de los recursos naturales globales se hace protagonista y atado el cabo del control petrolífero en Venezuela, el mandatario pone ahora la mirada en Groenlandia, un territorio en el que su guerra comercial tiene mucho que disputar y donde Moscú y Pekín se pueden hacer fuertes.

Pero un interés añadido aflora. Porque si la disputa por los recursos centra las discusiones sobre la zona polar, Groenlandia también es, a los ojos de Trump, la oportunidad perfecta para desbaratar las rutas comerciales de sus rivales. Por el Ártico, discurren dos rutas marítimas de especial importancia para EE.UU., China y Rusia y la clave de la pugna entre las potencias está en reducir el tiempo que tardan en recorrerse desde el Pacífico al Atlántico para atraer productos a sus mercados con seguridad y reducción de costes y peligros.

La primera y más importante, la Ruta del Mar del Norte (NSR). En los últimos años, Pekín la ha vendido como una alternativa sólida al canal de Suez (la más transcurrida del mundo) para establecer relaciones comerciales con Europa y conectar ambos mercados. Ofrece una travesía de 18 días desde el mar de Barents hasta el estrecho de Bering con plena seguridad frente a los 35 que tardarían si los mercantes chinos y europeos atravesaran Suez con el riesgo de la hostilidad de los hutíes desatada por la guerra de Gaza en el mar Rojo o los 45 de rodear el sur de África con la presencia de piratas somalíes. Menos tiempo y más seguridad. Por eso el año pasado esta ruta movilizó 37,9 toneladas de mercancía.

Alternativas al fracaso

En lo que respecta a EE.UU., su presencia ártica es más bien débil. La Ruta del Noroeste (NWP), frecuentada por Washington y Canadá principalmente, también se conecta con Europa, pero el tránsito de mercancías por esta ruta es tan paupérrimo que ni siquiera existe un control anual de su mercancía por la dificultad que supone transportar mercancía desde Alaska, atravesando Canadá y topando con Islandia con grandes masas de hielo en ruta. Washington quiere el dominio de Groenlandia para establecer una tercera vía comercial alternativa a la incompetente NWP, la Ruta Transpolar. Aprovechando el impacto climático que acelera el deshielo en el centro groenlandés, los barcos norteamericanos tardarían un 30 % menos de tiempo en llegar del Atlántico al Pacífico con respecto a la NWP. Además, se asegura la afluencia de las tierras raras del territorio —o su control y explotación según escale la situación— hacia los mercados europeos, disputa parte de las reservas energéticas del Ártico a Rusia y asegura una posición militar clave con una nueva ruta logística que protege su base militar de Pittufik.

Las cartas de Moscú

Rusia se aprovecha de la NSR, en la que en los últimos años ha invertido millones en rompehielos, puertos y bases militares. En parte, obligada por las sanciones internacionales por la guerra de Ucrania, que han obligado a Moscú a encontrar nuevos clientes para comprar sus recursos, bien para consumirlos o bien para sortear las represalias económicas de Europa y EE.UU..

Su petróleo y su gas, extraídos en su mayoría en Siberia, han encontrado un bloqueo comercial por parte de la Unión Europea, que hasta hace escasos cuatro años le compraba el 45 % de su gas natural y el 27 % de su petróleo. Con la invasión, propició que sus clientes europeos bajaran la persiana y sus existencias se vendieran principalmente a China y la India, ambos en Asia. Si explotara las reservas de petróleo y gas del ártico, el Kremlin también tendría que buscar clientes en el este.

Hacerse con estos recursos le permitiría, además, mantener su maquinaria bélica sobre el Viejo Continente. Parte de las exigencias que el presidente Vladimir Putin demanda a los aliados de Kiev es levantar las sanciones que han asfixiado la economía del país. Más recursos y más mercado implicarían una recuperación que espolearía las ambiciones del imperialismo ruso.

Los Veintisiete, sin embargo, también tienen palabra en el tema. Dinamarca es soberana de Groenlandia y, sin su consentimiento o su pérdida de soberanía, no habrá ruta para EE.UU., pero la NSR seguirá funcionando. El papel que juegue Europa será determinante.