El mal ejemplo de Rosalía fumando en un pódcast: «Se le resta importancia a los efectos del tabaco»
ACTUALIDAD
La organización Nofumadores.org denuncia a la cantante y al espacio sonoro de Soy una pringada. Los expertos lamentan que no hubiese aprovechado la ocasión para disuadir del hábito en lugar de mostrarse con el cigarro en la mano
12 feb 2026 . Actualizado a las 09:31 h.Ni corta ni perezosa, Rosalía interrumpió la entrevista y se encendió un cigarro. No contenta, invitó además a su interlocutora a compartirlo con ella. Sucedió hace unos días, durante la grabación del pódcast Special People Club de Esty Quesada, más conocida como Soy una pringada, un irreverente programa en el que la artista —con más de 27 millones de seguidores en Instagram— y la youtuber —con 436.000 discípulos— hablaron largo y tendido de, entre otras cosas, chakras, brujería y alienígenas. El discurso fue lo de menos, eclipsado por un gesto —el de mostrase fumando y hacerlo en un espacio cerrado considerado centro de trabajo— que le ha costado a la cantante catalana y al espacio distribuido en la plataforma Podimo una denuncia por parte de Nofumadores.org.
La asociación ha registrado una demanda en el Ministerio de Sanidad al considerar que este hecho supone una triple vulneración de la normativa vigente: en primer lugar, por fumar en un espacio laboral interior; en segundo, por el incumplimiento del artículo 9 de la ley antitabaco, que prohíbe expresamente que en los medios de comunicación y servicios de la sociedad de la información los presentadores, colaboradores o invitados aparezcan fumando o muestren, directa o indirectamente, marcas de productos del tabaco; y en tercero, por exhibir productos de tabaco en un contenido audiovisual difundido en redes sociales, lo que está regulado en el artículo 17 de la Ley General de Comunicación Audiovisual.
No es la primera vez que Rosalía se muestra públicamente pitillo en mano. Una de las más sonadas fue durante una retransmisión en directo, al volante camino de la madrileña plaza de Callao para presentar su último disco. La jugada le costó la censura de TikTok, que suspendió la emisión y bloqueó temporalmente su cuenta por «infringir las normas de la comunidad». En agosto del 2024, se presentó en el cumpleaños de su amiga Charli XCX, sabiéndose perfectamente objetivo permanente de los paparazis, con un enorme ramo de cigarrillos como particular regalo para la anfitriona. Un mes más tarde, celebró sus 32 en un local de París que decoró con fuentes de pitillos, barra libre para sus invitados.
En este caso, tras la difusión inicial del vídeo y la reacción generada en redes sociales, el contenido fue retirado temporalmente y vuelto a publicar con el cigarrillo pixelado. Para Nofumadores, esto no elimina la infracción ni el daño causado, ya que el acto de fumar se sigue verbalizando explícitamente y el humo continúa siendo visible durante la escena. «El consumo sigue siendo reconocible, se normaliza y se legitima. El efecto final es el mismo: una promoción implícita del tabaco en un formato dirigido a audiencias jóvenes, protagonizado por una figura con millones de seguidores en todo el mundo», explican desde la entidad.
Ver fumar a famosos e ídolos —más a aquellos con un poder de influencia como el que actualmente tiene Rosalía— legitima el hábito. «Se sabe que hay dos factores que tienen un enorme impacto en el consumo, el precio y la publicidad, que ahora con las redes sociales es muy difícil de controlar —comenta Antoni Baena, psicólogo experto en tabaquismo—. No hay horarios y es donde están los chavales. Por parte de las marcas, esta presencia es intencionada, nunca es gratuita». Aunque no como antes, sigue existiendo una asociación cultural entre fumar y conceptos como sofisticación, rebelión o madurez, y el pitillo continúa banalizándose.
«El tabaco es una droga muy peculiar, no altera la percepción, no lleva a cometer actos extraños, y por eso muchas veces se le resta importancia a sus efectos», razona el experto, que cree que Rosalía ha perdido una gran oportunidad para enviar el mensaje contrario. «La repercusión que hubiese tenido censurando el tabaco hubiera sido tremenda», lamenta Baena.