El PSOE evita la autocrítica tras su fiasco en Aragón mientras Feijoo tantea a Vox para gobernar
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Los de Abascal exigen entrar en el gobierno autonómico y Alegría será líder de la oposición
10 feb 2026 . Actualizado a las 16:29 h.Los primeros ecos de las elecciones de Aragón llegaron ayer a los despachos de Madrid para causar más de una turbulencia. El batacazo de PP y PSOE hizo saltar las alarmas de Génova y Ferraz. Los resultados, tanto como los de Extremadura a finales del año pasado, no están gustando al bipartidismo. Las estrategias planteadas no dan resultados. Las izquierdas, huérfanas de soluciones, también andan preocupadas. Porque ninguna de las tres partes sabe cómo frenar la pujanza del partido que les desbarata y que se llevó el gato al agua: Vox.
En Ferraz, sigue faltó autocrítica por haber cosechado 18 diputados, repitiendo su peor resultado histórico en Aragón. Cierre de filas en torno a Pilar Alegría y culpas al PP por adelantar elecciones. La portavoz del partido, Montse Mínguez, denunció tras la ejecutiva federal del partido que el líder del PP, Alberto Núñez Feijoo, use su fuerza autonómica como «decorado de su estrategia» para llegar a la presidencia del Gobierno, lo que considera «su obsesión». Porque en el camino, se convierte en el «pagafantas» de Vox. Pero en Ferraz no se plantean cambiar ni el tono ni la campaña pese a que las campañas autonómicas desde el 2023 le han ido cavando tumbas, salvo en el caso de Cataluña, al que se aferran para continuar con la senda de enviar ministros a disputar campañas territoriales. Si le funcionó a Illa, puede funcionarle a otros. Pero otros sectores del partido andan descontentos. Quieren victorias, no tan solo contentarse con que PP y Vox se anulen entre sí por falta de acuerdos. Porque lo que pierde, de fondo, es la fórmula de Sánchez para combatir a la ultraderecha. Fórmula que tratará de ejecutar Pilar Alegría, que ayer confirmo que asumirá su rol como líder de la oposición aragonesa.
En Génova, el debate gira en torno a otra cuestión. Desde que Feijoo dirige el partido, tiene una fijación territorial y nacional: se tiene que gobernar con mayorías. El domingo se alejó aún más de esa posibilidad en Aragón. Su plan de presentar victorias electorales a lo largo del año —quedan Castilla y León y Andalucía— se puede convertir, más que en el escaparate de derrotas de Sánchez, que es lo que busca, en el de las victorias de Vox doblando resultados. El PP vuelve a depender de los de Abascal, y a este se refirió Feijoo para poner las condiciones duras: «Vox no puede convertirse en un muro porque los españoles no han votado eso. Y porque yo no soy Sánchez. Aquí se convence, no se impone. Aquí se respeta al más votado, no se hace lo que diga la minoría o nada». Porque de lo contrario, cree el líder de los populares, los votantes pueden «castigar» al partido ultra. Pero también recogió la victoria de Jorge Azcón para volver a evidenciar la debacle socialista y tratar de desgastar al Gobierno. «Los aragoneses le han dicho a Pedro Sánchez que ya basta. Le han dicho a Sánchez que lo que él resiste, el pueblo ya no lo aguanta. Se lo han dicho desde hace mucho tiempo, elección tras elección».
Poder y resistencia
En Vox siguen de celebración, pero no han tardado en entender su poder actual en el mapa territorial. Santiago Abascal sabe que doblar escaños significa que ahora tiene fuerza para negociar con el PP e incluso pedir puestos de Gobierno, más allá de lo que se acuerde en cuento a los Presupuestos que desataron el adelanto electoral en Aragón. Así lo indicó el portavoz José Antonio Fúster: «Queremos una responsabilidades muy claras con presupuestos muy claros para aplicar las políticas que queremos aplicar». Esas políticas son además el precio que exigirán a Jorge Azcón para dejarle gobernar: nada de Pacto Verde europeo, medidas antiinmigración «ilegal y desordenada», «cero adoctrinamiento en las aulas» con la ideología de género y rebajas fiscales. Algo que, según indicó, el electo dirigente popular «sabe de sobra». Aunque Feijoo ya adelantó que no dará el visto bueno a «ninguna reclamación que vulnere la Constitución», sin especificar a cuáles se refiere.
Las formaciones a la izquierda del PSOE estuvieron en las antípodas en cuanto a satisfacción. Yolanda Díaz, fundadora de Sumar, no tardó en apuntar tras la desaparición de Podemos y el Partido Aragonés que «ante unos tiempos de excepcionalidad democrática, mi apuesta es clara y ya bastante reiterada: una alianza democrática, con un programa de mínimos y, con esa alianza democrática, hacer algo que necesitamos, que es movilizar a las gentes demócratas en nuestro país». Pero para ello se necesita «audacia, mirada larga y muchísima generosidad» por parte de todo el espacio progresista. Algo que, de momento, no se plantean los partidos de este espacio.