El candidato ultra encarna un nuevo modelo ideológico populista y autoritario
08 feb 2026 . Actualizado a las 16:27 h.El 18 de enero, tras conocer que pasaría a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y autoproclamándose «líder de la derecha portuguesa», André Ventura interrumpió su triunfalista discurso para interpelar a los corresponsales extranjeros: «Ya basta eso de decir que el fascismo llegó a Portugal».
Aunque los candidatos son independientes, Ventura es el más asociado a un partido político, Chega, la fuerza de ultraderecha que fundó en el 2019 y que ya lidera la oposición tras un ascenso meteórico desde su primer diputado (el propio Ventura) el mismo año. Desde entonces, líder y partido son sinónimos, definidos en su manifiesto con los adjetivos «nacional, conservador, liberal y personalista».
Su actitud de crítica destructiva sigue intacta, pero algunos de sus mensajes han ido cambiando: «Proponía privatizar servicios sociales básicos, pero enseguida entendió que eso no daba votos; ese ultraliberalismo no es popular en Portugal y, menos, entre los electores de Chega», explica el politólogo e investigador del Instituto Universitario de Lisboa (ISCTE) João Carvalho, argumentando que el partido se ha hecho fuerte en los barrios más desfavorecidos. «Dieron un giro de 180 grados y ahora apuestan por dar todo a todos, menos a los inmigrantes y a los gitanos».
Xenofobia hacia los gitanos
Carvalho, autor del ensayo Chega, la nueva ultraderecha portuguesa, define el partido como «una iniciativa personal de Ventura […], que asumió la mentalidad de un partido populista de extrema derecha adoptando una combinación de populismo, nativismo y autoritarismo.
A nivel nacional, Chega se distingue de otros partidos de ultraderecha europeos por la intensa xenofobia hacia la comunidad gitana, asociándola con la delincuencia y la dependencia de la asistencia social». Ahora, este odio se ha extendido al colectivo de inmigrantes. Aunque Chega ya se posiciona como un partido de poder, Ventura alcanzó la segunda vuelta explotando el rencor imperante contra los partidos tradicionales, a los que tacha de corruptos. «Recurre al antipartidismo que había en Portugal durante la dictadura de Salazar», apunta Carvalho.
Una afinidad que el propio André Ventura no esconde: «Dije que hacían falta tres Salazares en Portugal, y no me equivoqué», proclamó este enero. Pero su tendencia autoritaria no visa tanto erradicar la democracia como explotar el culto al líder, la ley y el orden. «Cree que los problemas sociales se resuelven con mayores castigos, como penas más severas de cárcel, la castración química, etc.», explica Carvalho.
Igual de rígida es su visión tradicional de la familia y de derechos como la eutanasia y el aborto. Puntos que encajan en el ferviente catolicismo de Ventura y su mano derecha, Rita Matias, aunque el partido no lo explote abiertamente.
En política internacional, Chega y Ventura toman posiciones atlantistas en favor de Ucrania, Israel y el EE.UU. de Donald Trump. Como el americano, exhiben un discurso revanchista contra la izquierda, un antisocialismo que había perdido fuelle desde que los conservadores gobiernan Portugal, pero resurgió en esta campaña contra su rival, António José Seguro.
Más allá de la ideología, Ventura ha roto una barrera en la política portuguesa: «El racismo siempre existió, pero nunca se había explotado. Lo empezó a hacer cuando el programa neoliberal de la derecha fracasó, con una orientación más conservadora», opina Carvalho.
«Pero su mayor mentira es que Portugal está peor ahora que antes de la Revolución, cuando los niveles de desarrollo son incomparables. Se beneficia de que las perspectivas de vida son cada vez más difíciles, y eso hace calar el mensaje entre una generación que culpa a la izquierda, que gobernó los últimos años. Ventura alimenta la nostalgia de un pasado desconocido u olvidado».
Sin fuertes lazos familiares, Ventura se dedica incondicionalmente a su propósito. «Su principio es que no hay mala publicidad y domina el espacio mediático. Los medios, y no las redes sociales, le dan credibilidad y le permiten llegar al millón de votos. Si no hay noticias, se las inventa», explica el sociólogo. El líder de Chega exprime el resentimiento de los más desfavorecidos y sabe qué decirles para generar alboroto. Sustituye la verdad y la lógica por pertenencia y protección.