Cataluña busca autobuses en toda España para paliar el caos de cercanías
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Transportes crea una división de mantenimiento preventivo ante la «complejidad» de la red catalana
05 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La Generalitat está buscando autobuses hasta debajo de las piedras. Ante la falta de trenes de cercanías, con el servicio funcionando a medio gas, retrasos generalizados, cancelaciones repentinas y tramos sin cobertura ferroviaria porque las vías no están en condiciones, moverse estos días por el entorno de Barcelona es algo solo apto para valientes. La única alternativa viable es el autobús, que puede entrar y salir de la ciudad a través de carriles de uso exclusivo, mientras el resto del tráfico rodado se resiente hasta el extremo, envuelto en colas kilométricas. Con este panorama, autocares venidos de Aragón, Valencia, Baleares (una decena llegó en ferri desde Palma de Mallorca el pasado fin de semana) e incluso Galicia —la lucense Monbús es unos de los principales operadores en la región—, se van sumando a los que ya circulan desde los primeros días de la suspensión del servicio, tras el descarrilamiento mortal de Gelida. En total, son unos 400, entre los que ha puesto en servicio la Generalitat y los incorporados por Renfe y el ADIF. A la dificultad de hallar más vehículos se añade la de encontrar conductores que los muevan, un problema endémico del sector del transporte por carretera.
Mientras tanto, una incidencia técnica dejó fuera de servicio la megafonía y los monitores de todas las estaciones de la red, para mayor desesperación de los usuarios. El caos en los andenes y las galopadas de usuarios en busca de un tren que les lleve a su destino son ya el pan nuestro de cada día. Ayer lo sufrió en sus propias carnes el cardenal arzobispo de Barcelona, Joan Josep Omella, pillado a la carrera en la estación de Sants: «Paciencia, no se puede pedir otra cosa estos días…». Paciencia es lo que ya no le queda a la mayoría. «Paso más tiempo en estaciones y trenes que en el trabajo, al final me van a echar», se quejaba Montse, una pasajera habitual de la R1, que la utiliza para ir a trabajar, desalentada por la situación que sufre cada día. Renfe estima que ha perdido en torno al 25 % de sus clientes, unos 400.000 diarios antes de la crisis.
Desde el Ministerio de Transportes, el secretario de Estado, José Antonio Santano, instalado en Barcelona a petición de la Generalitat, anunció este miércoles la creación de una división de mantenimiento «preventivo» en Rodalies, con equipos técnicos encargados en exclusiva de las principales líneas (R1, R2 y R4, las de mayor tráfico), así como de los túneles de Barcelona. La nueva división llevará a cabo las «tareas necesarias para adelantar posibles incidencias» ante la «complejidad» de la red catalana, dijo.
Colapso en el puerto barcelonés
El caos ferroviario está pasando factura también a las mercancías, cuyos trenes comparten vías con los cercanías. El puerto de Barcelona —el de mayor tráfico ferroviario de España— solo puede operar al 25 % de su capacidad habitual en las líneas que van hacia el sur. La circulación hacia el norte, el tráfico internacional, se espera restablecer este jueves, una vez acaben los trabajos de reparación de la enorme grieta detectada en el lecho del túnel de Rubí. Hasta que no se repare, miles de toneladas de acero (y de otros productos) esperan en Portbou (Gerona), junto a la frontera con Francia, afectando a empresas como Seat, Ineos y Celsa.