Médico en Maracay y opositor venezolano: «Nos han hecho tanto daño que el miedo es aún mayor a la felicidad»

María Salgado
María Salgado REDACCIÓN / LA VOZ

ACTUALIDAD

El doctor Rafael Ramírez, viendo el amanecer en la ciudad de Maracay (Venezuela).
El doctor Rafael Ramírez, viendo el amanecer en la ciudad de Maracay (Venezuela).

Ciudadanos de a pie reclaman una transición política «lo menos trágica posible» en el país caribeño

02 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El reloj marca las tres de la tarde en la ciudad de Maracay, en el estado venezolano de Aragua, a solo cien kilómetros de Caracas. Allí, al otro lado de la línea telefónica, está Rafael Ramírez, médico treintañero y militante del partido opositor Primero Justicia, que habla bajo un nombre ficticio y con el miedo grabado en el ADN tras 27 años de represión chavista. El tiempo parece haberse detenido en el país caribeño, dice, desde que hace treinta días el ejército estadounidense detuvo al presidente Nicolás Maduro. El minutero apenas avanza, como las liberaciones con cuentagotas de presos políticos, mientras silencio y temor y una alegría disimulada discurren, lentos, por sus calles. El único cambio es «netamente sentimental: ahora hay una esperanza que antes estaba perdida. Y esa esperanza es que esto ocurra de la manera más pacífica posible, pero que ocurra», reclama en pro de la democracia. «Ahorita, cuando la libertad pareciera estar cerca, uno no quisiera perderla y poder verla en primera plana».

—¿Cómo vivió la noche en que fue arrestado Maduro?

—Unas horas antes, a las once de la noche, recibí una llamada de la clínica donde trabajo porque había una cirugía de emergencia, pero me acordé de que yo no estaba de guardia, y ya me quedé despierto hasta la una de la mañana. Una hora más tarde, sonó el teléfono y pensé que sería la clínica, pero era un amigo que trabaja en un hospital de Caracas. Lo escuché llorar y me dijo que estaban bombardeando la capital, que viera los vídeos, pero creí que sería Inteligencia Artificial. Mi esposa revisó su teléfono y confirmó que era verdad. Mi amigo me dijo que escuchaban explosiones y que estaban muy asustados en el hospital.

—¿Cómo reaccionó a la noticia?

—Me quedé en shock. Esto de verdad estaba pasando. Una cosa es que nos digan que viene el lobo, pero el lobo nunca llegaba. Esta vez el lobo llegó. Por suerte, teníamos energía eléctrica e internet, y pudimos enterarnos y llamar a la familia. Mis suegros estaban aquí en la casa, gracias a dios, y llamé a mi mamá, que vive a doce kilómetros para que se preparara.

—¿En qué sentido?

—Yo, previendo lo que pudiera pasar, había abastecido de comida nuestra casa. Pero a las 2.45 de la madrugada, me di cuenta de que no tenía combustible en el carro. Y salir a cargar, había una estación abierta y de regreso, las farmacias estabas llenas de filas de personas comprando comida, porque aquí las farmacias tienen mini supermercados. La gente estaba comprando harina, pan, arroz, pasta, latas de atún, de sardinas... Recorrí el centro de mi ciudad y todo estaba igual, lleno de filas de personas. Regresé a la casa y pasamos el día expectantes.

—¿Cuándo se enteró de la detención del presidente?

—Leí el comunicado de Trump en su red social, Truth Social, donde decía que los estaban trasladando. Al principio, yo no lo creía tampoco. ¿Cómo se lo llevan, si está custodiado por cubanos y todas las fuerzas policiales y militares del país?. Me parecía imposible. Nos llamaron muchos familiares que están fuera de Venezuela para decirnos: Se lo llevaron, se lo llevaron. Acá no sabíamos si era verdad hasta que Delcy Rodríguez exigió una fe de vida de Maduro y de Cilia.

—¿Lo celebraron?

—No fue alegría, en el sentido de que no brindamos, no. Fue una sensación de paz, de que se está haciendo justicia. La persona que tanto daño ha hecho por fin va a enfrentarse a la Justicia. Nos abrazamos en familia, hubo lágrimas. Dios mío, ya pasó, por fin esto se está terminando después de tantos años. En la calle no se escuchaba felicidad de ningún tipo, pero no porque la gente no estuviera feliz. La gente estaba eufórica y feliz; no hay duda de eso. Pero nos han hecho tanto daño que el miedo es aún mayor a la felicidad. Al día siguiente, salí a trabajar, y la gente te hacía con la cara gestos de que estaban contentos, pero nadie expresaba nada por el miedo que tenemos porque nadie sabe quién es agente del régimen y puede actuar en tu contra. Todo el mundo estuvo muy callado, también los suyos. Acá lloraron al muerto y aquí no ha pasado nada. Su propia gente, el chavista de base, de a pie, su militancia, que son un millón de personas, se dan cuenta de que ya pasó la página de Maduro. Todavía hoy, muy poco se habla de lo que pasó. Las calles y el país no terminan de arrancar, es como si aún fuera primeros de enero. La gente hace su vida a media máquina, se preguntan qué va a pasar, pero todo sigue igual. Ya no tenemos a Maduro, y eso es motivo de alegría y un rayito de luz al final del túnel que nos da esperanza. Pero los hospitales siguen sin funcionar; la economía sigue mal; la inflación, subiendo. Sigue esa lucha para buscar sobrevivir en el día a día.

—Como si se parara el tiempo.

—Así se siente. Fue algo que solo duró un par de horas, pero uno siente que ya lleva años con esto: los acuerdos que hizo la presidenta encargada con Trump, la liberación con cuentagotas de los presos políticos..., pero solo han pasado treinta días. Le digo a todo el mundo que llevamos 27 años esperando y que debemos ver cómo sigue el transcurso de los eventos un par de meses, un par de días, un par de horas... Hay mucho silencio que habla de que hay esperanza y miedo porque las fuerzas represivas siguen, aunque no como en otros tiempos en que salían a la calle a amenazar, insultar, amedrentar. Eso sigue y ahorita todo el mundo se cuida de eso, y más cuando están liberando presos políticos porque aquí hay una puerta giratoria: liberan a mil y agarran a mil. Es como históricamente se han comportado; esperemos que este vez no sea el caso. Ahorita, cuando la libertad pareciera estar cerca, uno no quisiera perderla y poder verla en primera plana.

—¿Cree que Trump facilitará la transición a la democracia o solo se ocupará del petróleo?

—Él anunció ambas cosas, que es lo que queremos, porque de qué sirve la mejora económica si no tenemos libertad.

—¿Le sorprendió que mantuviera en el poder a Delcy Rodríguez?

—Sí, me sorprendió porque esperábamos que ocurriera esa transición con los dirigentes opositores Edmundo González y María Corina Machado. Quiere mantener el control de las fuerzas represivas del Estado porque tenemos un ejército ideologizado, aunque hay militares que no están de acuerdo con lo que está pasando, pero se cuidan mucho.

—¿El mercado está abastecido?

—Los primeros días, hubo estanterías vacías, pero ahora ya está todo abastecido.

—¿En qué ha cambiado la situación desde la incursión de EE.UU.?

—Es netamente sentimental, ahora hay una esperanza que antes estaba perdida. Es un proceso muy lento, pero tengo la esperanza de que todo ocurra de la manera menos trágica posible, con el menor coste. Y en eso coincidimos todos: cuando se muere una persona en los hospitales por falta de material médico, no importa si es un opositor o un chavista, sino que se muere un venezolano. Es doloroso igualmente. Lo que queremos es que esto ocurra de la forma más pacífica posible, pero que ocurra. Venezuela necesita un cambio porque no la estamos pasando bien.

—¿Qué material médico falta?

—Todo. Cuando el paciente va a un hospital, tiene que comprar todo en farmacias privadas, salvo el instrumental. Guantes, gasas, batas, cubrebocas, sutura, alcohol...

—Por eso se implicó políticamente.

—Sí, aunque es muy difícil por el temor a que te apresen, las redes sociales están vigiladas y emitir una opinión está complicado, pero trato de no mantener el silencio.