El cóctel químico del semen: identificados 42 compuestos tóxicos de uso diario que afectan a la fertilidad

Raúl Romar García
R. Romar LA VOZ

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Un estudio pionero del CSIC revela mediante espectrometría de alta resolución el mapa de sustancias con potencial de alterar la calidad y cantidad del esperma

11 feb 2026 . Actualizado a las 17:54 h.

Un equipo del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC), junto al INRAE francés y la Universitat Rovira i Virgili, ha identificado 42 compuestos químicos de uso cotidiano en muestras de semen humano. El hallazgo, publicado en la revista Exposome, ofrece una fotografía inédita de cómo el llamado exposoma químico —el conjunto de sustancias a las que estamos expuestos a lo largo de la vida— puede relacionarse con la salud reproductiva masculina.

La clave de este hallazgo reside en el uso de la espectrometría de masas de alta resolución. A diferencia de los estudios tradicionales que buscan familias específicas de contaminantes, esta metodología permite rastrear más de 2.000 compuestos de forma simultánea con una precisión de 0,001 unidades de masa atómica. Gracias a este escaneo total en muestras de semen, sangre y orina de 48 voluntarios sanos de entre 18 y 40 años, el equipo ha identificado mezclas complejas que incluyen desde edulcorantes artificiales (acesulfamo) e insecticidas (nitenpiram) hasta retardantes de llama utilizados en electrónica y sustancias perfluoradas (PFAS) presentes en sartenes y envases.

En las últimas cuatro décadas, la concentración de espermatozoides en los hombres de países occidentales ha caído más de un 50 %. Actualmente, la infertilidad afecta al 15 % de la población mundial, y en casi la mitad de los casos, el origen es masculino. En este problema,  los factores vinculados con las exposiciones ambientales y derivadas del estilo de vida se postulan como variables clave para la salud reproductiva. Este estudio, por lo tanto, aporta la pieza del puzle que faltaba: cómo el entorno químico moderno agrede al aparato reproductor.

«Aunque nuestro estudio no permite establecer relaciones causales entre la presencia de múltiples sustancias químicas y la espermatogénesis, sí evidencia asociaciones entre la exposición a estos compuestos y la calidad seminal», explica Montse Marquès, investigadora del IDAEA-CSIC y autora principal del estudio.

Los resultados confirman que la presencia de estas sustancias no es inocua. El análisis mostró que algunos de los compuestos tóxicos detectados alteraban de forma negativa distintos parámetros de la calidad del semen. Por ejemplo, el acesulfamo (un edulcorante artificial ampliamente utilizado), el bisfenol-S (compuesto utilizado en plásticos y resinas), el insecticida nitenpiram o determinados surfactantes de uso industrial y farmacéutico, se asociaron negativamente con el número total de espermatozoides, su forma y concentración. El retardante de llama fosfato de trietilo (utilizado como sustancia ignífuga en materiales de construcción, vehículos o electrónica) se relacionó con un menor volumen espermático, mientras que otro aditivo empleado en la fabricación de neumáticos se vinculó con una reducción en la movilidad y la vitalidad.

Para evaluar problemas como este la ciencia se basaba históricamente en la genética. Sin embargo, hoy sabemos que el exposoma (el conjunto de exposiciones ambientales a las que estamos sometidos desde que nacemos) es responsable de la mayoría de las enfermedades crónicas. Este estudio es revolucionario porque demuestra que el plasma seminal es un archivo biológico más preciso que la sangre o la orina para entender qué tóxicos afectan específicamente a la reproducción. «Hemos comprobado que el plasma seminal es una matriz de gran interés para estudiar el exposoma químico en relación con la calidad del semen, ya que permite identificar mezclas de contaminantes que pueden pasar desapercibidas en sangre u orina, pero que están estrechamente vinculadas a la función reproductiva», declara German Cano-Sancho, investigador de la Unidad Laberca del INRAE y primer autor del estudio.

Muchos de los compuestos hallados, como los PFAS, se conocen como químicos eternos porque no se degradan en el medio ambiente ni en el cuerpo. El hecho de que se hayan encontrado en hombres sanos de entre 18 y 40 años residentes en Tarragona indica que la exposición no es accidental ni profesional, sino sistémica: proviene de nuestra dieta, del aire que respiramos y de los objetos que tocamos a diario.

Este trabajo abre la puerta a que las autoridades sanitarias revisen la seguridad de ciertos aditivos (como edulcorantes o plastificantes) que, aunque se consideran seguros en dosis individuales, pueden tener un efecto devastador cuando se combinan en el cuerpo humano, un fenómeno conocido como el efecto cóctel.