Así serán las máquinas expendedoras saludables que impondrá el Gobierno: «La fruta no se consume y mantenerla fresca cuesta muchísimo»
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El ministerio de Bustinduy dice que la norma no afectará a dispensadoras de centros privados. El plan levanta ampollas en el sector, que ve incoherente que en las cafeterías de hospitales y residencias sí pueda venderse bollería y en su canal no
08 feb 2026 . Actualizado a las 17:33 h.Pocas imágenes reflejan mejor la contradicción de las políticas de salud que la de una máquina expendedora. Mientras desde los despachos se promueven hábitos saludables, la oferta de los vending suele estar copada por productos ultraprocesados, una incoherencia —especialmente sangrante cuando se ubican en hospitales o centros públicos frecuentados por menores— que el Gobierno pretende corregir con una nueva normativa que transformará de raíz estos dispensadores limitando de forma drástica la presencia de alimentos insanos. A través del Ministerio de Consumo, el Ejecutivo ha impulsado un Real Decreto que obligará a que al menos el 80 % de los productos disponibles en las máquinas de centros médicos, sociosanitarios y otros edificios públicos —en las de espacios privados no— sean saludables. ¿Qué considera como tal? Un máximo de 200 kilocalorías por porción, menos del 35 % de grasas totales, ausencia de grasas trans industriales y un contenido de azúcares añadidos inferior al 10 %, lo que equivale a aproximadamente cinco gramos por ración. Estos límites afectan tanto a alimentos sólidos como a bebidas, y el café no podrá llevar azúcar añadido por defecto; la posibilidad de incorporarlo quedará estrictamente limitada aun máximo de cinco gramos.
El cambio también alcanza al diseño y disposición de los productos. Los alimentos saludables deberán ocupar los espacios más visibles y accesibles de las dispensadoras, mientras que aquellos que no cumplan los criterios nutricionales fijados quedarán relegados a posiciones secundarias. Agua, frutas y verduras frescas, leche, panes integrales, yogures sin azúcares añadidos, frutos secos no fritos y con bajo contenido en sal, bocadillos con vegetales y proteínas magras o sopas frías de base vegetal pasarán de ser opciones marginales a constituir la oferta predominante. La bollería, las chocolatinas o los refrescos no podrán estar a la altura de los ojos de los consumidores.

Desde el punto de vista nutricional, la medida parece incuestionable. Enma Enríquez, dietista, celebra la iniciativa y aunque cree que no se traducirá en un cambio de hábitos inmediato, está convencida de que a la larga sí se advertirá un impacto. Subraya, eso sí, la importancia de buscar alternativas atractivas dentro de lo saludable. La nutricionista Fátima Branco sabe, por su parte, que no será solo una transformación estética. Realizó su prácticum en una residencia de personas sin hogar en A Coruña, cambiando precisamente la oferta de las expendedoras del centro. La incorporación de fruta y yogures mejoró la salud de sus usuarios, que además bajaron considerablemente de peso.
El plan del Gobierno no está sin embargo exento de controversia. «Las empresas han realizado pruebas y los resultados indican que la fruta no se consume y mantenerla fresca implica además controles casi diarios, cuesta muchísimo, no salen las cuentas —señala Yolanda Carabante, directora general de la Asociación Nacional Española de Distribuidores Automáticos (Aneda)—. Son productos perecederos, hay que comprobar su temperatura, su estado y las fechas de consumo preferente; necesitan una alta rotación. Esto implica más desplazamientos, personal y costes, algo especialmente relevante en zonas rurales o con centros dispersos, como ocurre en buena parte de Galicia».
Para la patronal, la imposición de un porcentaje tan elevado de productos saludables, junto con la obligación de ubicarlos en las filas de mayor visibilidad es «un despropósito». «En una máquina, el grupo de frío está en la zona inferior por seguridad y estabilidad. Está refrigerada y mantiene la temperatura adecuada», explica. Añade que la norma supondrá inversiones obligatorias en vending que actualmente no pueden cumplir ciertos requisitos técnicos, como la dosificación de azúcar. Una parte importante del parque actual deberá ser sustituido, «algo difícilmente asumible» para las pequeñas empresas.
Bollería en la cafetería sí, en el «vending» no: «Incoherente»
El sector reclama una norma «proporcionada, operativa y coherente». Desde el gigante gallego del vending Delikia consideran que se está «castigando» al usuario limitando su capacidad de decidir en este canal lo que sí se le permite comprar en otros, como una cafetería o un supermercado. Ponen sobre la mesa, además, un inconveniente de peso: la falta de surtido por parte de la industria alimentaria.
«Muchas marcas líderes aún no han adaptado sus productos a requisitos tan estrictos En la práctica, el éxito de la normativa dependerá totalmente de la aceptación del consumidor. El reto no será solo logístico, habrá que atender a si el cliente demanda esta nueva oferta o si simplemente dejará de consumir en las máquinas al no encontrar lo que busca», añaden. Anotan, también ellos, el corto período de vencimiento de los productos frescos, lo que lleva aparejado una logística de reposición más intensa, y hacen mención al coste de adquisición en origen, mucho más elevado.
Tal y como está planteado el proyecto, los objetivos de salud pública chocan con los compromisos medioambientales, advierte por su parte la asociación de distribuidores, porque se generarán más envases y más desperdicios, y supondrá más transporte por las revisiones que exige.