Primer revés a la apuesta de Sánchez por sus ministros en sus lugares de origen
09 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Como un destructivo tren de borrascas, Génova ha diseñado un torrente de elecciones autonómicas en cascada para ir erosionando al Gobierno de coalición y que este se vaya debilitando de derrota en derrota hasta el final de la legislatura. Este carrusel de descalabros socialistas, que inauguró el candidato imputado Miguel Ángel Gallardo el pasado 21 de diciembre en los comicios extremeños, donde tocó suelo electoral en un feudo histórico, y al que ayer se subió la exministra Pilar Alegría, liderando un fracaso anunciado en las urnas aragonesas como pronosticaban todos los sondeos, continuará girando el próximo 15 de marzo, en las autonómicas de Castilla y León, en las que se prevé que el cabeza de lista del PSOE, Carlos Martínez, pierda al menos tres escaños; y seguirá rodando justo antes del verano, en las elecciones andaluzas, con la vicepresidenta primera, María Jesús Montero, a quien las últimas encuestas le auguran un desplome sin precedentes. Un rosario que tendrá como última cruz las municipales que se celebran el próximo año.
Candidatos ungidos por Ferraz
Si la candidatura de Gallardo fue un suicidio político, la de Alegría podría calificarse de sacrificio. Dos figuras políticas incomparables, con relevancia y experiencias muy dispares, pero un destino común que contó con el beneplácito de Pedro Sánchez. El ya exdiputado autonómico, que renunció a su acta y aforamiento el pasado enero tras perder diez escaños y dejar al PSOE extremeño en manos de una gestora, se sentará en el banquillo de los acusados del 28 de mayo al 4 de junio por la presunta contratación irregular en la Diputación de Badajoz del hermano del presidente del Gobierno, David Sánchez, también investigado por delitos de tráfico de influencias y prevaricación administrativa.
La incompresible designación de un procesado para liderar las listas en un territorio donde los socialistas gobernaron 36 de los últimos 42 años se justificó aludiendo a la falta de tiempo para buscar otro candidato. Sin embargo, la decisión de poner a Alegría al frente del previsible varapalo al PSOE aragonés fue meditada, ungida y firmada por el secretario general.
Tras renunciar como ministra portavoz y titular de Educación el pasado diciembre, la zaragozana regresó a casa para afrontar una campaña electoral de 50 días en la que defender «los derechos frente a las derechas», pero profundamente lastrada por la polarización nacional; el nuevo modelo de financiación autonómica pactado con ERC, que otorga 4.700 millones más a Cataluña frente a los 630 asignados a Aragón; y sus propios errores. El principal, compartir mesa y mantel con Paco Salazar después de que este fuera denunciado por presunto acoso sexual, la ha perseguido hasta el último momento. Si el pasado jueves el exdirigente socialista compareció ante la comisión de investigación del Senado y negó que Alegría le hubiera recriminado su comportamiento, como ella había manifestado, y el popular Jorge Azcón la acusó de mentir, este viernes la candidata tuvo que desmentir que Salazar fuera uno de sus estrategas de campaña, como había publicado el diario Abc. Su equipo confirmó a La Voz que no contempla la posibilidad de regresar a la Moncloa, así que está por ver si la zaragozana liderará la oposición en las Cortes de Aragón.