Y tras la ofensiva, el temor a una guerra civil o un Estado fallido

Ricard G. Samaranch

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Misiles iranís en Teherán.
Misiles iranís en Teherán. Majid Asgaripour | REUTERS

Sin una derrota clara, el régimen puede recurrir a una dura represión y la oposición atreverse a un levantamiento armado

09 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Habida cuenta la actitud desafiante del régimen iraní desde el inicio de la guerra, el objetivo del presidente Donald Trump de replicar el modelo de Venezuela se antoja muy difícil. Por eso, Washington puede tener la tentación de pasar al plan b: presionar al régimen iraní incitando una rebelión armada. De hecho, en los últimos días, varias informaciones apuntan a que la CIA, probablemente con la ayuda del Mossad, está planificando armar a las milicias kurdas iraníes basadas en Irak para que tiren una ofensiva terrestre contra Irán.

Como sucede con otros países de la región, Irán es un país muy diverso a nivel étnico y cultural. Si bien existe una identidad chií y persa mayoritaria, la población que la profesa no supera el 60 %. Entre las minorías que habitan la periferia del país, existe una percepción bastante amplia de marginación, tanto desde el punto de vista cultural como económico, puesto que estas son las provincias más pobres. De las diversas minorías, las más hostiles al régimen son la kurda —un 10 % de la población—, y la baluchi —en torno al 3 %—. Ambas cuentan con grupos armados que luchan por la soberanía de sus respectivas naciones, pero no han sido lo suficientemente potentes como para hacerse con el control de ningún territorio.

Una colaboración entre EE.UU. y estas organizaciones presenta a la vez oportunidades y riesgos. Por un lado, la suma de sus esfuerzos aumentará sus capacidades operativas y militares, pero a la vez otorgará al régimen una poderosa arma propagandística: alertar ante la fragmentación de Irán. En un país tan nacionalista y orgulloso de su historia, el riesgo de secesión puede hacer bascular a sectores de la población más bien neutrales políticamente o incluso contrarios al régimen hacia el apoyo, al menos de forma temporal.

Niguna señal por ahora

Normalmente, un requisito previo al estallido de una guerra civil es que el Ejército se parta en dos. Ahora bien, hasta el momento, no hay ninguna señal de que esto ocurra en Irán. La república islámica posee un conglomerado de fuerzas de seguridad, y algunas de ellas están fuertemente ideologizadas, como los Guardianes de la Revolución, y el cuerpo de voluntarios paramilitares de los basijis. Por tanto, el escenario de deserciones masivas parece inverosímil.

La única opción para que estalle una guerra civil durante las próximas semanas pasa por que algunas de estas milicias kurdas o baluchíes sean capaces de conquistar y controlar una franja significativa de territorio. Este escenario pasa por un apoyo muy sólido y continuado de EE.UU. que debería incluir el establecimiento de una zona de exclusión aérea.

En la región, ya existe un precedente, precisamente en el Kurdistán iraquí. Así fue como se creó a raíz el actual Gobierno autónomo del Kurdistán a raíz de la guerra del Golfo de 1991. Según fuentes kurdas, las milicias kurdo-iraníes estarían valorando la oferta de Washington.

A más largo plazo, no puede descartarse que Irán caiga en una guerra civil de mayor alcance si el régimen sigue enrocándose y se niega a abrir cualquier vía de reforma. Una vez que la actual guerra haya terminado, la ecuación política iraní volverá a los mismos parámetros, quizás aún reforzados por la devastación del país: una mayoría de la población quiere más libertad y está harta de vivir en una crisis económica crónica.

Como ocurrió en Siria, si la única respuesta a las demandas de cambio es siempre una represión sangrienta, tarde o temprano, incluso en el corazón de la nación persa al menos un segmento de la oposición podría optar por la vía armada. Entonces sí, la guerra civil o la conversión de Irán en un Estado fallido podría ser inevitable.