La Unión Europea ha publicado un informe en el que analiza el impacto de los vuelos nocturnos en el calentamiento global
28 ene 2026 . Actualizado a las 08:49 h.Las estelas de los aviones no forman parte de ningún programa secreto de los gobiernos para evitar que llueva o fomentar el turismo. Sin embargo, sí tienen una influencia sobre el clima. Su impacto está reconocido por la ciencia desde hace tiempo y responde a principios básicos de la física.
Se forman cuando el aire caliente y húmedo que liberan los motores del avión se enfría bruscamente al entrar en contacto con las bajas temperaturas de la atmósfera en altura. Están compuestas por diminutos cristales de hielo, igual que los cirros.
Los cirros y las estelas de los aviones son nubes altas. Dejan pasar buena parte de la radiación solar, pero al mismo tiempo atrapan el calor que la Tierra emite hacia el espacio durante la noche. Por ello, su presencia en el cielo contribuye al calentamiento del planeta. De hecho, diversas publicaciones científicas han señalado que la aviación puede tener un impacto climático comparable, e incluso mayor a corto plazo, a través de las estelas, que por sus emisiones directas de dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero.
La Unión Europea acaba de publicar un informe que reconoce que el 25 % del calentamiento global asociado a las estelas en el continente procede de vuelos nocturnos realizados en otoño e invierno, a pesar de que solo son el 10 % del tráfico aéreo.
El estudio añade que las estelas contribuyen entre un 1 % y un 2 % al calentamiento global. También señala que, en el 2019, el 75 % del calentamiento por estelas en Europa se produjo entre enero y marzo y entre octubre y diciembre, y que el 40 % se concentró durante las últimas horas de la tarde y la noche.
Los autores subrayan que el hecho de que una cuarta parte del calentamiento se concentre en solo el 10 % del tráfico crea «condiciones ideales para ajustar un pequeño número de vuelos con efectos mínimos sobre las operaciones aéreas y grandes beneficios climáticos». Apenas el 3 % de los vuelos fue responsable del 80 % del calentamiento asociado a estelas.
Concluyen que reducir este impacto sería sencillo mediante pequeños ajustes de ruta o cambios de altitud para evitar capas atmosféricas frías y húmedas. Subir o bajar entre 600 y 1.200 metros permitiría reducir la emisión de estelas en un 54 %.