Cristina Dayz, experta en finanzas personales: «La regla de las 48 horas nos ayuda a gastar mejor y a ahorrar»
ACTUALIDAD
Recomienda invertir, pero antes aprender a gastar mejor, y para eso, esta experta en finanzas personales da tres trucos: esperar un tiempo antes de comprar, multiplicar los precios por 10 y hacer una lista con lo que realmente nos hace felices. «El mayor error de invertir es no hacerlo», señala
06 feb 2026 . Actualizado a las 13:30 h.Hablar de dinero sigue siendo un tema tabú, asegura Cristina Dayz (Barcelona, 1993), experta en finanzas personales. En Aprende a gastar, la autora propone un cambio de mirada tan sencillo como empezar a preguntarnos por qué gastamos como gastamos. Lejos de promesas de libertad financiera, que no se cree, pone el foco en la relación emocional con el dinero, con los hábitos cotidianos y en la búsqueda de la tranquilidad. Con un enfoque práctico y cercano, invita a revisar nuestras decisiones de consumo para vivir con menos ansiedad y más conciencia.
—¿Por qué gastamos como gastamos?
—Por muchos motivos. Por una parte, gastamos por inercia. Yo creo que es el motivo más grande. Es decir, gastamos como gastamos, porque nunca nos hemos preguntado cómo gastamos, y por tanto, hacemos lo que vemos que hace la gente normalmente o nuestros amigos o hacían nuestros padres. Al final, tenemos un montón de inputs, de estímulos externos, exacerbados, en mi opinión hoy en día por las redes sociales y la publicidad, que nos incitan a gastar. Hay mucha parte del gasto que no es racional, sino emocional. Gastamos porque estamos tristes, estresados, por una sensación de «me lo merezco»... Bajo el paraguas del autocuidado o ese tipo de cosas.
—¿Cuál dirías que es la emoción o estado que nos sale más caro: el miedo, la culpa, la comparación...?
—Yo creo que ese hecho, la comparación. Es algo que nos lleva a gastar, quizás más de lo que realmente gastaríamos, si no tuviéramos inputs a nuestro alrededor. Me estoy poniendo en términos extremos y casos hipotéticos, pero si yo no tuviera al lado a una persona que lleva esos zapatos, ¿realmente me los compraría? Si no tuviera a la influencer de turno con ese bolso, ¿me lo compraría? La comparación es algo que nos lleva a gastar seguramente más de lo que valoraríamos para nuestra vida feliz. Pero también gastamos por estrés. Y cuando hablo de este gasto, no me refiero a la comida para sobrevivir, al gasto básico, sino que estamos hablando de gasto en deseo y diversión. El estrés influye muchísimo. También la tristeza y el aburrimiento.
—Son emociones que nos llevan a gastar...
—Cuántas veces quedas con alguien y dices: «Vamos a dar una vuelta por el centro y vamos de tiendas». ¿Qué hay detrás de eso? ¿Por qué no te sientas a charlar y te tomas un té chai con una conversación? Cuando yo era pequeña, muchas veces mi madre me decía: «Nos vamos de compras», y luego lo piensas y dices: «¿Pero por qué?».
—Cuando uno compra y se arrepiente es una señal de....
—De que seguramente ha comprado algo que no necesitaba y que no le aporta. Para mí cuando alguien siente culpa es una clara demostración de que estaba comprando bajo alguna emoción. Fuera la impaciencia, la adrenalina del momento, la impulsividad, la pena, tristeza, rabia... y esa persona cree que haciendo esa compra podría suplir o superar esa emoción, y en el momento que compra se da cuenta de que no lo soluciona, y se siente culpable. Porque ahora tiene menos dinero y encima la emoción sigue.
—Insistes en el libro en aprender la diferencia entre lo que compras y lo que te venden.
—Correcto. Te pongo un ejemplo. Yo tenía los típicos leggings negros, de fondo de armario, bueno, pues se rompieron. Los tiré a la basura, salí de casa y fui a por otros. Me fui a una tienda, los compré y volví a casa. Eso es lo que tú compras, lo que tú decides de manera racional y con criterio. Necesito esto y, por tanto, activamente lo buscas, y vuelves. Lo que te venden es irte de compras o abrir tu aplicación y ver de manera constante a todos estos influencers, o la televisión, las cosas que te venden, y sentirte que si no lo compras, te falta algo. Ahí estás comprando lo que te venden, no lo que tú de verdad quieres comprar o has tomado una decisión, no porque lo necesitas, sino porque quizás lo quieres, y eso también está bien. Para mí, lo importante es tomar conciencia.
—¿También estaría bien?
—Tú puedes hacer un gasto, pero aquí no hay juicio. Un gasto que otra persona consideraría absurdo, pero que para ti tiene todo el sentido del mundo. Lo importante es que haya habido un proceso de toma de conciencia. Que sea un gasto consciente, deliberado y racional.
—¿Qué pequeño gasto cotidiano suele pasar desapercibido y tiene un impacto enorme para nuestra tranquilidad financiera?
—El gasto inconsciente, el que haces poco a poco. Yo siempre hablo de tres macrogastos, lo llamo el Triángulo de las Bermudas, que son: vivienda, transporte y comida. Si logras recortar en algo de esto, marca una gran diferencia. Pero también hay pequeños gastos que la marcan, que son los que haces sin darte cuenta. Por ejemplo, me apetece una barrita, me la compro, son 2 euros. Al ser gastos tan pequeños no tomamos conciencia y a lo largo de los meses van teniendo un impacto. Yo propongo un ejercicio: multiplicar ese gasto por diez. Dos no es nada, ¿pero qué sería diez veces ese gasto que de manera individual no me parece nada? Ostras, que son 20. ¿20 euros me parece un gasto inofensivo? Quizás no. Esto ayuda a tomar conciencia.
—¿Algún truco más para gastar mejor?
—La regla de las 48 horas. Ves algo en una tienda o en tu móvil, lo dejas en el carrito y te obligas a no comprarlo. Tienes prohibido comprar algo en el momento en que lo ves. Lo dejas mínimo 48 horas. Pasado ese tiempo, con la mayoría de personas que he hecho este ejercicio se han olvidado de ese artículo. Otras no se han olvidado. Han pasado por un proceso de «vale, quizás esto no lo quiero», o sea, me doy cuenta. La emoción sin tiempo es irracional. Mientras que más tiempo de reflexión te puede llevar a esa toma de conciencia y a una mejor decisión. Bien decido que realmente no era tan importante ni lo quería tanto como pensaba, o bien que sí, que es algo que quiero comprar y lo compro. En los dos casos, la toma de conciencia nos lleva a una mejor decisión. Este truco no es para no comprar nada, no es para vivir de manera miserable y no gastar, ni ser tacaño, sino para gastar mejor.
—Y a ahorrar.
—Al mismo tiempo, haciendo este ejercicio, es muy probable que muchas cosas que tú creías que te tenías que comprar sí o sí, al final resulta que no. Por ende, vas a ahorrar. Otro truquillo que puede ayudar es preguntarnos qué valoramos realmente en la vida, qué nos hace felices, porque quizás hay muchas cosas que estemos haciendo que no estén alineadas con esa vida. Y combinada esta lista con la regla de las 48 horas, cuando te das ese tiempo, si miras tu lista y no está ahí, también te ayudará a tomar la decisión.
—En este mundo que nos empuja a consumir sin parar, ¿cómo se aprende a gastar con conciencia sin sentirse fuera del sistema?
—Si tú tienes una pareja monógama, te vas de fiesta, y ves a un tío que está buenísimo, que te atrae. Y tienes la opción, si quieres, de liarte con él, pero tienes una pareja. Y ahí la renuncia, el decir que no, se ve como algo virtuoso, bueno. La gente, la sociedad, lo ve como una virtud, has sido fiel... La renuncia es positiva. Pero en el dinero, la renuncia se ve como algo negativo. Es algo malo, algo que te priva, que no puedes. Yo propongo darle la vuelta a esto. Renunciar no tiene por qué ser malo, puede ser muy bueno. Decir que no es tener muy claro que sí. Y me parece de un nivel de conciencia, de claridad y de tranquilidad muchísimo mayor. Si te lo tomas de esta manera, como que importa menos.
—¿Cómo definirías la tranquilidad financiera en términos reales y alcanzables para la mayoría de las personas?
—El primer paso para la tranquilidad financiera es abrir la cuenta del banco y no sentir ansiedad, sino tranquilidad. A partir de ahí, la defino como un sistema de finanzas personales que te da paz en vez de ansiedad. Hay varios pasos: primero, gestionas y optimizas la gestión de tu dinero, entrada y salida. En el siguiente, consigues ahorrar y crear un fondo de emergencia, con el que ya tienes una red de seguridad, por si pasa algo. Ante un imprevisto, sabes que lo puedes cubrir. Y por último, quizás te planteas un ahorro más concreto, como una entrada a una casa, o lo que sea, o empezar a invertir y hacer que tu dinero crezca.
—¿Antes de invertir o de ahorrar hay que saber gastar con conciencia?
—Sí, porque si no, podrías ganar 1.000, 2.000 o 10.000 euros y llegar a fin de mes con cero.
—No te gusta mucho eso de libertad financiera como promesa universal. ¿Qué te preocupa de ese discurso que se ha vuelto tan popular en redes?
—Que es muy poco alcanzable realmente. El número de personas que pueden llegar ahí es muy reducido, mientras que se vende como algo medianamente sencillo y rápido. Y no es así. Coger el 0,1 % como ejemplo a seguir y como modelo no sirve de nada, porque al final el 0,1 % es ese 0,1 % por un motivo. No todo el mundo puede ser ese 0,1 %. Pero ya no solo eso, sino porque libertad financiera al final es vivir sin trabajar. La mayoría de las personas que conozco, y son unas cuantas, que podrían vivir sin trabajar, trabajan. Quizás tu energía tendría que estar en cambiar tu vida para que la libertad financiera no sea el objetivo vital más grande, sino vivir una vida más acorde a lo que realmente quieres vivir.
—¿Qué es la frugalidad?
—Una manera de vivir o de pensar, de una corriente que le da mucha importancia a las cosas que realmente te aportan mucho valor, para decir no de manera radical a todo lo demás. Significa ser comedido, mesurado, saber escoger, saber lo que quieres tener en tu vida para decir que no al resto. A mí, por ejemplo, me da igual si mi outfit de gym no conjunta. No me aporta valor. Una amiga hace siete años me pasó tres leggings y tres tops, porque no le gustaban, y yo en el 2026 los sigo usando y los usaré hasta que estén muertos. No es por ser tacaño ni rácana, es por ser fiel a tus valores.
—¿Qué errores comete la gente cuando empieza a invertir?
—Irse a su carcabanco de turno con su «gestor de confianza». Es pensar que los carcabancos, los bancos de toda la vida, van a ayudarnos y velar por nuestros intereses. Eso no es así. Lo primero que hay que hacer antes de invertir es tener una base mínima, entender cuatro conceptos muy básicos. Y segundo, entender cómo funciona el mercado, la economía, el capitalismo, subidas, bajadas... Y entender que hay productos que son muy simples, y que al adherirnos a ellos simplemente estamos haciendo que nuestro patrimonio crezca combatiendo la inflación. El mayor error de invertir es no hacerlo. Porque tu dinero va a perder valor por la inflación. Cada 20-25 años, el dinero guardado en el banco, debajo del colchón, en la caja fuerte, vale la mitad.